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miércoles, 29 de mayo de 2013

El gran Gatsby, según Baz Luhrmann



El joven Nick Carraway llega desde el Medio Oeste a la bulliciosa Nueva York de los felices años veinte. Allí se encuentra con su prima, Daisy Buchanan, y conoce a su misterioso vecino, Jay Gatsby, famoso por las multitudinarias fiestas que celebra en su mansión de Long Island y por las historias que se cuentan sobre su pasado. Inesperadamente, la fascinación que Nick siente por Gatsby dará paso a una profunda amistad, mientras que el enigmático personaje revela su amor por Daisy y su deseo por retomar su relación justo donde se vio interrumpida en el pasado.


El gran Gatsby, una de las mejores novelas estadounidenses del siglo XX y una de mis favoritas, regresa a la gran pantalla, y en esta ocasión el encargado de adaptar la obra de Francis Scott Fitzgerald ha sido Baz Luhrmann, director de títulos como Moulin Rouge o Australia. Las expectativas relacionados con esta película eran bastante elevadas, además del miedo a que la recargada puesta en escena de este director estropease una historia de semejantes proporciones. Finalmente, el resultado ha sido bastante satisfactorio, si bien varios elementos de la película no me terminaron de convencer.


En líneas generales nos encontramos ante una buena adaptación que funciona bien como película, la historia de Gatsby, su fe en el sueño americano y su lucha por conseguir el amor de Daisy fluyen durante poco más de dos horas de metraje que se hacen muy entretenidas. La fascinación que despierta el protagonista está presente en esta película, hay pasajes que reproducen las palabras de la novela con exactitud y el giro que se le da a la profesión de Nick Carraway para justificar su papel como narrador es bastante interesante, si bien me dio la sensación de que faltan dos escenas de la novela fundamentales en el desarrollo de la trama, como son el momento en que aparece la hija del matrimonio Buchanan (en la película sólo se la ve fugazmente) y el funeral del final, aquí omitido.


El trabajo de Luhmann como director me ha parecido bastante correcto, pues consigue respetar la intensidad de los personajes y la historia, si bien su recargada puesta en escena no ha terminado de convencerme. Los efectos especiales empleados en la recreación de la Nueva York de los años 20 resultan un tanto exagerados, demasiado coloridos, y sumados a la planificación de Luhrmann de ciertas escenas, especialmente las dedicadas a las fiestas o a los coches, dan a la película un tono surrealista que casi la acerca más a la reciente Oz: un mundo de fantasía, que a la persecución de la luz verde que obsesiona a Gatsby. A esto hay que sumarle una banda sonora repleta de canciones actuales que, junto al montaje, choca bastante con el tono de la historia y crea un ambiente enrarecido. Se salvan algunas canciones, como la de Lana Del Rey, pero el tema de Jay-Z ya es otra historia. Sinceramente, una recreación de los años 20 en la línea de lo visto en la serie Boardwalk Empire hubiera favorecido mucho más a la película, pero estamos hablando de Baz Luhrmann como director.


Una de las mayores sorpresas de esta nueva versión de El gran Gatsby es su reparto, capaz de reflejar la personalidad de sus protagonistas, convirtiéndose en los verdaderos motores de la historia. Destacan desde la semi-debutante Elizabeth Debicki como Jordan Baker a un recuperado Tobey Maguire, que hacía tiempo que no se dejaba ver por la gran pantalla. Los roles protagonistas caen en manos de Carey Mulligan (Drive), actriz en ascenso que compone a una Daisy algo más ingenua que la de la novela, mientras que Leonardo DiCaprio se confirma como la elección adecuada para el enigmático e idealista Jay Gatsby. Este actor demuestra de nuevo su implicación en los papeles que interpreta y su capacidad de ofrecer actuaciones intensas, de gran calidad, ya sea poniéndose en la piel del protagonista de Origen, de J. Edgar Hoover o de uno de los iconos de la literatura estadounidense como es Gatsby. Aparte de una nueva prueba del talento de DiCaprio, en el filme nos encontramos con Jason Clarke (Zero Dark Thirty) e Isla Fisher (Rango), que piden más tiempo en pantalla como el matrimonio Wilson, y con una brillante interpretación por parte de Joel Edgerton (también visto en Zero Dark Thirty), capaz de transmitir la fuerza que el personaje de Tom Buchanan requería.


Aparte de sus delirios visuales, la nueva película de Baz Luhrmann consigue captar la esencia de El gran Gatsby y deja que sean sus personajes, interpretados por un reparto entregado de jóvenes actores, quienes nos guíen en esta inmortal tragedia del sueño americano.
Ficha de la película.

martes, 23 de abril de 2013

El invierno de Frankie Machine, de Don Winslow


Frank Machianno es un tipo apacible de 62 años que trabaja como vendedor de carnada en el puerto de San Diego. Todo el mundo le aprecia, desde su ex-mujer Patty y su hija Jill hasta su novia, Donna. Frank sigue una rutina bastante estricta, se toma su tiempo para comer y prepararse un buen café, es un apasionado de la ópera y por las mañanas se reúne con un grupo de amigos para disfrutar de las mejores olas haciendo surf. Pero también es un antiguo asesino a sueldo de la mafia al que se le conocía como Frankie Machine, un implacable sicario que se ve envuelto en un malentendido por culpa del regreso de ciertos fantasmas del pasado. Atrapado entre la policía y aquellos a quienes una vez llamó amigos, Frank deberá decidir si deja salir a "la máquina" para recuperar lo poco que le queda de la vida que tanto esfuerzo le ha costado construir.

Publicada en 2006, El invierno de Frankie Machine es una interesante novela de Don Winslow, escritor estadounidense de género policíaco y negrocriminal que recientemente ha saltado a la fama gracias al éxito de novelas como El poder del perro, Salvajes o la que hoy nos ocupa. En El invierno de Frankie Machine, Winslow desmenuza la vida del personaje que da título al libro, un antiguo e implacable asesino para la mafia de la costa oeste que se ve obligado a repasar su pasado cuando ve cómo éste le persigue y le impide seguir con su día a día. Haciendo gala de un adecuado tono cínico, Frank se ríe de las autoridades y de aquellos que tienen el poder y nos relata sus inicios, cómo demostró su lealtad a la mafia de los puertos de San Diego en los 60, sus coqueteos con el juego de la creciente Las Vegas en los 70, el negocio de los clubes de striptease en los 80, el estallido de una guerra de bandas, y finalmente su retirada del crimen organizado debido a la pérdida de valores que sufrió la mafia. 

Winslow nos narra el periplo de Frank y su ascenso dentro del mundo del hampa con una naturalidad que recuerda a la de la película Uno de los nuestros, en la que el mundo de la mafia perdía todo el glamour clásico y pasaba a ser algo cotidiano, sucio y violento. En El invierno de Frankie Machine, Don Winslow despliega un estilo directo y nada recargado que en ocasiones se asemeja bastante a un guión cinematográfico debido a que está escrito en presente y a la importancia que cobran los diálogos, bastante secos. Además, la novela resulta amena en todo momento, consigue que los lectores simpaticemos con un personaje tan bien construido como el de Frank Machianno, que nos preocupemos por él y su destino, y como buena novela negra contiene ciertas dosis de crítica social al poder establecido y de denuncia a la corrupción que lo inunda.

Directa, violenta y terriblemente entretenida, El invierno de Frankie Machine confirma el talento para la novela criminal de un escritor en ascenso como Don Winslow.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Draper es Gatsby (Mad Men y Scott Fitzgerald), de Jesus (of Suburbia)


Como invitado por la celebración del quinto aniversario del blog, hoy contamos con la presencia de Jesus (of Suburbia), autor del blog Yo no maté al cine, en el que nos ofrece incisivas críticas de películas y series de actualidad además de retrospectivas acerca de ciertos autores cuando una nueva película suya llega a las carteleras. En el artículo de hoy, Jesús nos explica la curiosa relación que existe entre El gran Gatsby de Francis Scott Fitzgerald, una de mis novelas preferidas que pronto contará con una nueva versión cinematográfica, y Mad Men, una de las series de culto actuales.¡Disfrutadlo!

A Don Draper le vemos temporada tras temporada, y en principio hasta dentro de dos años. A Jay Gatsby lo veremos este verano reencarnado en Leonardo Di Caprio en una nueva versión de El Gran Gatsby (siempre Robert Redford para nosotros). ¿Es momento de la comparación? ¿Es una buena comparación?

Los dos son ambiciosos, poderosos, influyentes. De esos tipos a los que admiras y desprecias a la vez. Los admiras porque quieres ser como ellos, pero los desprecias porque no lo consigues. 



Los dos esconden secretos tras una guerra: La I Guerra Mundial supuso una nueva y misteriosa fortuna para Gatsby. La II Guerra Mundial supuso una nueva oportunidad/identidad para Draper.

Y el amor. Gatsby ha logrado todo lo que tiene sólo por un único objetivo: Daisy, casada con Tom Buchanan. Ahora sí, después de todo lo que ha luchado y todo lo que ha tenido que hacer, Daisy debe ser suya. 


Don no cree en el amor (“es algo que inventamos gente como yo para vender medias”) pero quiere a las mujeres, o las utiliza, o las detesta. Es una extraña relación, porque tiene la esposa perfecta (Betty, interpretada por January Jones, una Daisy perfecta) pero necesita a las demás.

Una curiosidad nada casual. Las menciones en Mad Men sobre Scott Fitzgerald son constantes. En unos de los capítulos Betty lee a Fitzgerald. En concreto Babylon Revisited and Other Stories.


Toda esa obsession y todo su secreto llevaron a Gatsby hasta el límite. ¿Ocurrirá lo mismo con Draper?

jueves, 14 de febrero de 2013

Sunset Limited, de Meg

Continuamos con la celebración del quinto aniversario, para la cual hoy contamos con una colaboración muy especial. Como firma invitada tenemos a Meg, una de las blogueras más activas que conozco, pues en su blog, Cazando Estrellas, nos recomienda con total sinceridad libros, películas, música y mucho más, se muestra dispuesta a leer novedades y recomendarlas y, por si esto fuera poco, siempre tiene un comentario amable para las entradas de los blogs que sigue. Meg ha tenido el detalle de dedicar su artículo a uno de los escritores por los que siento verdadera fascinación, Cormac McCarthy, en concreto a su obra The Sunset Limited. Voy corriendo a leerla según os dejo disfrutando de este artículo.

"La visión pesimista es siempre la correcta. Cuando leemos la historia de la humanidad estamos leyendo una saga de derramamiento de sangre, de codicia y de locura, cuyo alcance nadie puede ignorar. Aun así, imaginamos que el futuro será de alguna manera diferente. No tengo ni idea  de cómo estamos aquí todavía, pero lo que es seguro es que no vamos a durar mucho más".

Los que  hayan leído varias obras de este autor habrán reconocido en este párrafo su sello: la desesperanza y desilusión, la mísera y decepcionante naturaleza del ser humano y de la vida en sí propias de Cormac McCarthy. Sabiendo que se trata de un escritor que a Mike le gusta mucho, he decidido felicitarlo en su aniversario bloguero con esta reseña.


En cuanto a la sinopsis, "El Sunset Limited" cuenta la historia que tiene lugar a partir de un encuentro fortuito de dos adultos en el metro de Nueva York. Estos dos extraños, de los que no llegamos a saber el nombre (refiriéndose a ellos el autor por el color de su piel),  entablan una conversación a vida o muerte. El blanco es un profesor universitario que, a pesar de disfrutar de una amplia cultura y de una posición acomodada, vive sumido en la desesperación. El negro, sin embargo, a pesar de haber llevado una vida marcada por la violencia y la adicción a las drogas, mantiene una férrea esperanza gracias a su fe.

Nos encontramos pues con una breve pero intensa novela que refleja a través de sus protagonistas dos actitudes radicalmente opuestas ante la vida. Dos personas muy fuertes: el blanco, por encarar la muerte y el negro, por encarar la vida. El blanco representa el pesimismo y la oscuridad, la ausencia de sentido alguno de la vida. Por contra, el negro representa la esperanza, el optimismo, la fe y creencia en un más allá que permite que ocurran las cosas con alguna finalidad aunque la desconozcamos.

Fotograma de la adaptación de The Sunset Limited dirigida por Tommy Lee Jones
Debo decir que me ha asombrado la profundidad que alcanzan los personajes siendo una historia tan corta y en la que, como comenté antes, no llegamos ni a saber sus nombres. En mi caso, me he sentido más identificada con la postura del hombre negro, quien por cierto expone sus argumentos con dosis de humor "negro"  en gran parte del diálogo que tiene lugar entre ellos, detalle que me ha gustado mucho. No obstante, creo que entre el blanco y el negro existe el gris (si se me permite este juego de palabras y colores), y siempre cabe una posición intermedia que no queda reflejada en la novela.

Se trata de un libro de estructura teatral, con ausencia de las descripciones que observé en otro de los títulos de McCarthy, La carretera.

En general me ha gustado mucho. Lo recomiendo.

Cormac McCarthy está considerado como uno de los cuatro mayores novelistas norteamericanos de su tiempo, junto a Thomas Pynchon, Don DeLillo y Philip Roth. Para saber más del él, pinchad aquí.

viernes, 1 de febrero de 2013

La narrativa de la locura, de Emily Roberts

Empezamos con las colaboraciones de las firmas invitadas para celebrar el quinto aniversario de este blog. Hoy contamos con la distinguida presencia de mi amiga Emily Roberts, autora del blog de poesía Cold Mornings y de la emotiva novela Lila, que desde aquí os recomiendo. Como la gran experta en literatura que es, Emily nos trae un artículo sumamente interesante en el que nos hace reflexionar acerca del vínculo entre la mujer y la locura en numerosas obras literarias y fílmicas. ¡Disfrutadlo!



I am mad the way young girls are mad
(Anne Sexton)
I shut my eyes and all the world drops dead.
(I think I made you up inside my head.)
(Sylvia Plath)

En su ensayo “Estar enfermo” (“On Being Ill”), Virginia Woolf se extraña de lo común que es la enfermedad en el día a día y lo poco que aparece en la literatura. Aunque este texto casi siempre es interpretado en referencia a la enfermedad física, me gustaría tratar también el tema de la enfermedad mental en la literatura, más presente de lo que creemos. Me gustaría hacer un repaso de obras que, personalmente, me parece que reflejan bien el tema, pero esto no es sino una pequeña colección personal, por lo que todas las sugerencias serán bienvenidas en los comentarios. (He incluido entre paréntesis el título original de todos).


            Si bien la obra por excelencia de locura, sobre todo femenina, es el roman à clef  de Sylvia Plath, La campana de cristal (The Bell Jar), crónica semi-autobiográfica de su primera depresión a los diecinueve años y el ingreso en una clínica psiquiátrica donde fue sometida a tratamiento de electrochoque. Pero quizá su más claro precedente sea el no tan conocido (fuera del ámbito filológico) relato “El papel de pared amarillo” (“The Yellow Wallpaper”) de Charlotte Perkins Gilman, que narra en primera persona, estilo diario como Plath, un síndrome de depresión post-parto mal tratado: la paciente es aislada del mundo, separada de su marido y su bebé y encerrada en una habitación hasta que se “normalice”. Y aquí es donde entra la cuestión de la normalidad y su definición. ¿Qué es normal? Normal es lo contrario a la locura. Normal es la razón. Es lo normal, ¿no? ¿Normal no significa que algo tiene el establishment, y por lo tanto, el poder? El poder es lo normal. No tener poder es lo normal. Sublevarse es lo que no es normal: la locura. La locura, en la mayoría de los casos, acaba consistiendo en ser distinto a los demás, y lo distinto es peligroso porque disipa a los agentes de poder y su eficacia. Un claro ejemplo son las Bröntes; la tormenta emocional en Cumbres borrascosas (Wuthering Heights) y sobre todo el personaje de Bertha Mason, la loca del ático (the madwoman in the attic) de Jane Eyre. ¿Qué pasaría si esa mujer no fuera sino alguien a quien se le hubiera arrebatado su propio destino, su voluntad de decidir por sí misma, que se declaró peligrosa por haber reclamado su poder? El personaje se convierte en protagonista en la precuela escrita por Jean Rhys, El ancho mar de los Sargazos (Wide Sargasso Sea). Otras historias de mujeres que se vuelven locas, o quizás son más lúcidas, en su lucha con la sociedad aparecen en el libro de cuentos de la americana de origen chino Maxine Hong Kingston, La mujer guerrera (The Woman Warrior), donde la escritura se convierte en una herramienta para revisar y corregir el pasado tal como no fue contado. Y es que la locura ¿nos acerca o nos aleja a nuestra lucidez? Autores como Shakespeare o Joseph Conrad parecían tener opiniones encontradas en su interior. El Corazón de las tinieblas (Heart of Darkness) de Conrad nos muestra el profundo mundo del salvajismo colonial que permite el lujo de la civilización occidental. Sin embargo, ¿quiénes son más salvajes, los incivilizados o los colonos? Y, ¿no estamos todos al final demasiado cerca? La aculturación o “asalvajamiento” de uno de los personajes principales es retratado como locura a pesar de poder ser visto como la vuelta al mundo natural, a las pasiones más bajas. Shakespeare presenta en Hamlet este debate entre la locura y la razón, donde esta última pierde. El Rey Lear de Shakespeare comprende más de cerca las pasiones humanas cuando ha perdido la razón y vaga desnudo por los bosques de Escocia, guiado por un ciego.


            Y si bien la lucidez de la ceguera puede guiar a la locura, la ceguera no lúcida de otros puede inducir a la locura verdadera, como al personaje de Pecola en Ojos azules (The Bluest Eye) de Toni Morrison, donde el único personaje capaz de sentir amor por los demás es maltratado por su aspecto físico hasta el punto de creer que si tiene los ojos azules la querrán más. Está claro: los que están locos son ellos, dice el protagonista de Matadero cinco (Slaughterhouse-Five), de Kurt Vonnegut, que sueña que viaja a un planeta extraterrestre donde los habitantes no se hacen daño, donde las cosas tienen más sentido. La narración inconexa de un idiota en El ruido y la furia (The Sound and the Fury) de Faulkner tiene más sentido que todo lo que sucede en el violento sur americano. ¿Y qué pasaría si estuviéramos todos locos ya, como en Alicia en el País de las Maravillas (Alice in Wonderland)? Si esa fuera la norma, se pregunta su autor, ¿el cuerdo sería el loco? ¿Pertenecemos cada uno a nuestra propia locura imposible de comunicar? Sobre autor, autoridad y hacerse daño escribe Jeffrey Eugenides en Las vírgenes suicidas (The Virgin Suicides), magníficamente llevada al cine por Sofia Coppola: ¿quién las condujo a hacerlo? ¿Fueron ellos? ¿Fuimos todos? ¿Está más cerca de la locura la violencia o el amor? ¿No están demasiado cerca? ¿Se puede ejercer un control sobre uno u otro? ¿Sobre cuál? ¿Y quién es la protagonista de La pianista (Die Klavierspielerin) de Elfriede Jelinek? (También con una estupenda adaptación al cine de Michael Haneke). ¿Somos todos esa mujer sometida y con deseos inconfesables que antes preferiría morir que ser descubierta? ¿Y si nos acercásemos a ella en lugar de evitarla? ¿Y si nos obligasen a estar junto a ella? Algo parecido le sucede a R.P. McMurphy, el protagonista de Alguien voló sobre el nido del cuco (One Flew Over the Cuckoo’s Nest) de Ken Kensey (adaptada al cine por Miloš Forman), ingresado en un hospital psiquiátrico más bien por error, que pasará del miedo a los enfermos al miedo a los médicos y a su control, y a tomar un cariño irracional a los enfermos, incluso a llegar a comprenderlos (algo así como lo que consigue Plath en su Campana de cristal). La narrativa de la locura no responde preguntas difíciles, las plantea. Nos acerca a un cotidiano desconocido, derrumbando fronteras propias y ajenas. Ahí está su riesgo. Ahí también su logro.


sábado, 29 de diciembre de 2012

El Hobbit: Un viaje inesperado


"En un agujero en el suelo, vivía un hobbit." Bilbo Bolsón lleva una apacible vida en la Comarca hasta que, un día, el mago Gandalf el Gris aparece en Bolsón Cerrado y le propone salir en busca de aventuras junto a 13 enanos que quieren recuperar Erebor, su antigua morada, de las garras del dragón Smaug. Bilbo finalmente se unirá a la compañía de los enanos, liderada por Thorin Escudo de Roble, y juntos atravesarán la Tierra Media, conocerán nuevos aliados y se enfrentarán a un mal latente que amenaza con poner fin a la paz y traer de vuelta a los orcos y a seres mucho más peligrosos.

Recuerdo con claridad el momento en el que, hace más de diez años, acudí al cine a ver El Señor de los Anillos: La comunidad del anillo. Según avanzaba la película mi asombro iba en aumento, no daba crédito a la historia que estaba presenciando, y aquella sesión acabó convirtiéndose en una de las experiencias cinematográficas más completas e intensas de las que he disfrutado. Durante los dos años siguiente me zambullí en las novelas de J.R.R. Tolkien y, por supuesto, acudí a ver las siguientes dos entregas, ya sabiendo que estaba presenciando todo un hito en la historia del cine como fue la trilogía de Peter Jackson, a la que me gusta aplicar el adjetivo inglés de larger-than-life (más grande que la vida misma).

Por ello, cuando después de muchos rumores se supo que finalmente sería Peter Jackson y no Guillermo Del Toro (cineasta que cada vez me cae peor) quien adaptaría El Hobbit, una de mis novelas favoritas, no dudé en celebrarlo. La espera ha sido larga, los rumores constantes, los videoblogs del proceso de rodaje muy interesantes y muchas las dudas de si el regreso de Jackson a la Tierra Media merecería la pena, sobre todo teniendo en cuenta que de una única novela van a desarrollar una nueva trilogía. Por fortuna, la primera entrega de El Hobbit, titulada, Un viaje inesperado, no está nada mal. No defrauda, consigue entretener y sorprender, si bien es cierto que no llega al nivel de perfección de El Señor de los Anillos, en parte por el tono más distendido y humorístico de la historia (que ya estaba presente en la novela) y en parte por los excesos de la película.


Como adaptación, El Hobbit es bastante fiel a la novela en la que se basa, tenemos a todos nuestros queridos protagonistas y el espíritu aventurero del libro está presente en la película, si bien hay ciertas alteraciones en los sucesos o en la inclusión de personajes que no deberían estar ahí. Ahora bien, es cierto que la duración, casi tres horas, es algo excesiva, hay escenas metidas con calzador y eso repercute en el acabado de la película, que está un tanto inflada (véase la parte de Radagast correteando en su trineo de conejos... en fin). Aun así no se hace muy pesada, entretiene con una historia ligera y consigue sorprender a los espectadores con los parajes de la Tierra Media, mucho menos oscura que la de la saga madre, a lo que hay que añadir el factor nostalgia, pues es inevitable emocionarse al reencontrarse con personajes, escenarios y hasta la música de El Señor de los Anillos (en este sentido juega un papel importante la secuencia de apertura).


Hablando de viejos conocidos, en el reparto también asistiremos al regreso de Hugo Weaving (Elrond), Cate Blanchett (Galadriel), el legendario Christopher Lee (Saruman), el gran Andy Serkis (Gollum) e incluso de Ian Holm (Bilbo) y de Elijah Wood (Frodo). A ellos tenemos que añadirles a los 13 enanos que emprenden el viaje para recuperar su antiguo hogar, interpretados en su mayoría por actores británicos, algunos de los cuales ni siquiera tienen líneas de diálogo en la película. Entre ellos destaca Richard Armitage como Thorin Escudo de Roble, el héroe trágico y desconfiado de esta aventura. Sin embargo, los que más resaltan son Martin Freeman (soberbio haciendo de Watson en Sherlock), todo un acierto como el joven Biblo, hacía tiempo que pedía a gritos un papel protagonista; y por supuesto Sir Ian McKellen, inconmensurable bajo el manto de Gandalf el Gris y capaz de brindarnos algunos de los momentos más emotivos de la película.


La banda sonora también nos trae viejos recuerdos, pues el compositor Howard Shore recicla los temas de las anteriores películas y crea algunas piezas nuevas con mucha fuerza (atención a The World Is Ahead) con influencias de su trabajo más reciente (Hugo). La fotografía y la dirección artística también consiguen trasladarnos una vez más a la Tierra Media, guiados por el auténtico maestro de ceremonias, Peter Jackson, quien recupera el estilo grandioso, de potentes tomas áreas para realzar los decorados, que deja en pañales a los sucedáneos de fantasía que intentaron copiar el toque de la trilogía original (como las últimas partes de Harry Potter), y que cuenta con escenas resueltas de forma brillante, como la presentación del dragón Smaug. Eso sí, el 3D sobra, el sistema patentado por el señor Cameron no aporta nada a los planos de Jackson, que ya de por sí solos son bastante tridimensionales.


A pesar de la excesiva duración, de las escenas y personajes metidos con calzador y de que apenas cubra un tercio de la novela, El Hobbit resulta una película sumamente entretenida, nos deja buenas sensaciones y, lo más importante, nos lleva de nuevo a la Tierra Media de J.R.R. Tolkien para reencontrarnos con personajes muy queridos. Otro asunto será que las secuelas mantengan esta línea y sigan a la altura.

Ficha de la película.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Meridiano de sangre, de Cormac McCarthy


A mediados del siglo XIX, el chico abandona su hogar para buscarse la vida en el violento Oeste americano. Allí se une a la expedición de John Joel Glanton y su grupo de mercenarios, quienes, descontentos con el desenlace de la guerra entre Estados Unidos y México, planean atacar la frontera y arrasar con todo lo que encuentren a su paso en el país vecino. La expedición se compone de distintas personas, algunas profundamente perturbadas, pero entre todas destaca la figura del juez Holden, un hombre albino de grandes proporciones y totalmente calvo que afirma que nunca morirá y que consigue despertar el interés del chico.


Publicada en 1985, Meridiano de sangre es ampliamente reconocida por la crítica especializada como una de las mejores novelas de la segunda mitad del siglo XX en la cual su autor, el escritor estadounidense Cormac McCarthy (Todos los hermosos caballos, La carretera), nos sumerge en una historia que nos sacudirá desde las entrañas por su crudeza al mismo tiempo que nos ofrece interesantes reflexiones acerca de la violenta naturaleza de los seres humanos y del mal como entidad terrenal, representado en la novela por la figura del juez Holden, un personaje verdaderamente aterrador e inquietante.

Basándose en hechos históricos para construir la trama, McCarthy deslumbra con una narrativa densa que desafía a los lectores por su complejidad, ya que a los rasgos estilísticos habituales del escritor (la ausencia de guiones que introduzcan los diálogos, por citar un ejemplo) se les suma un lenguaje muy cuidado, de fuertes resonancias bíblicas que emulan a una de las novelas clave de la literatura norteamericana, Moby Dick, de Herman Melville. Así, McCarthy nos describe los escenarios naturales que atraviesan el protagonista y la expedición de Glanton como si de una manifestación del infierno en la tierra se trataran, alternando pasajes de carácter alegórico con crueles enfrentamientos entre los mercenarios, los mexicanos y los comanches en los que se cometen verdaderas atrocidades y que destilan una crudeza como pocas veces se ha plasmado en las páginas de una novela. 


La lectura de Meridiano de sangre puede resultar un tanto densa, sobre todo los primeros capítulos, debido en parte a su lenguaje alegórico e inquietantes reflexiones, si bien no tardaremos en caer rendidos ante este viaje al corazón del western más descarnado que nos plantea Cormac McCarthy, adentrándonos durante el camino en los rincones más oscuros de la condición humana. Para mí, Meridiano de sangre es una de las mejores novelas que he leído, con sólo pensar en ella y sus cruentos episodios se me ponen pelos de punta. Altamente recomendable.

jueves, 9 de agosto de 2012

Juego de Tronos T2: Choque de reyes


Las disputas internas por el poder han dejado a los Siete Reinos de Poniente fragmentados y al borde de la inminente e inevitable guerra. Tyrion Lannister se sumerge en las intrigas de la corte para estar a la altura de su nuevo cargo como Mano del Rey mientras planea la defensa de la capital, Desembarco del Rey, a la que se dirige con decisión Stannis Baratheon, el heredero legítimo de la corona que ha encontrado nuevas fuerzas en el dios R'hllor, el Señor de la Luz. Mientras tanto, Robb Stark defiende su título de Rey en el Norte con firmeza, Arya sufre ciertas complicaciones en su camino de vuelta a casa, Bran presencia una traición inesperada en Invernalia, Daenerys intenta reunir un ejército al otro lado del Mar Angosto y Jon Nieve descubre la amenaza que aguarda paciente al otro lado del Muro. Se acerca el invierno.

La primera temporada de Juego de Tronos fue uno de los fenómenos televisivos de 2011. Su éxito fue tal que los productores no dudaron en firmar por la siguiente entrega sin importarles que fuera una de las series de televisión más caras de la actualidad, además de que surgió toda una comunidad de fans de la serie mientras las novelas de George R.R. Martin en que se basa ascendieron a lo más alto de las listas de venta. La segunda temporada, que adapta la novela Choque de reyes, sigue la misma línea que su predecesora con diez episodios de factura muy cuidada, en los que destacan el cuidado con el que se ha recreado el mundo de fantasía de Martin (que guarda con el real más similitudes de las que aparenta) y la capacidad de atrapar a los espectadores capítulo tras capítulo, con una trama que cada vez se va complicando más en la que no hay dos bandos, buenos y malos, claramente definidos, sino personajes llenos de dobleces y contradicciones humanas.

Arya haciéndose pasar por Arry, el fantasma de Harrenhal
Ahora bien, si la segunda temporada de Juego de Tronos es una de las series más recomendables que podemos encontrar en el panorama actual, como adaptación de la novela de Martin deja bastante que desear. La primera temporada siguió la trama de la novela inicial de la saga Canción de hielo y fuego con total fidelidad al material original, recurriendo a ciertas licencias para agilizar la acción en pantalla. Sin embargo, da la impresión de que esta segunda temporada se aleja demasiado de la novela, no sólo con sucesos que no transcurren de forma similar al libro (especialmente los de las tramas de Robb y Daenerys), sino con la no inclusión de personajes que serán de vital importancia posteriormente (como los Reed) y con la reducción de la espectacularidad de ciertos pasajes. Posiblemente esto último se deba a las limitaciones de presupuesto de la serie, pero escenas como la huida de Harrenhal, el asalto a Invernalia y sobre todo la batalla del Aguasnegras carecen de la fuerza que tienen en la novela, con la consiguiente pérdida de impacto en el espectador.

Bronn en la no tan grande batalla del Aguasnegras
Aun así, el desarrollo de los personajes resulta convincente (sobre todo el de Theon Greyjoy, a quien dan una nueva dimensión ausente en la novela), a lo cual ayuda la labor de un reparto muy amplio y variado. Destaca, una vez más, el soberbio Peter Dinklage, que se come la pantalla cada vez que aparece haciendo de Tyrion Lannister, personaje del que se ha apropiado. También dan la talla Lena Headey (Cersei), Michelle Fairley (Catelyn), Charles Dance (Tywin), Iain  Glen (Ser Jorah) y los jóvenes Kit Harington (Jon), Maisie Williams (Arya) y Emilia Clarke (Daenerys). Entre las nuevas incorporaciones de esta temporada, llaman especialmente la atención lo bien representados que están los personajes de Liam Cunningham (Davos), Carice van Houten (Melisandre) y Rose Leslie (Ygritte).

Ygritte con aspecto de esquimal más que de salvaje
Los efectos especiales resultan creíbles en pantalla y son muy elaborados, sobre todo para una serie de televisión. Lo que sin duda gana respecto a la temporada anterior es la banda sonora de Ramin Djawadi, que deja a un lado la música monótona y ofrece composiciones de mayor carácter para acompañar a lo que sucede en pantalla. Además, por fin podemos escuchar The Rains of Castamere, una de las canciones que más entonan a lo largo de la saga de libros.



Aunque se haya alejado bastante de la novela, con las complicaciones que eso conlleva para siguientes entregas, la segunda temporada de Juego de Tronos ha sido de lo más entretenida, con multitud de personajes a los que acompañar en un viaje intrincado y fascinante y con un reparto entregado. Afilad vuestras espadas, pues el invierno no ha hecho más que llegar a los reinos de Poniente.

martes, 14 de febrero de 2012

Sherlock: Segunda Temporada

 
En agosto de 2010, cuando todavía estaba "fresca" la nueva versión cinematográfica del detective de Baker Street dirigida por Guy Ritchie, la BBC nos sorprendió con el estreno de Sherlock, miniserie de tres episodios creada por los guionistas Steven Moffat y Mark Gatiss. En ella nos presentaron una reinvención del mítico personaje literario creado por Sir Arthur Conana Doyle, trasladando los casos de Sherlock Homes y el doctor John Watson al siglo XXI, incluyendo homenajes a novelas como Estudio en escarlata o El signo de los cuatro, y dejándonos con un impactante final en el que James Moriarty, la némesis del detective, cobraba vital importancia.

Tras una larga espera, a comienzos de 2012 la BBC estrenó la segunda temporada de Sherlock siguiendo justo donde terminó la primera, y debo admitir que el resultado ha sido inmejorable. Compuesta por tres capítulos, esta segunda temporada cuenta con un desarrollo brillante de personajes. Resulta impresionante cómo a lo largo de tan pocos episodios la amistad entre Holmes y Watson atraviesa diferentes obstáculos y supera varias pruebas, mientras que la compleja personalidad del detective privado complicará (y al mismo tiempo enriquecerá) sus vínculos con personajes como Lestrade, la señora Hudson, su hermano Mycroft, e incluso Moriarty.


Cada capítulo es un homenaje directo a uno de los relatos o novelas de Conan Doyle. En el primero, A Scandal in Belgravia, entra en escena la versión actualizada de Irene Adler, la única mujer que Holmes considera que está a su altura. Le sigue The Hounds of the Baskervilles, episodio que recrea la trama de la famosa novela con el misterio del monstruoso sabueso que habita en los páramos de Dartmoor. Para terminar, The Reinchenbach Fall nos presenta la prueba más dura a la que Sherlock se ha enfrentado nunca, hasta el punto de que verá cómo se desmorona todo su mundo mientras Moriarty regresa decidido a acabar con él. Los tres capítulos resultan sumamente entretenidos y muy bien llevados, cuentan con enrevesados juegos de ingenio (aunque en ocasiones se pasan un poco con alguna que otra resolución rocambolesca), mucho respeto por el espíritu original del personaje, y un final impactante que obliga a los espectadores a desear con todas sus fuerzas que la tercera temporada llegue pronto (lo cual parece complicado, dadas las apretadas agendas de los protagonistas).


La banda sonora y la ambientación en la actualidad son elementos esenciales en esta serie. Además, los actores cumplen con sus papeles (tal vez el que resulta más exagerado es Moriarty por su histrionismo), y del reparto hay que destacar a la pareja protagonista, los fantásticos Benedict Cumberbatch y Martin Freeman, quienes con su vozarrón grave y presencia enigmática y con su aspecto de tipo bonachón y sencillo, respectivamente, consiguen dar profundidad y complejidad a la emblemática pareja que interpretan.


La espera de la tercera temporada de Sherlock será difícil no sólo por el enorme "continuará" final, sino por los buenos resultados conseguidos por esta segunda tanda de tres capítulos, los cuales cuentan con un brillante desarrollo de personajes y una capacidad asombrosa para ofrecer una nueva versión del mundo de Sherlock Holmes a la vez que se respeta el espíritu de las conocidas obras de Conan Doyle.

sábado, 21 de enero de 2012

Sherlock Holmes 2: Juego de Sombras


El detective Sherlock Holmes se enfrenta a la mente criminal más peligrosa que jamás haya conocido: el profesor James Moriarty, contra quien medirá su ingenio y astucia en una arriesgada partida de ajedrez en la que el tiempo corre en su contra. Superado por las circunstancias, Holmes se reunirá con su viejo amigo, el doctor John Watson, y juntos emprenderán un viaje repleto de acertijos e intentarán evitar el colapso del mundo occidental que trama el retorcido Moriarty.

Los primeros avances de la nueva versión del personaje literario creado por Sir Arthur Conan Doyle que preparaba el director Guy Ritchie con Robert Downey Jr. de protagonista no parecían muy prometedores, pero con el estreno de Sherlock Holmes hace dos años expresé mi entusiasmo en este blog al encontrarme con una película muy entretenida que mezclaba los requisitos de una superproducción con homenajes y referencias al carácter del mítico detective británico. Tras las buenas impresiones, esperaba con ganas la segunda entrega, a la que me temo que no puedo aplicar los elogios dirigidos a su predecesora.


Sherlock Holmes: Juego de Sombras continúa justo donde terminó la primera parte, recupera al acertado reparto, con la estupenda química entre Robert Downey Jr. y Jude Law siempre presente en pantalla; y nos sumerge en un nuevo desafío para los personajes como es la entrada en escena del profesor Moriarty, némesis del detective de Baker Street. Sin embargo, me da la sensación de que en esta segunda parte han apostado más por el espectáculo pirotécnico que por el respeto a un personaje icónico. Así, se pierde el equilibrio de la primera película y los espectadores nos encontraremos a Sherlock Holmes convertido en el héroe de acción de finales del siglo XIX, una especie de mezcla entre John McClane (por los golpes que recibe) y Jack Sparrow (por sus excentricidades) que se aleja demasiado de la esencia del detective frío y extremadamente racional que conocimos en las novelas y los relatos de Conan Doyle. 

Cierto, la película entretiene a pesar de su comienzo difuso, pero ya no es Holmes, como prueban las demenciales secuencias de acción en las que se ve inmerso el protagonista, más exageradas que las de la primera parte, o la sucesión de gags cómicos cada vez más disparatados (véase el caso de Mycroft). Aun así, merece la pena destacar el toque de Guy Ritchie, fanático del montaje acelerado; el dúo formado por Downey Jr. y Law (aunque estén un tanto alejados del carácter de los personajes originales, su relación parece creíble en pantalla), la incorporación al reparto de Noomi Rapace y Jared Harris (no tanto las participaciones de Rachel McAdams y Stephen Fry, con personajes muy poco aprovechados), el homenaje de la escena final, y la banda sonora de Hans Zimmer, que recupera las composiciones de la primera parte con tonos que recuerdan a Origen y hasta una "broma" relacionada con Dos mulas y una mujer.


Aunque se deja ver, el exceso de acción y la carga cómica alejan a Sherlock Holmes: Juego de Sombras de la divertida y equilibrada primera parte, pero sobre todo de la esencia de un personaje tan característico como es el sabueso de Baker Street. A la espera de una más que probable tercera entrega, me quedo con la versión actualizada del personaje que nos ofrece la serie de la BBC protagonizada por Benedict Cumberbatch y Martin Freeman, cuya segunda temporada pronto comentaremos.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Una cálida celebración y un viaje inesperado

El pasado día 19 se cumplieron diez años del estreno en cines de El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo, un hito en la historia del séptimo arte que dejó una huella imborrable en los espectadores que salimos maravillados de las salas tras ver la película. Con el estreno de Las Dos Torres y El Retorno del Rey en los dos años siguientes, el cineasta neozelandés Peter Jackson logró lo imposible al convertir la trilogía fantástica de J. R. R. Tolkien en una perfecta saga cinematográfica que cautivó por igual a público y crítica.


Durante mucho tiempo, varios productores, directores e incluso lectores consideraron las novelas de Tolkien inadaptables al cine. Esto no desanimó a Peter Jackson, director que comenzó su carrera con películas gore de pequeño presupuesto (véase Mal Gusto) y que decidió emprender una titánica tarea para conseguir la financiacón y los medios necesarios para rodar la trilogía completa de forma simultánea. Con el estreno de La Comunidad del Anillo, Jackson hizo desaparecer todas las dudas acerca de la viabilidad de su proyecto, consiguió asombrar a millones de espectadores en todo el mundo e influyó en películas posteriores, las cuales no dudaron en imitar la revolucionaria estética y los impresionantes efectos especiales de Weta Digital de los que Jackson había hecho gala.



Diez años después, Peter Jackson ha vuelto a la Tierra Media, en esta ocasión para hacerse cargo de filmar la precuela de El Señor de los Anillos: El Hobbit. Aunque todo el equipo se encuentra todavía inmerso en pleno rodaje, han tenido tiempo de presentar el primer tráiler del viaje de Bilbo Bolsón, el cual ha recibido el entusiasmo de los fans en la red. Muchos rostros conocidos, otros nuevos, atmósferas familiares y la sensación de que la magia puede volver a llenar la pantalla se desprenden de este primer tráiler.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Carrie, de Stephen King

Se acerca la noche del baile de graduación, una fecha que esperan con ilusión todos los alumnos del último curso del instituto de Chamberlain, un pequeño pueblo de Maine. Todos menos Carrie White, una joven tímida e insegura, incapaz de relacionarse con sus compañeros por la enorme presión que ejerce sobre ella su madre, una fundamentalista cristiana que perdió el mínimo atisbo de razón hace tiempo. Pero nadie sospecha que Carrie ha desarrollado una curiosa habilidad en secreto: la telequinesis. Su venganza será terrible.

Publicada en 1974, Carrie fue la primera novela de Stephen King en cosechar un éxito inmediato, catapultando al autor a la fama y permitiéndole salir de la complicada situación personal y social en que se encontraba. Sorprende la frescura que desprenden sus páginas, en las que King desarrolló (por primera vez sin usar el seudónimo Richard Bachman) el drama personal de la joven y repudiada Carrie White, ofreciendo una narración fluida y de cierta complejidad al combinar las reflexiones de los personajes principales con recortes de prensa y artículos especializados que nos adelantan detalles del horror que ocurrirá en el clímax, lo cual consigue aumentar el suspense y mantener a los lectores expectantes durante toda la novela.

La trama de Carrie se sustenta sobre tres conceptos vinculados a lo largo de la novela: la crueldad en el trato humano, el fuerte sentimiento de culpa que de ella se desprende, y la sed de venganza en que desemboca finalmente. De este modo, la protagonista no es un ser malvado por naturaleza, sino una joven maltratada por las obsesiones de su madre, Margaret, y las burlas (y envidia) de sus compañeras de clase, Chris y Sue. La crueldad inicial da paso a la culpa que atormenta a Carrie y la impide realizarse, sentimiento que contagia a Sue y la lleva a buscar el perdón de la compañera de quien antes se mofaba. Se esforzará en vano, pues sus buenas intenciones han llegado demasiado tarde, ya que la popular Chris pone en marcha la humillación definitiva contra Carrie en un día tan señalado como el del baile de graduación, desatando todo el odio y rencor que la joven White sentía hacia el mundo en una despiadada venganza de terrible conclusión.


Como complemento de la novela conviene rescatar la adaptación que dirigió Brian De Palma en 1976. Aunque presenta ciertas diferencias en el desarrollo y magnitud de los hechos, logra mantener buena parte de la tensión y atmósfera de la obra original. Además resulta más que interesante observar la dinámica planificación de escenas (rompedora en su época, el auge del denominado Nuevo Hollywood), a lo que hay que sumar el reparto de este éxito de taquilla: Sissy Spacek (Malas Tierras), John Travolta, Piper Laurie (El buscavidas), y William Kaat (El gran héroe americano).

Las novelas que la siguieron confirmaron el talento de su autor, si bien en Carrie Stephen King demostró una capacidad narrativa inquietante y una elaborada construcción de la trama y los personajes.

martes, 25 de octubre de 2011

Ubik, de Philip K. Dick

En 1992, Glen Runciter dirige la mayor empresa de inerciales, personas con poderes psíquicos capaces de inutilizar las habilidades telepáticas y precognitivas de los espías que trabajan en compañías rivales. Cuando una misteriosa mujer contrata sus servicios en la Luna, Runciter sabe que está a punto de enfrentarse al mayor telépata de la Tierra, por lo que reúne a su equipo de inerciales al completo, incluyendo al técnico Joe Chip. Al llegar a su destino, no tardan en descubrir que les han tendido una trampa y, acto seguido, la explosión de una bomba termina con la vida de Runciter. En su regreso a la Tierra, Joe Chip y el resto de inerciales intentan descubrir quién está detrás de lo sucedido, al mismo tiempo que una serie de fenómenos paranormales amenaza su existencia. La respuesta parece encontrarse en el enigmático aerosol conocido como Ubik.

Con este atípico argumento, Ubik destaca como una novela clave en la producción de Philip K. Dick a la vez que explora temas constantes en la obra del conocido autor de ciencia ficción. En sus páginas, Ubik nos plantea una historia intrigante, inquietante y sumamente angustiosa que hará que los lectores se sientan desconcertados y sufran con los personajes. Además, Ubik aborda una de las cuestiones fundamentales de los textos de Dick: la imposibilidad de distinguir entre la realidad y la ficción, sueños y apariencias, bebiendo de ideas filosóficas que aumentarán la incertidumbre de los lectores hasta el mismísimo final de la novela, revelador y oscuro por igual. Otros de los rasgos característicos de Dick que aparecen en la novela son el futuro distópico gobernado por empresas multinacionales en las que trabajan los protagonistas; y la presencia de una deidad de cualidades y naturaleza incomprensibles que de algún modo rige las vidas de los humanos, como sucede en este caso con el aerosol Ubik, o con Wilbur Mercer en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? y con el Departamento de Ajustes en Equipo de ajuste.

Absorbente, perturbadora y sombría, Ubik se alza por su profundidad  y complejidad no sólo como una de las novelas indispensables dentro de la obra de Philip K. Dick, sino de la ciencia ficción.

jueves, 21 de julio de 2011

Harry Potter y las reliquias de la muerte: El final de la saga


Después de los trágicos sucesos ocurridos en Hogwarts al final del sexto curso, Harry, Ron, y Hermione deciden no volver a la escuela de magia y hechicería en su séptimo año. En su lugar emprenden un viaje por todo el Reino Unido buscando los Horrocruxes, objetos en los que Lord Voldemort ocultó parte de su alma para hacerse inmortal. Mientras tanto, las fuerzas del Señor Tenebroso aumentan su poder y control en el Ministerio de Magia, preparándose para atacar a los últimos miembros de la resistencia fieles a Albus Dumbledore y Harry Potter.

A pesar de su innegable éxito en taquilla, las adaptaciones de las novelas de Harry Potter al cine no siempre han agradado por completo a los seguidores de las aventuras del joven aprendiz de mago. Tras dos entregas iniciales de corte familiar dirigidas por Chris Columbus y una tercera parte más oscura obra de Alfonso Cuarón, la franquicia cayó en manos de los directores Mike Newell y definitivamente de David Yates, quien mantuvo el tono oscuro pero hizo que la saga perdiera fuerza a nivel argumental, tocando fondo con Harry Potter y el misterio del príncipe, sexta entrega que dejaba a un lado la trama principal para centrarse en una insulsa comedia romántica de adolescentes, asemejándose por momentos a la horrenda Crepúsculo (no es coincidencia que su primera parte acabara de estrenarse con un éxito más que notable).


Con la intención de recaudar lo máximo posible y narrar con todo detalle el fin de la batalla contra las fuerzas de Lord Voldemort, la última entrega, Harry Potter y las reliquias de la muerte, se dividió en dos partes de dos horas y diez minutos de duración. La primera de ellas, estrenada a finales de 2010, no se anda con rodeos y nos presenta a los tres protagonistas huyendo de sus enemigos, cada vez más numerosos, y buscando la manera de acabar con Quien-no-debe-ser-nombrado al mismo tiempo surgen dificultades entre ellos. 

Estrenada el 15 de julio, la segunda parte retoma la historia justo donde se quedó y conduce a los espectadores hacia la batalla final a un ritmo trepidante. Intensifica todavía más la atmósfera oscura presente en anteriores entregas, retoma escenarios familiares y alterna escenas de acción y pirotecnia con conversaciones en las que se revelan detalles fundamentales para la trama. Sin embargo, los personajes secundarios apenas hacen acto de presencia, por lo que quedan unos cuantos cabos sueltos; además de que la rápida sucesión de escenas provoca que algunas pierdan el toque épico o emotivo necesario. Aun así, el guionista Steve Kloves y el director David Yates (quien imita los barridos aéreos del gran Peter Jackson para narrar las batallas) ofrecen una adaptación bastante fiel al libro, una película muy entretenida y un digno final para la saga cinematográfica.


Destaca la dirección artística, con los escenarios habituales ahora en ruinas, mientras que la banda sonora del compositor en alza Alexandre Desplat cumple y refleja el tono de cada secuencia, además de que por fin se dignan en recuperar las ya míticas composiciones del maestro John Williams, las cuales parecían haber olvidado en entregas anteriores. Respecto al reparto, del trío protagonista destaca especialmente Daniel Radcliffe, quien interpreta con convicción a Harry en sus momentos más difíciles, cuando deberá enfrentarse a su némesis y demonios interiores él sólo. Le acompañan los convincentes Rupert Grint (Ron) y Emma Watson (Hermione), junto a una serie de personajes secundarios que hacen un mero acto de presencia y apenas dan la oportunidad de lucirse a los grandes actores británicos que los interpretan: Michael Gambon (Dumbledore), Maggie Smith (McGonagall), Alan Rickman (Snape), Warwick Davis (Griphook), John Hurt (Ollivander), Emma Thompson (Trelawney), Jason Isaacs (Lucius Malfoy), Helena Bonham-Carter (Bellatrix Lestrange), David Thewlis (Lupin), Gary Oldman (Sirius Black), Timothy Spall (Colagusano), y hasta aparece Kelly MacDonald (Helena Ravenclaw). Eso sí, quien sigue sin convencerme es Ralph Fiennes como Voldemort, pues, a pesar del elaborado maquillaje y de su voz sibilante, creo que no consigue aportar al villano la presencia que el Señor de las Tinieblas necesitaría.


Como sucediera con las novelas, llegó la hora de despedirse de la saga cinematográfica de Harry Potter tras diez años en los que hemos podido disfrutar de sus exitosas entregas, adentrándonos en un mundo mágico en el que casi todo era posible. La segunda parte de Harry Potter y las reliquias de la muerte nos invita de nuevo a acompañar a los tres jóvenes magos en su lucha contra el mal, resultando una película sumamente entretenida y un digno final para unos personajes que nos acompañarán mucho tiempo.

domingo, 17 de julio de 2011

American Gods, de Neil Gaiman


Después de pasar tres años entre rejas, Sombra sale de la cárcel para descubrir que el mundo que conocía ha desaparecido. Justo entonces encuentra a Wednesday, un anciano barbudo que lo contrata como hombre de confianza en su gira por los rincones olvidados de Estados Unidos. En sus viajes, Sombra averiguará que los antiguos dioses nórdicos, celtas, egipcios e indios vinieron a América cuando aquellos que los veneraban emigraron, y que ahora han entrado en conflicto con las nuevas deidades surgidas de las tecnologías de la información. La guerra se aproxima, y Sombra deberá decidir en qué bando se posiciona.

Publicada hace diez años, American Gods es la cuarta novela de Neil Gaiman, que consiguió entrar en la lista de los libros más vendidos de The New York Times y ganó numerosos galardones, entre ellos los premios Nébula y Hugo de ciencia ficción, reportando enormes beneficios a su autor y permitiéndole cultivar el género en el que ha seguido escribiendo hasta la actualidad.

A pesar del éxito que la precedía, American Gods no me ha convencido lo más mínimo. Para empezar, la novela se construye en torno a un personaje poco (o nada) atractivo, el impasible Sombra, que no tiene ninguna peculiaridad más allá de hacer trucos con monedas y que en ningún momento toma una decisión o sale airoso de un conflicto gracias a su determinación. Este misterioso protagonista se ve envuelto en una trama que no arranca en ningún momento y que implica a las deidades de mitologías como la nórdica, la egipcia, la eslava o la norteamericana; dioses que apenas hacen acto de presencia y huyen de la brillantez con que el escritor británico ha utilizado el folclore en otros trabajos. Gaiman emplea, sin éxito, técnicas narrativas propias de escritores superventas como Stephen King o Ken Follet, por lo que no encuentra su propia voz y da lugar a una narración bastante pobre y vacía, sobre todo porque la crítica que plantea al consumismo y la inmediatez de los medios de comunicación actuales no pasa de ser un mero esbozo que deja paso a situaciones ridículas de las que el protagonista sale airoso gracias a soluciones mágicas de última hora, es decir, deus ex machina al poder.


Ni siquiera el final previsible, absurdo y anticlimático de la novela consigue despertar el interés de los lectores, quienes lo tendrán bien difícil a la hora de emocionarse y zambullirse en el universo a medio construir que propone este libro. En definitiva, American Gods resulta una novela pobre, aburrida, repetitiva en las situaciones que plantea y alejada de otros sensacionales trabajos de Neil Gaiman como las más que recomendables Coraline y El libro del cementerio.

*Recientemente, el canal HBO manifestó su interés en realizar una serie de televisión inspirada en la novela. Espero que se centre en explorar y desarrollar las posibilidades del mundo de American Gods y no tanto en su irrisorio argumento.