domingo 29 de noviembre de 2009

Tras los pasos de Peter Griffin

A estas alturas, la serie Padre de Familia ha cosechado numerosos éxitos en sus más de 100 capítulos, a lo largo de los cuales ha tenido ocasión de hacer gala de los gags más disparatados, irreverentes y ácidos con la sociedad actual, dejándonos unos cuantos momentos memorables. Sin embargo, algunas veces la serie cambia el tono y se adentra en el terreno del mal gusto, donde priman los golpes, vómitos e insultos por encima del ingenio, sobre todo en sus últimas temporadas. Ante esta situación llega próximamente Something, Something, Something, Darkside, la continuación de la adaptación que Peter y compañía nos ofrecieron anteriormente de la saga de Star Wars y que promete tantas carcajadas como la primera parte al mezclar tan mítico universo con las bromas propias de la serie.



Dado el éxito de su creación, Seth McFarlane desarrolló otra serie de animación que seguía el esquema de Padre de Familia, American Dad, en la que tiene oportunidad de despotricar a gusto acerca de asuntos políticos pero que se queda a años luz de las desventuras de la familia de Quahog. Aun así, McFarlane y su equipo han vuelto a la carga y han intentado emular el éxito de los Griffin con The Cleveland Show; en la que el amigo Cleveland Brown decide formar una nueva familia en otra ciudad, encontrándose con un buen número de variopintos personajes. Una serie desenfadada, con algunos momentos divertidos, que sin embargo poco o nada aporta al repetir esquemas ya empleados.



Ante la dureza de los mencionados capítulos de Padre de Familia, el ex-guionista de esta serie Dan Povenmire decidió crear un producto apto para el público infantil que contuviera guiños absurdos y unas cuantas referencias para adultos, naciendo así Phineas y Ferb. En ella nos presenta las disparatadas aventuras de un par de niños con mucha imaginación, siguiendo todos los capítulos una estructura bien definida con bromas recurrentes al mismo tiempo que nos ofrece canciones tan delirantes como esta I ain't got rhythm, al más puro estilo de la Shipoopi que cantara Peter Griffin.

martes 24 de noviembre de 2009

2012: El mundo llega a su fin


A lo largo de la historia del cine no han sido pocas las películas que han recreado el fin del mundo de las formas más dispares: puede que los alienígenas destruyan todo rastro de civilización como en La Guerra de los Mundos, la humanidad quizá se vea amenazada por un virus que transforma en vampiros o zombis a las personas como en Soy Leyenda o 28 Días Después, un meteorito y otras fuerzas naturales son capaces de barrernos del mapa con facilidad al estilo Deep Impact o El Día de Mañana; y, si conseguimos salvarnos de todo esto, ya nos encargaremos nosotros mismos de exterminarnos unos a otros y provocar un futuro similar al de Mad Max o El Planeta de los simios.

Puede decirse que el director Roland Emmerich se ha especializado en este tipo de catástrofes y alterna películas más aventureras como Stargate o El Patriota con otras puramente apocalípticas: la mencionada El Día de Mañana y la que hoy nos ocupa, 2012. En esta ocasión (y en un tiempo récord, apenas año y medio después del estreno de 10.000), el director alemán une fuerzas con su compositor habitual para escribir un guión que recoja las profecías mayas acerca del fin del mundo en el cada vez más cercano 2012 y sus devastadoras consecuencias, con una leve explicación científica de la situación.

A lo largo de más de dos horas y media, los espectadores somos testigos de la completa destrucción del mundo por terremotos, tsunamis y explosiones de volcanes; cortesía de los asombrosos efectos especiales de 2012, que constituyen el mayor reclamo de esta película y justifican su visionado en una pantalla de cine. A pesar de su duración y la abundancia de tópicos propios del género, la película consigue entretener; sobre todo en los momentos iniciales, llevados con pulso y humor y que dan paso a un final un tanto desinflado, totalmente opuesto al de la recién estrenada Señales del Futuro. Además, y como era de esperar, el filme destila cierto patriotismo que suele acompañar a este tipo de producciones y, por tanto, no desentona.


El reparto de esta catástrofe final para el planeta Tierra cumple con su función y consigue representar a los arquetipos propios de estas películas: a la disfuncional familia protagonista con el solvente John Cusack a la cabeza y Amanda Peet (quien ya coincidió con Cusack en Identidad) se le unen políticos interesados como el que interpreta el secundario de lujo Oliver Platt, científicos preocupados (Chiwetel Ejiofor, todo un American Gangster), presidentes afroamericanos con hijas comprometidas socialmente (Danny Glover y Thandie Newton, ligada a la política desde encarnar a Condoleezza Rice en la fallida W.), lunáticos con más razón que un santo (el siempre sorprendente Woody Harrelson) y muchos otros ricachones que se preocuparán por su futuro y dejarán de lado a la raza humana.

2012 resulta una película entretenida, especialmente por sus abrumadores efectos especiales, aunque un tanto tópica. Respecto al alarmismo que pueda desencadenar, seguramente habrá que dar la razón al mismísimo John Cusack, quien afirmaba en una entrevista reciente que sería bastante extraño que el mundo no terminase dada la importancia que se da hoy en día a la telebasura y otras mentiras de mayor calibre, dejando de lado todo aquello que realmente importa.


Finalmente, me gustaría agradecer la mención del compañero Néstor de El Cine de Hollywood a este humilde blog al entregarnos el Premio Escrito de Oro.

lunes 16 de noviembre de 2009

Chuck: Momentos que dejan huella

Recientemente tuve ocasión de descubrir la serie Chuck, de la que me habían hablado anteriormente, y me sorprendió hasta límites insospechados. La historia nos presenta al joven Charles Bartowski, que trabaja como informático en Buy More (una especie de Media Mark) y de la noche a la mañana se ve envuelto en asuntos de la CIA relacionados con las más dispares vertientes del espionaje.

Desde este momento su vida nunca volverá a ser igual, y a lo largo de la serie seremos testigos de cómo esta nueva situación afecta a sus relaciones con viejos amigos como Morgan, su familia, empleados de la tienda y nuevos compañeros (los distinguidos Sarah y Casey). Así, poco a poco conocemos a un grupo de personajes de gran corazón, cada uno con sus peculiaridades pero siempre dispuestos a hacernos reír ya sea en situaciones cotidianas o en las más disparatadas.
Y es que Chuck resulta una comedia de enredos brillantemente construida, en la que todo se complica cada vez más de forma inesperada; fresca y bien interpretada, que incluso cuenta con cameos de otros actores del mundo de las series como Dominic Monaghan (alias Charlie en Perdidos) o el antiguo padre de Cosas de casa.
Además, no le faltan momentos tan emotivos como el que acompaña a estas líneas (no me impactaban tanto desde que descubriera los primeros episodios de Cómo conocí a vuestra madre) y que, a la espera del estreno de su tercera temporada a comienzos del próximo año, hacen de Chuck una serie de lo más recomendable.


miércoles 11 de noviembre de 2009

The Box: Botón, botón


En 1976, la situación económica de Norma y Arthur Lewis empeora hasta el punto de poner en peligro su matrimonio. Justo en este momento, el enigmático y desfigurado Arlington Stewart se presenta ante su puerta con una oferta tentadora: un millón de dólares a cambio de pulsar el botón de una misteriosa caja, lo cual provocará la muerte inmediata de una persona a la que no conocen. Desde el instante en que la caja entra en sus vidas nada volverá a ser igual para el matrimonio Lewis, quienes deberán enfrentarse a extraños sucesos que desafían toda lógica.

Richard Kelly, responsable de Southland Tales y Donnie Darko (película que en su estreno gozó de escasa acogida pero que se ha convertido en un referente de la ciencia ficción actual con el paso del tiempo) vuelve con una propuesta arriesgada y un tanto excéntrica como es The Box. A partir de un relato breve de Richard Matheson (autor de Soy Leyenda) en que un matrimonio debe decidir si acepta o no la oferta de un extraño y pulsa el botón de un simple terminal, Kelly ejerce de guionista y director para desarrollar una historia que reflexiona sobre el egoísmo y la avaricia mezclada con ciencia ficción y una buena dosis de terror; todo ello ambientado en un pasado cercano. Como ya es habitual en sus trabajos, esta mezcla de géneros supone uno de los mayores aciertos de este realizador, que sin embargo suele producir un rechazo inicial en los espectadores.



Con estos ingredientes, The Box puede resultar una película complicada para el público, que deberá atar cabos poco a poco con las crípticas pistas que son reveladas a medida que avanza el filme para así poder descifrar los misterios que rodean a la caja y a todo lo relacionado con el mundo en que se mueven los protagonistas. Kelly consigue mantener la tensión a lo largo de sus casi dos horas de duración con escenas de lo más desconcertantes, a lo que también contribuye una acertada y ecléctica banda sonora.

Al frente del reparto nos encontramos con Cameron Díaz en un papel poco convincente al tenernos acostumbrados a tantas comedias; si bien la acompaña James Marsden (alias Cíclope), actor más que solvente que demuestra una vez más su valía. Curiosamente, Marsden trabaja de nuevo con uno de sus compañeros en Superman returns: el mismísimo Frank Langella, quien destaca por su interpretación del misterioso Arlington Stewart, personaje clave en la trama que guarda cierto parecido con el capitán Daimio de ADIP.


The Box nos presenta una historia un tanto extravagante que, con la ciencia ficción como fondo, plantea diversas cuestiones acerca de la ambición humana, ciertas convenciones sociales y el poder de la ciencia a través de varios símbolos que aparecen a lo largo del filme y encajan al final. ¿Quién se atreve a pulsar el botón?

lunes 9 de noviembre de 2009

The Marvels Project: El nacimiento de una era


Con motivo del 70 aniversario de la Casa de las Ideas la colección de 8 números The Marvels Project llegó al mercado para rendir homenaje a la famosa editorial, más concretamente a sus orígenes a finales de los años 30, siendo los elegidos para esta tarea el equipo formado por Ed Brubaker, Steve Epting y Dave Stewart, quienes tanto han sorprendido con su etapa en Capitán América.

El guionista Ed Brubaker tiene ocasión de desarrollar una historia compleja en que el protagonista, el Doctor Halloway, es testigo de numerosos cambios en el mundo que le rodea hasta el punto de decidir formar parte de ellos. Así, en las páginas de The Marvels Project se desatará la Segunda Guerra Mundial con ambos bandos luchando por crear los supersoldados del futuro, la ciudad de Nueva York sufrirá las consecuencias del nacimiento de los superhéroes en tiempos difíciles y aparecerán multitud de personajes ya conocidos como Namor, La Antorcha Humana original, Nick Furia o Steve Rogers. Todo ello narrado teniendo en cuenta el futuro que espera a este universo en expansión, complicando la trama con científicos que juegan a dos bandos o realizando pequeños guiños como la inclusión del bar de Josie y su famosa cristalera.

Sin duda alguna, si algo destaca más que su curioso guión es el apartado gráfico, en el que podemos disfrutar de un Steve Epting en estado de gracia. Este dibujante tiene ocasión de desplegar todo el arsenal que ya dejó entrever en algunos flashbacks de Capitán América para retratar a la perfección una época convulsa, haciendo uso de su estilo realista con marcados claroscuros y logrando una ambientación única a la que contribuyen los colores del siempre genial Stewart.



Aún es pronto para juzgar esta serie, dado que sólo han salido a la luz los tres primero números, pero por el momento The Marvels Project plantea una acertada puesta al día del origen de tan emblemáticos personajes y cuenta con el equipo más adecuado para rendir tan señalado homenaje.

sábado 31 de octubre de 2009

Whatever Works: Si la cosa funciona...

La vida del genio Boris Yellnikoff sufrirá un giro inesperado justo cuando menos se lo espera. Este brillante profesor de Física, misántropo, neurótico e hipocondríaco tendrá que aprender a convivir con la ingenua Melody, una chica de pueblo sureña que se ha escapado a la Gran Manzana en busca de aventuras, y deberá desarrollar una nueva filosofía de vida ante las complicaciones que se le vayan presentando. Al final, mientras la cosa funcione, lo mejor será disfrutar de ella.

Después de su gira europea, compuesta por aciertos (Scoop) y filmes discutidos (Vicky Cristina Barcelona), Woody Allen regresa a su Nueva York natal con una comedia en la que retoma todas las características que le han dado la fama. A través del personaje de Boris (nuevo álter ego que bien podría haber interpretado el propio Allen), el director y guionista expone su particular filosofía, que tantas veces nos ha mostrado en pantalla y que él mismo ha puesto en práctica. Así, en esta película se tratan temas como la ambiguedad en el amor (la relación entre los protagonistas recuerda a la que ya apareciera en Manhattan), lo imprevistas que resultan las casualidades o lo absurdo que puede llegar a ser plantearse determinadas cuestiones acerca de la vida y la muerte.

Una vez más, el director de Brooklyn hace gala de sus peculiares técnicas narrativas, por lo que a lo largo del filme el protagonista rompe la cuarta pared en no pocas ocasiones y se dirige a los espectadores dando lugar a divertidas situaciones e ingeniosos monólogos como el inicial; momentos en los que queda demostrado (por si era necesario) el talento de Allen como guionista. De esta forma, los ágiles diálogos constituyen el mayor acierto de esta película, con un buen número de bromas sobre la ciencia y la estupidez humana.



En cuanto al reparto, los actores están correctos, si bien no llegan a profundizar demasiado en los personajes al tratarse de una película fundamentada en las ingeniosas conversaciones que mantienen. Destacan el cómico Larry David en el papel del malhumorado Boris y Evan Rachel Wood (a quien ya vimos este año en El Luchador) como la inocente Melody, que será, junto a su madre, quien más cambios sufra a lo largo de la película (algo común en las mujeres de Allen que ya quedó demostrado en Annie Hall).

Se agradece que la acción se desarrolle en la Nueva York actual, lo que supone una vuelta a los orígenes tras la gira europea y da lugar a varias escenas en las cuales queda patente la diversidad cultural de tan emblemática ciudad. Como es habitual, la banda sonora está compuesta por piezas de música clásica que encajan con las numerosas coincidencias que se suceden a lo largo del filme.



En su conjunto, Whatever Works resulta una comedia divertida e ingeniosa, con personajes pintorescos que sirven a Woody Allen para expresar sus proios puntos de vista e inquietudes acerca de distintos temas. Tras este regreso a sus comienzos, el director prepara una nueva película en Londres, You Will Meet A Dark Stranger, que contará con un reparto de lo más variado en el que se encuentran Sir Anthony Hopkins, Antonio Banderas o Naomi Watts. Veremos si la cosa funciona.

miércoles 21 de octubre de 2009

Batman R.I.P. (I): La caída del murciélago


Tras los sucesos de Un año después y el regreso de Batman y Robin a Gotham, Paul Dini nos presenta la faceta más detectivesca del señor de la noche en Detective Comics, mientras que el testigo de Batman cae en manos de un conocido guionista en el panorama actual: Grant Morrison.

Como ya hiciera durante su etapa en X-Men, el escocés llega para revolucionar la colección, mostrando número a número las piezas de un puzzle que evoca épocas pasadas y tendrá trágicas consecuencias. De esta forma, Morrison introduce pistas en realación al asunto Zurenarrh desde el primer arco argumental, Batman e hijo, en el que nos presenta al personaje de Damian, quien será de vital importancia para el hombre murciélago en el futuro más cercano.

Bruce Wayne no lo tendrá nada fácil, y como ya le ocurriera en situaciones anteriores se verá forzado hasta el límite por nuevos enemigos que despiertan sus miedos más profundos y suponen amenazas de las que nada sospecha, como resultan ser los tres fantasmas que pondrán en peligro su vida (al más puro estilo de los fantasmas de las Navidades pasadas, presentes y futuras) o el misterioso Guante Negro. Con estos elementos y continuas referencias a episodios olvidados del personaje (respetando la continuidad hasta límites insospechados), Morrison desarrolla una sucesión de situaciones extravagantes que lleva al protagonista hacia un lógico e inevitable final, dadas las circunstancias.

En el apartado gráfico, el guionista escocés ha estado más que bien acompañado con la presencia de Andy Kubert en los primeros números de la colección, la breve aparición de J.H. Williams III para una historia que requería sus peculiares composiciones y finalmente con el trabajo de Tony Daniel, quien combina de modo efectivo las versiones de Batman desarrolladas por Jim Lee y el mencionado Kubert, dándole a Gotham el toque oscuro necesario.


Se aproxima la esperada saga Batman R.I.P., pero tras ella el ritmo no decae en absoluto: la siguen un sentido homenaje al personaje por parte de Neil Gaiman, una completa reestructuración del universo del murciélago y la más que recomendable Batman & Robin. Definitivamente, Morrison ha puesto patas arriba el mundo del Batman.