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jueves, 12 de marzo de 2015

Daredevil: Guía de lectura

Netflix, la plataforma de televisión online, no deja de sorprendernos a los espectadores con sus nuevas y rompedoras propuestas: primero llegaron House of Cards y Orange Is the New Black, que se ganaron el beneplácito del público y de la crítica, y después han ampliado su catálogo adentrándose en géneros como el terror (Hemlock Grove), la comedia (la secuela de Arrested Development) y la ficción histórica (Marco Polo). En 2015 llegan dos nuevas apuestas del cada vez más prestigioso canal, en concreto Bloodline, una saga familiar mezclada con elementos negrocriminales, y Daredevil, la adaptación del cómic de Marvel que supone una nueva fase en el ambicioso plan de hacer que todos los héroes posibles de la Casa de las Ideas converjan cine. Pero ¿quién es Daredevil?


Estamos ante un personaje secundario de Marvel, en comparación con Spider-man, el Capitán América o los X-Men, pero no por ello menos querido. Nació hace cincuenta años, cuando, debido al éxito abrumador de The Amazing Spider-man, Stan Lee recibió el encargo de crear otra serie dedicada a un acróbata solitario. Así nació Matt Murdock, el abogado ciego que combate el crimen en la Cocina del infierno de Nueva York gracias a sus sentidos superdesarrollados. Sus primeros cómics fueron un trasunto de las aventuras del lanzarredes, y bastante bochornosos, pero con la llegada del dibujante Gene Colan a la colección, Murdock vivió su primera gran etapa. Leídas cincuenta años después, las historias del dúo formado por Lee y Colan resultan bastante rocambolescas y absurdas; por ejemplo, Matt Murdock se inventó que tenía un hermano llamado Michael para que nadie sospechase que él mismo se vestía de vigilante en sus ratos libres, llegó a fingir su propia muerte y a intercambiar cuerpos con el Dr. Muerte sin que el villano se percatara de sus poderes. Eso sí, durante esta etapa se afianzó el universo del personaje, con secundarios como Foggy Nelson, Karen Page y una galería de villanos formada por el Búho, el Zancudo, el Superespecialista, Mr. Miedo, Gladiador y el Bufón, que años después siguen dando juego.


El personaje cayó en desgracia y, a principios de los 80, un joven Frank Miller llegó a la serie de Daredevil para hacer historia del cómic. Las tramas se volvieron adultas y se decantaron por la vertiente negrocriminal, mezclada con elementos ninja. El personaje de Elektra irrumpió con fuerza y Bullseye y Kingpin se alzaron como los archienemigos del protagonista. Miller revolucionó la serie y nos dejó multitud de historias para el recuerdo, por ejemplo los duelos contra Kirigi y los ninjas de la Mano, el episodio de las alcantarillas, las guerras de bandas, el órdago de Bullseye contra DD y el número en el que ambos juegan a la ruleta rusa. Este guionista y artista volvió poco después para cerrar su etapa con la mítica saga Born Again y revisitó al personaje en las novelas gráficas Elektra Lives Again y El hombre sin miedo. De los cómics que te marcan y te cambian la vida.


Frank Miller era irreemplazable en Daredevil, así que, conscientes de ello, los autores que recogieron el testigo optaron por seguir su propio camino y no imitar al creador de Sin City. La guionista Ann Nocenti escribió una etapa atípica a finales de los 80 en la que le pasaba de todo a Matt Murdock: volvía a vérselas con Kingpin y con su nueva asesina a sueldo, María Tifoidea, pero también se enfrentaba a los demonios que los X-Men despertaron en Inferno y recorría parte de Estados Unidos en episodios de marcada denuncia social. La propuesta funcionó, más todavía al contar con John Romita Jr., quien acababa de salir de la Patrulla X y, a los lápices de Daredevil, firmó uno de los mejores trabajos de su carrera.


Las siguientes etapas del personaje deambularon entre la imitación del tono de Miller y la búsqueda de historias desenfadadas. Con el nuevo milenio, se apostó por un golpe de efecto que sacudiera la vida del personaje y su colección se incluyó en la línea Marvel Knights. Allí desembarcó Brian Michael Bendis en una longeva estancia que se alejó del tono superheroico y llevó al vigilante a los ambientes sórdidos de los bajos fondos. La etapa resulta demasiado larga en conjunto y también puede que sea un poco exagerado todo lo que le sucedió a Murdock, pues tuvo tiempo de casarse, de que le quemaran vivo, descubrieran su identidad secreta y de que le dieran innumerables palizas (se convirtió en el Batman de Marvel, todo lo malo le pasaba a él). Aun así, hay que reconocer el buen gusto por el género negro de Bendis y la visión que ofreció de Kingpin y Bullseye, además de la parte gráfica a cargo de Alex Maleev.


Bemdis marcó el rumbo que seguir con los cómics de Daredevil, hasta que en 2011 Mark Waid heredó la serie. Este reputado guionista apostó por una vuelta a los orígenes superheroicos y coloridos del personaje, sin olvidarse por completo de su marcado componente negrocriminal. Tras un comienzo titubeante, historias como las dedicadas a la excursión a la nieve o al plan del Hombre Topo nos llegaron al alma a los lectores y nos demostraron que estábamos ante un cómic exigente y maduro, lo cual confirmó la incorporación de Chris Samnee a la colección en calidad de dibujante regular. Juntos, Waid y Samnee han conseguido mezclar ambas vertientes del personaje a la perfección, traer de vuelta a viejos enemigos, plasmar juicios interesantes y explorar la relación entre Murdock y su mejor amigo, Foggy Nelson. Estamos, pues, ante un clásico moderno del cómic, a la altura del Capitán América de Ed Brubaker o de los setenta primeros números de Los muertos vivientes


Este repaso nos lleva al presente y al inminente estreno de la serie de Netflix dedicada al personaje. Por lo visto en el tráiler y en los avances, no apostarán por el estilo de la etapa de Waid y Samnee, sino más bien por el toque de género negro que han explorado autores como Miller y Bendis. Tampoco podemos olvidarnos de que Matt Murdock y compañía ya contaron con su adaptación al cine, la irregular película de 2003 con Ben Affleck de protagonista y Colin Farrell haciendo de Bullseye. Sea como fuere, podemos estar tranquilos: Daredevil seguirá protagiendo la Cocina del infierno del submundo criminal.




viernes, 13 de febrero de 2015

Como un fénix... Cómics

Si la semana pasada repasábamos el cine del último tercio de 2014, hoy toca hablar de otro de los temas estrella de este blog: los cómics. Echaremos un vistazo al panorama de varias editoriales y de lo que he podido leer de ellas, empezando por las propuestas de las dos casas más grandes para continuar con propuestas más modestas e interesantes.


Marvel
La conocida como la Casa de las Ideas puede que nos tenga a todos contentos con su creciente y divertido universo cinematográfico, pero su propuesta editorial deja cada vez más que desear. Los marcoeventos se han convertido en la norma, y de ser algo excepcional han pasado a un mínimo de dos al año, a cada cual más absurdo y vomitivo: Pecado original, Axis y en 2015 nos espera un refrito de las Secret Wars. Muy bien. Se da la tendencia general de que, mientras que las grandes series se ven trastocadas por este tipo de planes, son las más pequeñas y sencillas, aquellas por las que nadie apostaba, las que brillan en el plano creativo y hacen las delicias de los lectores, como las cabeceras recién estrenadas dedicadas al Hombre hormiga y a la Chica ardilla. Mientras el resto de títulos vengadores resultan soporíferos, los Imposibles Vengadores de Rick Remender y del dibujante Daniel Acuña concluyen una saga prolongada que recuerda al tono épico y fatalista de Días del futuro pasado y que conecta con los sucesos de sus etapas en Imposibles X-Force y Vengadores Secretos. Se funden las posibilidades de las mitologías mutante y vengadora y Acuña alcanza su cénit artístico.


La renovación mutante comenzada por Jason Aaron y Brian Michael Bendis ha llegado a su fin. El primero concluyó su ya mítica etapa en Lobezno y la patrulla X de forma más que satisfactoria para luego empezar una nueva cabecera, La asombrosa Patrulla X, resucitar a Rondador Nocturno y huir de mala manera a los seis números. Mientras tanto, Bendis nos contentó a todos con las jugada de traer a los cinco mutante originales al desfigurado presente, pero este truco ya se ha estirado hasta la saciedad y resulta demasiado cargante. 

Por suerte para Daredevil, Mark Waid llegó a la serie y decidió abandonar la faceta oscura que había convertido al cuernecitos en el sufrido Batman de Marvel. Waid escribe historias de corte superheroico (con sus buenas dosis de oscuridad), desarrolla la vida personal de Matt Murdock y nos entrega una etapa memorable junto a los lápices de Paolo Rivera, Marcos Martín y, sobre todo, Chris Samnee. Historias como la del Hombre Topo o la venganza a fuego lento de un viejo enemigo demuestran que es un cómic que de verdad merece la pena leer.


Otro cómic que va a su aire es Ojo de Halcón. Matt Fraction deja de lado la vida de Clint Barton como vengador y se centra en sus enredos personales, con ecos del Peter Parker de los ochenta. Nos cuenta también las desventuras de Kate Bishop, la joven arquera, y de paso brinda a David Aja la posibilidad de jugar con la narrativa y dibujar locuras tan divertidas como el número dedicado al perro.

Mientras tanto, Spider-man hace años que dejó de ser el personaje que yo conocía y los Guardianes de la galaxia protagonizan una serie bastante pobre escrita por Bendis, a años luz del trabajo de Abnett y Lanning que redefinió al grupo estelar.

DC
Desde el reinicio de los nuevos 52, como universo de cómics carece de cohesión alguna. Los nuevos títulos aparecen y con frecuencia son cancelados, pero hay algunas cabeceras que destacan por sus tramas o como mero divertimento, como Harley Quinn. El caballero oscuro celebra sus setenta y cinco años con una serie semanal centrada en Gotham, Batman Eternal, mientras que vive aclamadas etapas gracias a Scott Snyder y Greg Capullo en Batman y a  Buccelato y Manapul en Detective Comics, con las que espero ponerme al día pronto. El hombre de acero protagoniza una correcta etapa en Superman gracias a Geoff Johns y John Romita Jr. en su primer trabajo fuera de Marvel en muchos años, y parece que Grant Morrison va a poder hacer de las suyas en Multiversity


En cuanto al sello Vértigo, es un mero eco de lo que fuera durante los noventa, si bien destacan Hermano Lono, el sangriento spin-off de 100 balas, y la mezcla entre terror y ciencia ficción de El resurgir, de Snyder y Sean Murphy.


Image
Su modelo basado en publicar cómics y dejar que sean los propios autores quienes mantienen los derechos de sus personajes continúa dando sus frutos en una etapa dorada de cómics creativos y transgresores, como algunos de los que recomendamos a continuación.


Brian K. Vaughan y Fiona Staples nos deslumbran en Saga, la mulitpremiada odisea espacial de corte iconoclasta, violenta y muy divertida en la que destacan unos personajes con los que no nos cuesta simpatizar. Otra serie espacial que acaba de comenzar es Copperhead, pero su premisa ya ha cautivado a muchos, pues se trata de una inspectora de policía que llega a un enclave minero alienígena a investigar los crímenes que se cometen en una comunidad cerrada y repleta de oscuros secretos. 

El terror es otro de los géneros cultivados con más mimo por Image. Destacan el final de Fatale y el comienzo de la nueva serie del tándem Brubaker-Phillips, The Fade Out; el comienzo de Wytches, una versión macabra de Las brujas de Roal Dahl, cortesía de Scott Snydery Sean Murphy; y Outcast, acerca de una epidemia de posesiones demoníacas y del elegido para detenerlas. Robert Kirkman continúa con Los muertos vivientes y arranca una nueva e interesante etapa tras el final anticlimático de la guerra abierta contra Negan.

Bastante más particulares resultan propuestas como Southern Bastards y Sex Criminals. La primera es un cómic ambientado en un diminuto pueblo de Alamaba que nos habla del peso del pasado, un tebeo duro, violento y oscuro. La segunda es la alocada apuesta de Matt Fraction y Chip Zdarsky acerca de una joven pareja que puede detener el tiempo mientras hace el amor, ocasión que aprovechan para robar todo lo que pueden. Tiene el lujo de haber sido reconocido como uno de cómics de 2014 en varios medios.


Cómics en línea
Cada vez surgen propuestas más interesantes (y de mucha calidad) que exploran las posibilidades del soporte digital, como por ejemplo The Dreamer, de Lora Innes; Polar, de Víctor Santos, y The Private Eye, el producto estrella de la iniciativa Panel Syndicate, de Brian K. Vaughan y Marcos Martín.


Y vosotros, ¿qué cómics actuales recomendáis?

lunes, 2 de febrero de 2015

Como un fénix... Cine

El blog no atraviesa su mejor momento. El último año no ha sido especialmente prolífico en cuanto a nuevas entradas, recomendaciones, reseñas ni artículos, por mucho que me haya propuesto preparar varios especiales. Las ganas de escribir en esta bitácora seguían presentes, pero la hora de sentarse frente al teclado brillaba por su ausencia. Tampoco ha ayudado el estado precario de la blogosfera, herida de muerte desde hace años. Se echan de menos las bitácoras de amigos que se dedican a algo más que a colgar enlaces de noticias. Yo mismo he sido testigo de la desaparición de varias webs hermanas y, finalmente, de un prolongado descanso de la propia. Por suerte, todavía quedan personas como Néstor, Eowyn o Yota, dispuestas a dar lo mejor de sí mismas en sus respectivos espacios.


Llegó el día 27 de enero de 2015 y se cumplieron siete años desde que creara este modesto blog. No tenía nada preparado para la ocasión, ningún especial como las colaboraciones de 2013, así que, ¿qué menos que intentar darle un poco de nueva vida? No sé cuánto durará, si estamos ante el último aliento de la bitácora o si de verdad ha vuelto para quedarse. Por el momento, comencemos con un repaso a las películas, los cómics y las series que he podido disfrutar durante los meses de inactividad bloguera:


·El niño: Los responsables de la recomendable Celda 211, hito del cine español, regresan con una nueva película de género policíaco. Daniel Monzón y su equipo nos cuentan una historia de ambición enmarcada en un contexto conocido por todos pero del que no le gusta hablar a nadie, como es el narcotráfico en el estrecho de Gibraltar. La película cuenta dos historias entrelazadas, la de un policía tenaz y la de un joven que quiere hacerse un nombre pasando droga. Esta última resulta bastante tediosa, en buena parte por la nula experiencia de los jóvenes actores protagonistas y por su historia repleta de topicazos. Compensa con la trama policíaca, protagonizada por el gran Luis Tosar (a quien le han calzado un inexplicable peluquín), y con su desenlace.


·La entrega: Nueva adaptación de una obra de Dennis Lehane a la gran pantalla, que nos brinda resultados excelentes. La narrativa del escritor de Boston nos ha dejado joyas cinematográficas como Mystic River, Shutter Island y Adiós, pequeña, adiós y La entrega se alza como un diamante en bruto. Nos cuenta la historia de cuatro personajes relacionados con los trapicheos de la mafia rusa de Brooklyn, un retrato preciso que guarda un par de sorpresas finales y un desarrollo de personajes creíbles y humanos. Las casi dos horas de metraje hacen que se resienta un poco el resultado final, pero la película compensa con una puesta en escena austera y con el sólido trabajo de Tom Hardy, Noomi Rapace y el último papel del gran James Gandolfini.


·Perdida: La última sensación de la novela negra llega al cine de la mano de un experto. David Fincher se basa en el guion de la propia novelista, Gillian Flynn, para narrarnos una retorcida historia de crimen, celos, control, venganza y también de amor. Nos deja una puesta en escena brillante, con secuencias oscuras como las protagonizadas por Neil Patrick Harris o por los medios de comunicación, una nueva banda sonora de Atticus Ross y Trent Reznor para nuestro disfrute y nos redescubre a la actriz Rosamund Pike.


·Las tortugas ninja: En mayo de 2014 se cumplieron treinta años del nacimientos de estos iconos de la cultura popular, que ahora viven un nuevo renacer gracias a sus cómics y serie de animación. No podía faltar la adaptación cinematográfica de turno, que mezcla la pirotecnia desmedida de la factoría de Michael Bay con el humor y el heroísmo de Los Vengadores (hasta el malo se sube a una torre neoyorkina para ejecutar su plan final). La película en sí apenas vale un pimiento, pero funciona como entretenimiento y, sobre todo, como homenaje a las creaciones de Peter Laird y Kevin Eastman y su mitología, que aquí lucen cuerpos hipermusculados.


·The Equalizer (El protector): Denzel Washington se reúne con el director Antoine Fuqua años después de Training Day y juntos filman un bodrio de proporciones cósmicas. Se trata de la adaptación de una antigua serie de televisión acerca de una especie de Castigador que arregla entuertos a tiros en su pequeña comunidad de Boston. Lo que empieza como una película desenfada y violenta da paso a un rollo absurdo de dos horas y media.


·La isla mínima: Tras la acción policíaca de Grupo 7 (que por desgracia sufrió los rebuznos de Mario Casas), Alberto Rodríguez se atreve con un thriller negro ambientado en la cuenca del Guadalquivir. Una película absorbente, negra, retorcida y ambigua que ofrece interesantes reflexiones acerca de la España rural, del poder y de la naturaleza de la maldad. Consigue mantener en vilo y aterrar. La mejor película española que he visto en años.


·Interstellar: Tras rematar la trilogía de Batman con un pestiño, Christopher Nolan vuelve con una odisea de ciencia ficción acerca de los últimos días de la humanidad en la Tierra y de la búsqueda de nuevos mundos que habitar. Se agradece que escriba su propia historia y que resulte entretenida durante sus casi tres horas de duración, pero se queda lejos de sus obras más redondas hasta la fecha y tampoco ofrece la catarsis que muchos de sus seguidores acérrimos esperaban. Se trata de una historia de ciencia ficción espacial digna, sin más, que homenajea al 2001 de Kubrick en varios aspectos y que peca de grandilocuente. Se agradece ver por la pantalla a unos correctos Matthew McConaughey, Jessica Chastain y Matt Damon. Ojalá Nolan apueste por un proyecto más comedido y redondo que le vuelva a sus orígenes, tipo Memento.

¿Y qué hago yo metido en esto?
·El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos: Un despropósito de principio a fin difícil de digerir. La primera parte de la trilogía de las precuelas de ESDLA resultó entretenida y nos ganó por la nostalgia de la saga madre, la segunda ya se hacía bastante infumable con tantas escenas sacadas de la manga, como la basura de la ciudad del lago o de los enanos volando por el interior de la Montaña Solitaria. Guardaba la esperanza de que la última entrega supusiera un cierre digno, pero duele ver una película repleta de escenas intrascendentes, de personajes que desparecen, de otros recién salidos de la chistera a los que se les da protagonismo porque sí y de un exceso de efectos digitales que da vergüenza ajena y que incluso reemplazan a actores de carne y hueso, como Billy Connolly. Partimos de un error de concepto, pues para adaptar una amable y entrañable novela de fantasía, Peter Jackson y su equipo han optado por una saga de tres películas larguísimas que busca a tientas la trascendencia de la trilogía original. Tenemos a un nuevo George Lucas, capaz de pervertir la emblemática saga que lo encumbró. Hasta cuenta con su propio Jar Jar Brinks, un tal Alfrid que ni se asomaba por la novela de Tolkien.


·Big Hero Six: Recordemos que, en su afán por conquistar el mundo del entretenimiento, Disney se hizo con los derechos de Marvel y de Lucasfilm. Ahora han rescatado a un pseudoequipo de superhéroes japoneses que nació en la oscura Marvel de los noventa y lo han adaptado para conseguir una versión animada de Los Vengadores. No en vano, la película mezcla el tono de la película de Joss Whedon (el villano comparte la fascinación de Loki por los portales interdimensionales y tenemos una especie de Iron Man) con el estilo de ¡Rompe Ralph!, con cameo de Stan Lee mediante. La fórmula funciona y nos brinda un entretenimiento digno y apto para todos los públicos. 

Próximamente, cómics.

sábado, 20 de septiembre de 2014

Cómic en negro: Grima

Oxel Karnhus, un detective privado en horas bajas, recibe una inesperada llamada de su antigua novia de la universidad, quien le ruega que investigue el suicidio de su hijo. Por los viejos tiempos, Oxel revivirá los últimos días del joven e intentará llegar al fondo de una serie de suicidios encadenados.

Comenzamos una nueva sección en el blog, dedicada a uno de mis géneros favoritos, el negrocriminal, que tantas grandes experiencias nos ha dejado en los campos de la literatura y del cine. En ella hablaremos de diversas obras del noveno arte pertenecientes al mundo del crimen, los detectives privados y las mujeres fatales, al estilo de Sin City, de Frank Miller, o de 100 Balas, de Azzarello y Risso. 

En nuestra primera entrega tenemos Grima (The Creep), que pude leer gracias a la gentileza de Yota. Se trata de una miniserie de cuatro números que surgió de una historia breve publicada en la antología Dark Horse Presents. El guionista John Arcudi (AIDP) se une al dibujante Jonathan Case (Batman '66) para contarnos el caso que investiga Oxel Karnhus, antiguo policía de Nueva York que abandonó el cuerpo debido a la enfermedad de gigantismo que padece. Ahora se dedica a pequeños trabajos y escuchas, hasta que un antiguo amor le suplica que investigue el extraño suicidio de dos jóvenes. Esto llevará a Oxel al límite de su condición física y de su estado emocional, pues rebuscará en heridas pasadas y encontrará historias que le cambiarán para siempre.


Grima es una pequeña gran lectura, un cómic en apariencia sencillo y modesto que esconde una trama honda y profunda. Un misterio que bucea en el patetismo del alma humana, las viejas heridas y el peso de las oportunidades perdidas. Su lectura no deja indiferente, y la atmósfera decadente y melancólica se respira en cada página envuelve el relato gracias a la cuidada narración de Arcudi y a la narrativa gráfica de Case, de un estilo escueto pero revelador.

La edición española de Grima corre a cargo de Planeta DeAgostini, y cuenta con las portadas de artistas como Ryan Sook, Mike Mignola y Frank Miller. Una modesta obra redonda.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Mob City: Pequeña gran serie


A finales de los años 40, el veterano de la Segunda Guerra Mundial Joe Teague vuelve a Los Ángeles para encontrarse una ciudad que no reconoce, consumida por los pulsos de poder entre el departamento de policía para el que ahora trabaja y la mafia judía liderada por Bugsy Siegel. Teague recuperará fragmentos de su antigua vida mientras intenta decidir cuál de los dos bandos merece su lealtad.

El caso de la serie Mob City es, cuanto menos, curioso. Frank Darabont, responsable de la obra maestra Cadena perpetua, no se prodigaba demasiado en el cine desde que se despidiera con la pequeña joya de La niebla. A finales de 2010, el cineasta regresó a la primera plana del entretenimiento gracias a su labor como productor, guionista y director de la primera temporada de The Walking Dead, que adaptaba el famoso cómic de Robert Kirkman. La segunda temporada resultó demasiado irregular y carente de rumbo, y puede que esto, sumado a otros motivos no esclarecidos, propiciaran la nada amistosa marcha de Darabont de la ficción, que por suerte tomó un nuevo rumbo tras su despedida. Mientras los zombis arrasaban, Darabont se embarcó en otro proyecto televisivo: Mob City, adaptación de la novela L.A. Noir (independiente del logrado videojuego de Rockstar) que relata las actividades de la mafia en Los Ángeles durante la década de 1940. El proyecto tardó dos años en completarse, y finalmente se estrenó en el canal estadounidense TNT durante diciembre de 2013. La cálida acogida inicial de la audiencia dio paso a un cierre inaceptable para los exigentes estándares de la televisión norteamericana actual, lo cual propició la cancelación de la serie con sólo una temporada de seis episodios. 


Debido a esta turbulenta historia, tardé en decidirme en dar una oportunidad a la serie. Mi primera reacción al comenzar a verla fue el escepticismo. Mob City recurre a las convenciones clásicas del género negro, que sigue al pie de la letra sin darles vuelta de tuerca alguna como sí hacen otras ficciones (por ejemplo Fargo, tanto la película original como la reciente serie). Nos presenta a un protagonista de moral ambigua que se mueve entre dos mundos no tan distantes como aparentan serlo: el de los policías y el de los gángsters. Hay una mujer fatal que se alza como heroína, matones sanguinarios, soplones ambiciosos y jefes del crimen organizado convertidos en empresarios (¿o era al revés?). Además, curiosamente retoma personajes históricos pertenecientes al período que une otras dos ficciones recientes del género como son Boardwalk Empire y la penosa Gangster Squad


El comienzo de Mob City resulta tópico y anodino, si bien está rodado con soltura y goza de una puesta en escena eficiente. No alcanza los niveles de calidad interpretativa, de transgresión ni de diseño de producción de las ficciones estrella de canales como HBO, pero a medida que avanzan los seis episodios de Mob City, las tramas se enredan, los protagonistas muestran pliegues que les vuelven más interesantes, la violencia asciende, y todo concluye en un final de infarto que mezcla ficción con hechos históricos como son la creación de la División de Asuntos Internos y el destino de Bugsy Siegel. Con sólo media docena de capítulos, el nuevo trabajo de Frank Darabont nos deja una trama cerrada, un par de tiroteos resueltos con ingenio, y un reparto ajustado. En este punto cabe mencionar el trabajo simplón de los televisivos Neal McDonough (Hermanos de sangre), Milo Ventimiglia (Héroes) y de Robert Knepper (Prison Break) haciendo otra vez de malo, y el del amuleto de Darabont Jeffrey DeMunn (The Walking Dead). Quienes sí destacan y roban planos son la versión de Bugsy Siegel que compone un recuperado Edward Burns y la heroína de Alexa Davalos (La niebla), quien ojalá se prodigara más en el cine; mientras que Jon Bernthal (El lobo de Wall Street) aporta poco a su papel de tipo duro ambiguo. Como curiosidad, Simon Pegg aparece en un par de episodios a modo de cameo.


Tras una carrera accidentada, los aciertos de Mob City pesan más que sus puntos débiles. Su final prematuro le garantiza un puesto de honor en el grupo de las pequeñas series con corazón, junto a las también encomiables Lights Out (El declive de Patrick Leary) y Hatfields & McCoys. Una modesta ficción que reivindicar y disfrutar.


domingo, 16 de marzo de 2014

True Detective: Oscuridad humana


A lo largo de 20 años, los detectives Rust Cohle y Marty Hart investigarán un crimen macabro que les llevará a recorrer los pantanos de Louisiana, encontrando en su camino sectas religiosas, bandas de moteros, abusos a menores y ritos ocultos que les llevan a enfrentarse directamente con el lado oscuro de la condición humana.

Me encanta ver series. Personalmente, disfruto del riquísimo y variado panorama televisivo estadounidense, de lo mucho que ha bebido del cine y siempre resulta agradable seguir tanto los grandes fenómenos como Perdidos, The Walking Dead, Juego de tronos o Breaking Bad como las producciones más pequeñas pero igual de interesantes como Lights Out, The Pacific, The Newsroom o Ray Donovan. Así, desde que se anunció a mediados de 2013, True Detective fue una de las nuevas propuestas de la Edad Dorada de la ficción televisiva que esperaba con más ganas, y desde que se estrenara a principios de enero de 2014 en el canal HBO, he disfrutado siguiéndola semana a semana, llegando finalmente a la conclusión de que estamos ante una serie sencillamente perfecta, que ocupa un lugar destacado en mi podio personal junto a Perdidos, Hermanos de sangre y Breaking Bad. Vayamos ahora con la serie en cuestión.


La mente pensante tras True Detective es el joven escritor Nic Pizzolatto, que se estrenó en el mundo de la televisión con la estimable The Killing (que espero retomar algún día). Su serie está concebida como una sucesión de temporadas cerradas e independientes entre sí, de modo que cada una de ellas se centrará en un caso policial concreto que deberá ser investigado por un grupo de detectives, y de este modo la ficción nos mostrará la investigación policial de forma exhaustiva, huyendo del clásico formato procedimental, y la compaginará con las vidas privadas de los protagonistas y con cómo el caso las afecta. Su primera temporada se compone de ocho episodios, cada uno de una hora de duración y nos traslada hasta 1995, cuando los detectives Hart, un padre de familia temperamental con predilección por las mujeres jóvenes, y Cohle, un solitario taciturno de convicciones nihilistas, descubren el cuerpo de una joven asesinada mientras portaba una corona con cuernos y participaba en un extraño ritual. Pizzolatto narra la investigación policial hasta su resolución en el presente, bebiendo de películas como Se7en, El silencio de los corderos o Zodiac, y de obras literarias que incluyen relatos de Ambrose Bierce y del mismísimo H.P. Lovecraft, en particular del célebre "La llamada de Cthulhu". El desarrollo de True Detective combina procedimientos policiales como interrogatorios a sospechosos y trabajo de campo por Louisiana, pistas que nos desconcertarán y fascinarán capítulo tras capítulo, el drama personal que vive cada uno de los protagonistas, ambientes sórdidos, meditaciones filosóficas acerca del sentido de la existencia humana, el papel que juega en ella la religión, nuestra percepción del tiempo o del lado oscuro y salvaje de nuestra condición; y cierto simbolismo y tintes sobrenaturales, todo ello combinado en su justa medida.


El aspecto formal y visual de True Detective es de auténtico lujo pues, como es habitual en las ficciones de la HBO, los medios y los detalles con los que cuenta la serie nos dan la sensación de estar presenciando una película extendida. Aquí ha jugado un papel decisivo la labor de Cary Joji Fukunaga, joven director que ya nos sorprendió a finales de 2011 con la dignísima versión de Jane Eyre protagonizada por Michael Fassbender. En True Detective, Fukunaga opta por una puesta en escena visceral, que acentúa el carácter sórdido de la historia y la intensidad de las emociones de los personajes. Las escenas de diálogos fluyen con naturalidad, y las de acción logran impactar al espectador, algunas tanto como el brutal plano secuencia que cierra la incursión en las barriadas del final del cuarto episodio. La música aporta una sensación de extrañeza extra, lo cual no es motivo de sorpresa si tenemos en cuenta que la banda sonora ha caído en manos de T. Bone Burnett, colaborador habitual de los hermanos Coen.


El trabajo de Fukunaga también destaca en la dirección de actores. Por los oscuros pantanos de Louisiana encontraremos a personajes interpretados con naturalidad por Kevin Dunn (quien probó suerte en la HBO en la tristemente cancelada Luck), Shea Wingham (Boardwalk Empire), una sorprendente Alexandra Daddario (Percy Jackson) y la siempre estimable Michelle Monaghan (curtida en el género negro gracias a la excelente Adiós pequeña, adiós). Sin embargo, quienes se llevan casi todo el mérito son la pareja protagonista, unos monumentales Woody Harrelson y Matthew McConaughey, quienes dan vida a un dúo de detectives con muchos matices, marcadas debilidades y un sentido de la justicia que les hará persistir en su empeño por resolver el caso. Estos dos antihéroes, que incluso mienten por el bien del caso, forman el núcleo de la serie y, si bien el señor Harrelson nos tiene acostumbrado a su buen hacer en películas de diversa índole, McConaughey apunta un tanto más a su meteórico renacimiento al ponerse en la piel del particular Rust Cohle.


Esta primera temporada de True Detective cuenta con un final redondo, un cierre satisfactorio de las tramas y los cabos sueltos que han ido componiendo un misterio que abarca desde chicas desaparecidas a los hilos que mueven altos cargos de la sociedad, pasando por reyes amarillos y referencias literarias. Además, encontramos cierta amargura en el destino de los protagonistas, en la línea de las novelas de Hammett o Chandler, y pequeñas pinceladas sobre las fuerzas sobrenaturales que amenazan desde las sombras. La expectación que ha generado esta serie no podría ser mayor, y mientras esperamos pistas acerca de dónde podría desarrollarse la siguiente entrega y de quién podría protagonizarla, podemos disfrutar de un nuevo triunfo de la ficción televisiva con una primera temporada dura, absorbente y rica en matices. No se la pierdan.




jueves, 16 de enero de 2014

Ray Donovan: Crimen y familia


Ray Donovan se gana la vida como "arreglador" en Los Ángeles, sacando a las estrellas que contratan sus servicios de los escándalos mediáticos que se presentan, para lo cual hace uso de métodos contundentes. Su acomodada vida se ve en peligro cuando descubre que su padre, Mickey Donovan, acaba de salir de la cárcel y planea visitarle para traer de vuelta viejos fantasmas del pasado, muchos de ellos relacionados con la mafia irlandesa; y para poner a sus hermanos en su contra, algo que Ray no puede permitir.

En el rico panorama televisivo actual hay lugar para todo, desde los grandes estrenos que congregan a millones de espectadores en cada emisión hasta las grandes decepciones y los productos abominables, y, por suerte, también hay lugar para las pequeñas sorpresas, como la serie que hoy nos ocupa. Estrenada en verano de 2013, Ray Donovan es la nueva creación de Ann Biderman (Southland, Enemigos públicos) para el canal Showtime, que nos cuenta cómo el día a día de un auténtico "señor Lobo" de Hollywood se ve amenazado por el regreso de su padre y todos los secretos del pasado que ha luchado por enterrar. Con un ritmo pausado pero lo suficientemente constante para mantener la atención del espectador, Ray Donovan nos presenta muchos puntos interesantes: para empezar tenemos el eterno conflicto paterno-filial como eje central de la trama, con un padre y su hijo jugando siempre en el límite entre el bien y el mal, de modo que resulta difícil establecer quién es el héroe de esta historia. A esto hay que sumarle el trasfondo familiar de los Donovan, con los negocios turbios en que estaban envueltos en Boston y que les han perseguido hasta el gimnasio que regentan en Los Ángeles; los excesos y excentricidades de ciertos elementos del mundo del espectáculo y sus conexiones con el mundo criminal; las dificultades que afrontan los hijos de Ray al crecer en un mundo superficial y, por encima de todo, la personalidad del protagonista, quien, lejos de alzarse como el héroe de esta historia, se desarrolla más como un antihéroe que recurre a métodos de escasa moral y que oculta un doloroso pasado.


En apenas doce episodios, la serie despliega sus tramas, las explora y las resuelve de forma más que convincente, de forma que todo encaja en su sitio a la vez que se abre una pequeña ventana a una futura segunda temporada. Además de poseer un despliegue de medios digno de una película, Ray Donovan nos brinda la oportunidad de disfrutar del talento de actores que no se prodigan demasiado por la gran pantalla. Éste es el caso de los veteranos James Woods y Jon Voight, éste último inmenso como Mickey Donovan (un papel que le ha valido un merecido Globo de Oro), del británico Eddie Marsan (Bienvenidos al fin del mundo), de Steven Bauer (Don Eladio en Breaking Bad), Elliot Gould o Paula Malcolmson (a quien apenas habíamos visto haciendo de madre de Katniss en Los juegos del hambre); y especialmente de Liev Schreiber. Dotado de un gran potencial para el drama, Schreiber apenas ha exprimido su talento en el cine, donde se ha limitado a despuntar con papeles secundarios en películas tan dispares como Huracán Carter, Resistencia, Lobezno o El velo pintado. Ahora tiene ocasión de lucirse y de dar vida a los claroscuros que pueblan el mundo de Ray Donovan con un papel intenso, violento pero también humano.


Desde este blog no puedo sino recomendar que deis una oportunidad a esta serie, modesta pero intensa, con personajes heridos e interesantes, un duelo entre padre e hijo que se pondrá más tenso según avanzan los capítulos, una trama que implica a la mafia irlandesa y, ante todo, grandes interpretaciones. 


lunes, 7 de octubre de 2013

Breaking Bad: Ascenso y caída de Walter White

Cuando le diagnostican un cáncer de pulmón, un apocado profesor de química de un instituto de Nuevo México decide dar un cambio radical a su vida. En aquel momento, los espectadores no éramos capaces de intuir el camino que seguiría la serie que comenzaba de este modo y que concluyó el pasado 29 de septiembre tras cinco temporadas, convirtiéndose en un fenómeno mediático y cerrando un nuevo capítulo en la actual Edad de Oro de la ficción televisiva.


Hablando de fenómenos mediáticos, precisamente desde que descubrí y seguí otro de ellos, la serie Perdidos de JJ Abrams y compañía, no me había sentido tan enganchado, emocionado, identificado y entusiasmado con una serie de televisión, y eso que la ficción serializada me encanta y me fascina por las infinitas posibilidades que ofrece como medio. Comencé a ver Breaking Bad cuando se estrenó en 2008, si bien la mezcla de comedia negra y género negro del piloto no me fascinó y no me impulsó a seguir viendo la serie. Varias temporadas después, animado por las recomendaciones y elogios que la serie recibía, decidí darle otra oportunidad, y entonces descubrí un mundo nuevo y quedé maravillado ante una historia rica, sorprendente y profunda.


Con medios que ya les gustaría tener a muchas de las películas actuales, da la sensación de que Breaking Bad podría tratarse de la serie que perfectamente podrían haber realizado los hermanos Coen por el cuidado a los detalles y el mensaje de su historia. En ella, se nos presenta a Walter White, un inteligente profesor de instituto que se ve reprimido por su entorno, su familia y sus amigos, y por lo que la sociedad del éxito y del consumo espera de él. Esto, sumado a las casualidades del destino, que siempre juegan un papel fundamental en la serie, llevan a Walt a adentrarse en el camino del crimen y usar su talento para "cocinar" la metanfetamina más pura del mercado, que distribuirá con la ayuda de Jesse Pinkman, con quien establecerá una compleja relación paternofilial de múltiples lecturas durante toda la serie.


A lo largo de sus cinco temporadas, presenciaremos los entresijos del submundo criminal de Albuquerque, las condiciones en que viven los adictos a la metanfetamina, la violencia de los cárteles mexicanos que operan a ambos lados de la frontera, el funcionamiento de los despachos de la DEA, y un profundo drama familiar en la línea de la mejor ficción estadounidense. Todo ello siempre acompañado por la evolución de Walter White y de su alter ego criminal, Heisenberg, quien experimenta un desarrollo similar al del protagonista de una de las mejores películas de la historia: el de Michael Corleone en El Padrino (no en vano, la serie contiene varios homenajes a la obra magna de Francis Ford Coppola). Así, Breaking Bad nos mostrará hasta qué punto es capaz de llegar un sencillo hombre inteligente con el fin de demostrar a los demás y sobre todo a sí mismo su valía, componiendo así un personaje ambiguo que camina sobre la delgada frontera entre la heroicidad y la villanía.


Vince Gilligan, el creador de la serie, ha contado con un equipo de lujo, empezando por los guionistas, que han sabido desarrollar la trama de forma comedida pero constante y coherente, manteniendo siempre la tensión ante las posibilidades de lo que fuera a suceder; y pasando por los directores (entre los que se encuentra el gran Rian Johnson, autor de Looper entre otras películas), la fotografía de Michael Slovis o la cuidada selección de canciones para la banda sonora, que incluye temas siempre adecuados a las circunstancias como Catch Yer Own Train, Crystal Blue Sensation, o la reveladora canción de cierre, Baby Blue. Y, por supuesto, hay que mencionar al reparto, siempre acertado y aportando pliegues al carácter de los personajes que interpretan los inolvidables Dean Norris, Betsy Brandt, Giancarlo Esposito, Bob Odenkirk, Jonathan Banks, Anna Gunn, Aaron Paul (uno de los descubrimientos de la serie, sin duda), y, por encima de todos, Bryan Cranston, que ofrece una interpretación sentida y prodigiosa como Walter White que le hace merecedor de los todos los halagos posibles, ¿quién esperaba algo así del padre de Malcolm?


Llegó la hora de despedirnos de Breaking Bad tras un cierre perfecto que ata los cabos sueltos y es fiel al tono general de la serie, sin que nada se les vaya de las manos a sus responsables. Quedan para el recuerdo momentos irrepetibles como el enfrentamiento contra Tuco, las fanfarronerías de Hank, el primer laboratorio en el interior de una vieja autocaravana, la muerte de Jane, la llegada de los gemelos asesinos, las reuniones en los Pollos Hermanos, la canción de Gale, los consejos de Saul Goodman, la infidelidad y las dudas de Skyler, el pulso de poder contra Gus Fring (uno de los villanos más terroríficos y mejor construidos de la televisión), las lecciones de Mike Ehrmantraut, el cártel de Don Eladio, la venganza del tío Salamanca, los negocios con Todd y los neonazis, y el fin del imperio de Heisenberg. 


Mientras disfrutamos de otras series de televisión y esperamos el estreno de alguna que llegue a semejantes niveles de calidad, sólo nos queda dar las gracias a Breaking Bad y a sus creadores por esta joya que nos ha cautivado y ha alimentado nuestra imaginación durante cinco temporadas. Hasta siempre, Heisenberg. Hasta siempre, Walter White. Hasta siempre, Breaking Bad.

Recordad su nombre.

lunes, 17 de junio de 2013

Trance: Juegos mentales


Simon, un empleado de una casa de subastas, se ve involucrado en el robo de un cuadro de Goya que no sale según lo planeado y termina con Simon amnésico y el cuadro desaparecido. Incapaz de descubrir lo sucedido durante el robo, el grupo de mafiosos que busca desesperadamente el cuadro contrata los servicios de una hipnotista, Elizabeth, para tratar la amnesia de Simon, llevándole a un viaje por lo más oscuro de su mente.

Tras su paso por los Oscar con Slumdog Millionaire y 127 Horas y su labor como maestro de ceremonias de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, Danny Boyle, uno de los cineastas británicos actuales más personales, regresa a sus orígenes con su nueva película, Trance. Para la ocasión, Boyle vuelve a colaborar con el guionista John Hodge, con quien ya trabajó en Trainspotting, Tumba abierta o La playa, y nos ofrece un peculiar viaje de giros, trucos y engaños mentales a través de las convenciones del thriller criminal. Desde su espectacular arranque, Trance mantiene alerta a los espectadores, planteando una trama en la que nada es lo que parece que mezcla rasgos del género negro socarrón de Snatch con el mundo onírico de Christopher Nolan visto en Memento y Origen para darnos escenas bastante impactantes y una historia que no da respiro. La acción de Trance va desplegándose y cambiando de rumbo gracias al pulso como director y al sentido del ritmo característico de Danny Boyle, que saca el máximo partido al montaje, los planos incómodos y la música electrónica para crear atmósferas tan cautivadoras como las de las escenas de hipnosis o la de la revelación final a través de las autopistas de Londres.


Este thriller de humor negro y giros imposibles se sustenta en tres personajes que se reparten el protagonismo y van evolucionando a medida que la película avanza, cambiando la impresión que los espectadores tenemos de ellos según se suceden los giros del argumento. Los tres están interpretados por actores inspirados que consiguen darles cierta profundidad y credibilidad a sus acciones, como son James McAvoy, joven actor en ascenso que aporta intensidad a sus papeles, ya sea haciendo de un primerizo Charles Xavier o del protagonista de Trance; Vincent Cassel (Cisne negro), aquí muy adecuado a su personaje, y Rosario Dawson (Siete almas), quien por fin cuenta con un papel que no sea de secundaria en el que tiene la oportunidad de demostrar su talento y fuerza interpretativa.


Con un tramo final que dejará en shock a los espectadores, Trance se revela como una de las sorpresas de la temporada, el regreso de Danny Boyle a sus orígenes como cineasta con una película sumamente entretenida, elaborada, con una historia sorprendente y una puesta en escena deslumbrante.

viernes, 26 de abril de 2013

Salvajes: La guerra en casa


Ben, Chon y Ophelia son tres jóvenes que llevan una vida de lujo en Laguna Beach gracias a los beneficios que les reporta cultivar y vender la mejor marihuana de toda California. Esto no tarda en llamar la atención del cártel mexicano de la Baja, quienes se ofrecen a comprar el negocio. Sin embargo, la negativa de los tres amigos derivará en un enfrentamiento violento entre ambos bandos que llevará a Ben y Chon hasta límites insospechados.

Salvajes supone el esperado regreso del director Oliver Stone al tipo de cine por el que alcanzó la fama, lejos de los polémicos documentales en los que ha trabajado durante los últimos años. Para su nueva película, Stone ha colaborado en la elaboración del guión junto a Shane Salerno (Hawai 5.0) y al escritor Don Winslow, autor de la novela homónima en que se basa la película y que goza de gran popularidad gracias el enfoque crítico con el mundo del narcotráfico que presentan sus libros (como El invierno de Frankie Machine, recientemente comentado en este blog). 


En Salvajes encontramos todos los elementos propios de las novelas de Winslow (crimen organizado californiano, surferos y denuncia de la corrupción policial), los cuales le sirven a Stone para construir una película muy entretenida en la que recupera el estilo violento y descarnado de filmes como Giro al infierno. De este modo, Salvajes es capaz de sacudir a los espectadores con escenas bastante crudas mientras se mueve entre las convenciones del thriller, el cine de gángsters (alejados del glamour de El Padrino), e incluso del western; jugando a mezclar la iconografía mexicana de la muerte con las nuevas tecnologías y el montaje de videoclip, obteniendo un contraste curioso.

La película resulta amena y no aburre, pero presenta varios inconvenientes que la impiden ir más allá y contar con un trasfondo interesante. Lo que más llama la atención es que Salvajes no acaba de adoptar un tono realista a la hora de retratar a los personajes y de contar la historia, sino que muchas veces se adentra en el terreno de la caricatura, los hechos se suceden sin más y es difícil tomarse en serio a ciertos personajes, sobre todo al trío protagonista, que queda muy desdibujado. Así, Salvajes tampoco ofrece una visión demasiado crítica con el mundo del narcotráfico y el inmenso poder de los cárteles mexicanos de la droga, sino que se queda a medio camino y le falta ser más contundente, cruda y realista (para quien busque esto último, nada mejor que adentrarse en la maravillosa serie Breaking Bad). A esto tampoco ayudan ni la voz en off, que en ocasiones resulta un tanto cargante intentando ser cool, ni el final, que recurre a un truco sumamente tramposo. 


En el reparto destaca la labor de los secundarios, entre los que nos encontramos a un divertido John Travolta dando vida a un agente de la DEA a quien le atrae la corrupción; a Salma Hayek haciendo de la "madre" despiadada y controladora de un cártel mexicano; y a Benicio Del Toro con un personaje sucio y perturbador. El resto de secundarios (Shea Winghan, Emile Hirsch) cumplen sin más, mientras que el trío protagonista formado por Aaron Johnson (Kick-Ass), Taylor Kitsch (Lobezno) y Blake Lively (The Town) interpreta a personajes un tanto desdibujados con los que al público no le será demasiado sencillo simpatizar.


Aun así, Salvajes tiene detalles interesantes (la brutalidad que muestran ambos bandos en la guerra por el control del narcotráfico o la broma recurrente con la melodía de El Chavo del Ocho), resulta entretenida a pesar de sus más de dos horas de metraje y supone el regreso de Oliver Stone a un tipo de cine más cercano a los trabajos que lo encumbraron, si bien se echa en falta más profundidad en esta película.