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martes, 23 de septiembre de 2014

Jersey Boys: Cada uno lo recuerda a su manera


A finales de la década de 1950, cuatro jóvenes armados de ambición y talento se proponen escapar del barrio de clase trabajadora de Nueva Jersey dominado por la mafia donde crecieron. Lo conseguirán gracias a su música. Su grupo, The Four Seasons, pasa por una serie de pruebas hasta alcanzar el éxito, liderando los comienzos de la música popular en Estados Unidos. Pero el camino de la fama no es sencillo, y las tensiones entre los distintos miembros del grupo sólo traen complicaciones para The Four Seasons.

Jersey Boys adapta el musical homónimo que narra la trayectoria del grupo de música The Four Seasons. Desde su estreno, lleva años convertido en uno de los grandes éxitos de Broadway junto a El rey león o Wicked, se ha hecho con un premio Tony y ahora los propios autores del libreto, Marhsall Brickman (coguionista de Manhattan) y Rick Elice, se han dedicado a adaptar la obra a la gran pantalla. El encargado de orquestar el proyecto ha sido ni más ni menos que el legendario Clint Eastwood. Tras la irregular Más allá de la vida y la fragmentada J. Edgar, el creador de Malpaso expresó su deseo de filmar un musical, en particular una nueva versión de Ha nacido una estrella. Tras varios rumores, el proyecto se terminó paralizando, y entre tanto Eastwood protagonizó la ópera prima del productor Robert Lorenz, Golpe de efecto, y puso en marcha dos nuevas películas, entre ellas Jersey Boys.


En Jersey Boys, Clint Eastwood aprovecha la fuerza del relato del ascenso a la fama de The Four Seasons para contarnos una historia de éxitos y sombras, haciendo gala de su estilo de gusto clásico y de su formidable habilidad como narrador. La leyenda de la voz de Frankie Valli y los suyos guarda ciertas semejanzas con la de Uno de los nuestros y con el viaje de A propósito de Llewyn Davis, aunque es mucho más suave, por supuesto. Eastwood alterna resultones números musicales con la carrera artística de los integrantes de The Four Seasons, las rencillas entre los miembros del grupo, la profunda huella que deja en ellos su paso por un barrio dominado por la mafia, y el retrato de una época. El cineasta californiano cuenta con sus colaboradores habituales, como el productor Robert Lorenz, el director de fotografía Tom Stern y el editor Joel Cox. Se puede reprochar que la historia sea demasiado benévola, pero hay que reconocer que no estamos ante un filme del calado emocional de Mystic River o Million Dollar Baby, si bien Jersey Boys supone un nuevo trabajo disfrutable de un clásico.



La mayoría de protagonistas son actores primerizos que cumplen su papel con solvencia, y aquí se nota bastante la experiencia de Vincent Piazza en la serie Boardwalk Empire al ser el miembro de The Four Seasons con más tablas interpretativas. Curiosamente, el encargado de dar vida a Frankie Valli es John Lloyd Young, quien también lo encarnaba en el montaje de Broadway. El actor más veterano de la función es un recuperado Christopher Walken, mucho más acertado que en sus papeles más recientes y pequeños. La música y los falsetes de Valli son otro personaje más de la película, que cuenta con canciones que muchos reconoceremos aunque no estemos demasiado familiarizados con la carrera de The Four Seasons: al terminar la sesión, saldremos canturreando canciones como Sherry, Walk Like a Man, December, 1963, Rag Doll o Can't Take My Eyes Off You. Como curiosidad, hay que mencionar la aparición de un personaje que representa a un joven Joe Pesci, actor que fue amigo de los músicos protagonistas. Os recomiendo que leáis la reseña del amigo Néstor para profundizar en otros detalles de Jersey Boys y The Four Seasons.


Jersey Boys supone un curioso y acertado cambio de registro para Clint Eastwood, quien sigue haciendo gala de una nítida y ejemplar narrativa. Una película interesante y entretenida, un musical refrescante. Además, Eastwood ya ultima su siguiente trabajo, el thriller American Sniper, protagonizado por Bradley Cooper.

lunes, 20 de enero de 2014

A propósito de Llewyn Davis: Camino a la Perdición

A principios de los años 60, Llewyn Davis lucha por hacerse un nombre en la emergente escena de la música folk en el Greenwich Village neoyorkino. Tras múltiples rechazos, Llewyn malvive durmiendo en los sofás de casas ajenas, con lo que decide partir en busca de una nueva oportunidad para alcanzar la fama que le llevará hasta Chicago, iniciando un viaje que resumirá su vida hasta el momento.

A punto de cumplir 30 años desde que se estrenaran en el cine con la sencilla pero retorcida Sangre fácil, los hermanos Coen regresan para demostrar por qué siguen siendo dos de los directores más brillantes actuales. Desde que ganaron el Oscar con No es país para viejos, Joel e Ethan iniciaron una racha de verdaderas joyas que resumían su particular estilo cinematográfico, como las comedias negras Quemar después de leer y Un tipo serio y el western Valor de ley. Tras un descanso de dos años, vuelven con A propósito de Llewyn Davis, película que nos presenta a un protagonista que, lejos de alzarse como un ejemplo de la superación personal y del triunfo ante la adversidad, lo hace como lo que la sociedad occidental denomina "un perdedor", un tipo que no podría estar más alejado de los ideales de éxito.


Con una estructura circular, fuertes ecos de la mitología clásica, en particular del viaje de Ulises, y las similitudes con películas anteriores como Barton Fink y O Brother!, los Coen nos narran el poco afortunado viaje del aspirante a músico en clave de comedia negra en la que el protagonista no goza de un minuto de respiro: no tiene casa propia donde poder dormir, la mujer de sus sueños se va a casar con un amigo y quiere abortar el bebé con el que Llewyn podría haberla dejado embarazada, su música no es apreciada ni vende discos, el compañero con quien formaba un dúo se ha suicidado, y encima ha perdido el gato del único amigo que todavía le da cobijo. Los hermanos Coen combinan el patetismo que rodea la vida de Llewyn con sutiles golpes de humor y con la carga del pasado que soporta el protagonista, todo ello narrado con un ritmo pausado y especial énfasis en los conciertos y pequeñas actuaciones musicales del protagonista.


Para esta odisea musical, los Coen se reúnen con T-Bone Burnett, el productor musical de El gran Lebowski y O Brother!, que nos ha dejado una banda sonora de lujo que resalta el tono de la película y el carácter del protagonista. Con quien no han podido reencontrase ha sido con el director de fotografía Roger Deakins, cuyo lugar lo ha ocupado Bruno Delbonnel (Amelie), quien, si bien no ha ofrecido el mismo resultado que Deakins, se ha encargado de dar a la cinta de un ambiente apagado y grisáceo ideal para el tono de la historia.


Otro viejo conocido de los Coen que ha aportado su gran talento a este película es un recuperado John Goodman, quien cuenta con una breve pero intensa aportación al pintoresco grupo de personajes que se encuentra el protagonista en su viaje y que incluyen a F. Murray Abraham (el mítico Salieri de Amadeus), un adecuado Justin Timberlake que no desentona, a una malhablada Carey Mulligan (Shame) y por supuesto a Oscar Isaac (Drive), el protagonista de la función que demuestra aquí su potencial interpretativo como el sufrido protagonista.


Música, personajes extraños con fuertes opiniones y un demoledor sentimiento de abatimiento se entremezclan en el viaje en busca del triunfo que nunca llega del protagonista. Los hermanos Coen han vuelto a plasmar su particular imaginario en una película cuidada y disfrutable en cada detalle, no se la pierdan.

Ficha de la película.

lunes, 1 de abril de 2013

Crónica de un proceso creativo, de Juan Fernández

Llega el momento de despedir la sección de firmas invitadas. Con motivo de la celebración del quinto aniversario de este blog, durante los últimos dos meses hemos disfrutado de artículos muy variados que han combinado literatura, cine, y series de televisión desde distintas perspectivas. Como colofón, hoy contamos con la presencia de Juan Fernández, músico, miembro del refrescante grupo Midgar y gran amigo ante todo. En su artículo nos propone un viaje a través de las distintas fases que componen el proceso creativo para él, ¿estás listos para acompañarle?

*Nota: reproducir de manera simultánea a la lectura:
http://www.youtube.com/watch?v=6tCn-k6eBeE                

Prólogo

Vivimos en un mundo resultadista a todos los niveles, lo que suele provocar que busquemos a toda costa el fruto de todo. Creo que esto ocurre en diferentes aspectos de nuestras vidas, pero quiero tratarlo desde el punto de vista del arte. Si algo he aprendido, y me obligo a recordar de vez en cuando,  es la importancia del proceso creativo.

Desde el momento en que sentimos  la necesidad de comunicar algo, en nuestra mente se forma la imagen final de aquello que queremos crear, la meta, el resultado. Da igual el campo artístico del que estemos hablando, perseguimos tener frente a nosotros el cuadro enmarcado, el disco sonando en la cadena, el relato encuadernado en la repisa. Es lógico y sano querer llevar a buen puerto un proyecto y terminar lo que empezamos, pero cada vez tengo más claro que la satisfacción que produce ese resultado final está directamente relacionada con lo intenso que haya sido el proceso.

Tendemos a menospreciar el camino. En cualquier proyecto nos enfrentaremos a una serie de obstáculos y a la necesidad de tomar decisiones para superarlos. El rumbo que tomemos dependerá en principio de nuestra idea original, pero cambiará conforme vayamos sacando nuevas conclusiones en la práctica y, según lo que encontremos en el proceso, llegaremos a nuestro destino con unas conclusiones u otras. Por otra parte, cuando por fin obtengo ese resultado, la sensación de logro deja paso muy pronto a la necesidad de volver a crear, de comenzar algo nuevo otra vez.

Personalmente me ha ayudado reflexionar sobre esto, ya que me ha hecho valorar ciertos aspectos que a veces paso por alto, pero me resulta muy difícil hablar de esto en términos generales. Es un error categorizar sobre algo tan personal, tan cambiante. Por eso, y desde la visión de alguien que sólo está aprendiendo, quiero compartir aquí una radiografía de mi sucesión de pasos.

No se trata de verdades absolutas. Ni siquiera puedo defender estas líneas como una opinión formada ya que estoy buscando conclusiones que aún no tengo. Sólo pretenden ser una ventana abierta, una reproducción lo más fiel posible de mi evolución enfrentándome a algo, en este caso, a la idea de recrear la sensación de sinestesia.

Crónica de un proceso creativo

I - PERCIBE.

Todo comienza con una sensación. Mente en blanco que inevitablemente recibe aire. Coloreándose. Huellas en la nieve que no hago yo. Yo soy la nieve que el tiempo obliga a dejar de ser. Tierra que, mojada, es olor escrito a mano. Luz que se dibuja sola en el papel. Trazos me llevan campo a través de las ideas que no he decidido recorrer. Respirando luz, planta que brota. Imágenes táctiles que suenan de diferente sabor.

No es voluntario, no es meritorio. Caos sistemático, ahora es orden al azar. 


II - ANALIZA.

La sinestesia -además de una figura retórica- es la facultad de cruzar sentidos, la percepción conjunta o interferencia de varias sensaciones en un mismo acto perceptivo. Ver sonidos, escuchar colores, paladear texturas. Es algo innato, una capacidad que algunas personas poseen y les permite tener una experiencia sensitiva algo más completa. Aunque se trata de un fenómeno neurofisiológico que no se puede forzar, creo que el concepto de sinestesia se puede extender a diferentes campos con resultados interesantes. 

Desde hace tiempo me atrae la idea de aplicar esto al mundo artístico y, en muchas ocasiones, me es inevitable buscar productos (sea consumiéndolos o creándolos) que de una forma u otra hagan que el receptor “mezcle” sus sentidos. Por supuesto, el hecho de que esto ocurra tiene un altísimo grado de subjetividad. Cuando el receptor no es un sinestésico físico realmente, esta relación de sensaciones estará basada muy posiblemente en asociaciones de recuerdos.

Quiero pensar que es posible simularlo. Quiero que el receptor sea al mismo tiempo oyente, lector y espectador. No digo que sea posible, sólo que quiero buscarlo. Quiero entender lo que he sentido para ser capaz de recrear esa sensación.



III - ASIMILA.


No se puede componer desde la frialdad. Si creo desde el análisis, el resultado será un ejercicio, un vacío intento de conseguir unos objetivos. Pero no debo evitar el ensayo-error, todo lo contrario: repetir el proceso hasta asimilarlo, hasta que sea un recurso natural. El hecho de interiorizar lo analizado hará que cuando sienta la necesidad de expresar algo tenga más herramientas para poder hacerlo de forma involuntaria. Si mi vocabulario es extenso y he desarrollado criterio para utilizarlo, será más probable que mi mensaje sea el que quería comunicar y llegue de forma clara.



IV - CREA.

Aunque no siempre soy capaz de encontrarlo, he subido la escalera para llegar justo a este escalón. Olvido todo lo que llevo en la mochila y avanzo movido por algo que ahora creo mío. Un sentimiento que no es de nadie aunque yo pretenda regalarlo. Si supe sacar algo de los pasos anteriores, aparecen las primeras líneas. Sólo es un boceto, pero ya es inminente. La ilusión me resulta adictiva, hace que me obsesione. Siempre es de noche. Horas en blanco que los demás pierden durmiendo mientras yo las invierto soñando. En ese momento, posiblemente, es cuando más feliz soy. No tengo a nadie al lado para compartirlo y por la mañana todo me parecerá desdibujado, pero ahora es cuando me siento más vivo. Sólo es un eslabón de esta cadena, pero da sentido a todos los demás.  ¿He llegado al sitio que buscaba? Seguramente no, pero he conseguido lo que quería y eso, ahora, es lo que me vale.



V - COMIENZA.

Nos movemos en círculos. Todo empieza donde algo acaba y viceversa. Necesitamos cerrar ciclos únicamente para empezar otros. La búsqueda constante es lo que nos mantiene en movimiento. Perseguir algo nos obliga a superar procesos y esto, a su vez, nos hace crecer. El resultado no es un fin, dale únicamente el valor que tiene: el de hacerte recordar el camino que recorriste hasta llegar a él. 

Estoy buscando algo…y espero no encontrarlo nunca. 


        

 Juan Fernández, Febrero de 2013.
                                                                         _ _ _

-Texto: Juan Fernández ( soundcloud.com/juanmidgar ).
-Música: “Nightbook”, por Ludovico Einaudi ( einaudiwebsite.com ).
-Imágenes: Michael Vincent Manalo (michaelvincentmanalo.com).


viernes, 30 de noviembre de 2012

The Black Keys en Madrid

En una era musical en la que predominan el espectáculo estrafalario y los singles simplones y pegadizos por encima de la calidad, la frescura y la creatividad artística de las composiciones, sin duda es motivo de celebración el éxito de un grupo como The Black Keys. El dúo, formado en Ohio en 2001, sorprendió a finales de 2011 con la publicación de su último disco hasta la fecha, El Camino, en el que llevaban un paso más allá su característico rock con fuerte influencia de blues, sonido de garaje y fuerte distorsión, con once canciones de mucha personalidad que lo convertían en un trabajo perfecto e intenso.


Consolidado como uno de los discos del año, El Camino ha llevado a Dan Auerback (voz y guitarra) y a Patrick Carney (batería) a recorrer medio mundo en una interminable gira de conciertos, y el pasado miércoles 28 de noviembre subieron puntuales al escenario del Palacio de Deportes de Madrid en su única y esperada actuación en España. 

Desde la primera canción, la contundente Howlin' for You, The Black Keys demostraron al público que abarrotaba el recinto lo bien que se sienten sobre el escenario, con grandes muestras de complicidad entre Dan y Patrick. Depués de Next Girl, otra de las canciones pertenecientes a su anterior disco, Brothers, llegó el desembarco de El Camino con temas como Run Right Back o Dead and Gone, en los que contaron con la ayuda de otros dos músicos, uno al bajo y otro a los teclados. Uno de los puntos fuertes de la noche llegó con Gold on the Ceiling, espectacular canción coreada por un público entregado que también se emocionó con los impactantes cambios de la sugerente Little Black Submarines. Alternando entre sus dos últimos álbumes, se sucedieron temas como Money Maker, Nova Baby (El Camino); y Tighten Up o She's Long Gone (Brothers), para terminar con la explosiva Lonely Boy, a la que nadie pudo resistirse,  y agradecimientos a los fans, de quienes se despidieron hasta la próxima.


Pero el concierto no acabó aquí, sino que tras un pequeño parón The Black Keys volvieron con dos bises y un buen espectáculo visual: Everlasting Light (una de sus rarezas) y I Got Mine, con la cual despidieron un concierto breve (poco más de hora y media) pero muy intenso. En él, los dos miembros de The Black Keys demostraron que tienen mucha fuerza en directo, hicieron gala de un estilo personal, fresco pero con fuertes influencias del rock clásico y del blues; y además tuvieron el detalle de agradecer a sus seguidores el merecido apoyo que han recibido con sus trabajos más recientes.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Evil Dead: El glorioso musical


El bueno de Ash y sus amigos deciden tomarse un descanso de las clases universitarias y relajarse pasando un fin de semana en una vieja cabaña perdida en medio del bosque. Allí encuentran el Necronomicón, un libro que despierta un mal ancestral: los demonios de Cándar, terroríficos seres que poseerán a Ash y los suyos y convertirán su fin de semana en un auténtico y sangriento infierno.

Desde su estreno en 1981, Evil Dead (Posesión infernal) no sólo supuso el debut del director Sam Raimi, sino que se ha convertido en todo un clásico del cine de terror, referente del gore y del humor negro que ha sido homenajeado en multitud de ocasiones; sin ir más lejos, este año pudimos disfrutar de The Cabin in the Woods, donde la película protagonizada por Bruce Campbell jugaba un papel especial. De hecho, la "magia" de Posesión infernal incluso saltó a los escenarios en 2003 en forma de un divertido y disparatado musical que desde entonces lleva recorriendo los confines del mundo. Tras mucho trabajo y algunas complicaciones, en noviembre de 2012 el musical por fin desembarcaba en Madrid, en la sala 18 de Kinépolis, por lo que no pude resistirme a darle una oportunidad, si bien no tenía ninguna certeza de qué me iba a encontrar.


Según avanzaba la función, debo reconocer que no cabía en mi asombro. Evil Dead: el musical no dejaba de sorprenderme, hasta el punto de convertirse en uno de los espectáculos más originales y divertidos que he tenido la oportunidad de presenciar. Para empezar, hay que reconocer la gran labor realizada por el equipo capitaneado por los directores Chemari Bello y César Bleda, quienes han conseguido, con pocos y bien aprovechados recursos, permanecer fieles a la obra original de Raimi y ofrecer un musical dinámico, muy divertido y libre de prejuicios que encantará al público más diverso. Tomando como base la historia de las dos primeras películas de la trilogía de Sam Raimi e incluyendo guiños a la tercera parte, Evil Dead: el musical nos cuenta la disparatada batalla de Ash y sus amigos contra los seres demoníacos de forma amena y desternillante, incluyendo multitud de bromas sobre los clichés del género de terror, guiños a Bruce Campbell, al Spider-man de Sam Raimi y hasta al Thriller de Michael Jackson, a los que hay que sumar ciertas referencias a la cultura popular española; todo ello acompañado por delirantes números musicales entre los que me gustaría destacar Vamos de excursión, ¿Qué co#@ ha pasao'? y Demonios de Cándar, al más puro estilo del musical de Broadway.



El reparto, encabezado por un más que adecuado Pablo Puyol en el papel de Ash, hace un buen trabajo y desde el primer momento consigue transmitir al público la sensación de que no deben tomarse demasiado en serio lo que van a ver sobre el escenario, sino disfrutar y pasar un buen rato. Además, Evil Dead es uno de los primeros musicales en contar con una splatter zone, el área de las cinco primeras filas que será inundada por las salpicaduras de la sangre de los personajes, así que se recomienda acudir bien provistos de chubasqueros.

Cargado de respeto y admiración a las películas originales, Evil Dead es un musical delirante, repleto de canciones surrealistas y pegadizas, sangriento, original y ante todo divertidísimo. No perdáis la ocasión de disfrutarlo como se merece.

domingo, 16 de septiembre de 2012

The Killers cierran el DCODE por todo lo alto


El sábado 15 The Killers se encargaron de cerrar el DCODE, festival de música indie y electrónica que se celebró en el recinto de la Ciudad Universitaria de Madrid. Este festival ha crecido mucho desde que en 2011 arrancase con los conciertos de grupos como My Chemical Romance y Foster the People hasta el punto de llegar a congregar en su segunda edición a más de 20.000 asistentes. 


La tarde del sábado empezó con tranquilidad después de que la música onírica de los islandeses Sigur Rós cerrara la jornada del viernes. Un buen ambiente generalizado reinaba en el DCODE, que se fue animando poco a poco con el concierto de Supersubmarina, grupo español de rock indie cuyos temas parecen un tanto repetitivos pero que no tienen mal directo, para nada.

A las 22:00 irrumpieron en el escenario The Kooks, banda británica de pop rock amable que da la impresión de mantenerse gracias al éxito del disco que les dio la fama, Inside In Inside Out, de 2006. Así, buena parte del setlist de su concierto lo componían canciones como Seaside, See the World, Ooh La y She Moves in Her Own Way, todas ellas del mencionado disco y las más coreadas por el público. Aun así, en directo ganan bastante y sorprendieron con una versión rockera de la popular canción Pumped Up Kicks de Foster the People y la participación como invitado del cantante de este grupo, Mark Foster.


Según se acercaba la medianoche se respiraban cada vez más nervios en el recinto del DCODE, que empezaba a abarrotarse. Minutos después de las 0:00 saltaron al escenario The Killers, sin duda alguna los más esperados de la noche. Nada más comenzar, el grupo de Las Vegas se ganó al público con un eufórico "¡Hola, Madrid! ¡Somos The Killers y esta noche vamos a por todas!" y con la presentación de Runaways, single de su nuevo disco Battle Born, que sale a la venta el día 18 después de cuatro años de espera y un disco en solitario del cantante, Brandon Flowers. Como adelanto de su nuevo trabajo también presentaron Miss Atomic Bomb, pero a lo largo del concierto destacó la presencia de canciones de los álbumes Day & Age y Hot Fuzz, con las cuales hicieron vibrar a un público entregado que ansiaba su regreso.

La puesta en escena fue asombrosa, con un espectáculo de luces, animaciones y fuegos artificiales que demuestran por qué The Killers son considerados, junto con Muse, como uno de los mejores grupos del rock electrónico actual. Destacaron por su entrega el batería Ronnie Vannucci y sobre todo Brandon Flowers, todo un showman que cantaba, tocaba el teclado y el bajo y demostró lo bien que se siente la banda al completo frente a un público tan numeroso, al que supieron emocionar con canciones como Spaceman, Human, A Dustland Fairytale, versiones de Shadowland y Forever Young, las ya clásicas  Read My Mind y Mr. Brightside y un bis que incluía Jenny Was a Friend of Mine y When You Were Young, si bien faltó la despedida perfecta, Goodnight, Travel Well.

©Fotos cortesía de @Whatsername41. 2012
En su segunda edición, el DCODE ha demostrado ser un festival con fuerza al que conviene tener en cuenta, mientras que The Killers no defraudaron lo más mínimo a los fans que llevábamos años esperando su regreso con un concierto que recuperó los temas por los que más se les recuerda y nos preparó para su próximo álbum.

jueves, 21 de junio de 2012

Bruce Springsteen & the E Street Band en Madrid

Madrid, 17 de junio de 2012. Estadio Santiago Bernabéu. Unas 60.000 personas esperan impacientes hasta que a las 21:30 hacen su aparición en el escenario los miembros de la E Street Band, seguidos por Bruce Springsteen, que saluda al público con un "¡Hola Madrid! ¡Hola España!" y ya tiene al estadio entero en el bolsillo. 


El concierto empieza con un clásico, Badlands, que consigue que el público se anime a bailar al ritmo de la canción. Le sigue No Surrender, y después vienen tres de los temas que forman parte del decimoséptimo y muy recomendable disco de The Boss, Wrecking Ball, que da nombre a esta gira. El espíritu crítico, la resistencia y la fuerza frente a la adversidad que Springsteen defiende en sus canciones quedan bien presentes en We Take Care of Our Own, Wrecking Ball y Death to My Home Town, cantos contra la actual crisis económica que mezclan el mejor rock con tintes de la música folk irlandesa. Un poco más tarde, Springsteen dedica unas palabras de apoyo y ánimo acerca de la crisis española, sabe lo mal que lo estamos pasando y nos asegura que está con nosotros, para justo después arrancar con la más calmada Jack of All Trades, también de su nuevo álbum.

El ambiente se va animando cada vez más y todos los miembros de la E Street Band brillan con fuerza en la poderosa Murder Incorporated. Las ganas de fiesta aumentan con la divertida versión de Talk to Me, en la que se les une el cantante Southside Johnny. Durante las siguientes cuatro canciones, Spanish Eyes, Working on the Highway, Shackled and Drawn y Waiting on a Sunny Day, Springsteen se vuelca con el público y demuestra estar en plena forma, saluda a los fans, les da la mano, regala púas, se pone una corbata y unas gafas de sol que lanzan al escenario y hasta invita a subir a un niño del público a cantar con él. Impresionante. Con The River llega uno de los momentos más emotivos de la noche, cuando The Boss dedica esta emblemática canción a Nacho, un joven admirador suyo fallecido poco antes del concierto.


Una animada versión de Because the Night y la más reciente We're Alive dan paso a Thunder Road, canción mítica donde las haya; es increíble escucharla en vivo. Ni los miembros de la banda ni The Boss se toman un solo segundo de descanso en toda su actuación, y después de Rocky Ground comienza la traca final. Born in the USA y Born to Run hacen que todo el estadio se ponga a bailar y aclamar a Springsteen, quien no da muestra de cansancio alguna, no para quieto en el escenario, baila con los cámaras y el personal de seguridad en Hungry Heart, se sube al piano, se salta las vallas para saludar al público, les deja tocar su mítica guitarra Fender e invita a subir al escenario a una chica y coge en brazos a una niña durante la genial Dancing in the Dark.

Parece que el concierto ha llegado a su fin, The Boss finge estar cansado y dice que no al público, que le pide al unísono que toque alguna otra canción. Los integrantes de la E Street Band le animan, y Bruce Springsteen vuelve a sorprender con 10th Avenue Freeze-Out, canción en la que, cuando habla de "Big Man", aprovecha para rendir un sentido homenaje a Clarence Clemons, el legendario saxofonista de la banda tristemente fallecido hace un año. Pero el concierto no termina aquí. Para despedirse, The Boss y la E Street Band dedican al público una impresionante y enérgica versión de la fabulosa Twist n' Shout, que nos deja a todos con muy buenas vibraciones al terminar el concierto.



Tras cuatro horas de concierto y 32 canciones, todos los asistentes coincidimos en que ha sido una actuación inolvidable y en la inmejorable forma en que se mantiene El Jefe de la música rock, capaz de asombrarnos con su nuevo trabajo a la vez que revive sus grandes clásicos, dándolo todo en el escenario y preocupándose de que el público se lo pase bien en todo momento. Por mi parte, sin duda ha sido el mejor concierto al que he tenido la oportunidad de ir y uno de los mayores espectáculos que jamás he presenciado.

martes, 30 de agosto de 2011

El debut de Jeff Bridges

Desde hace mucho tiempo, el actor Jeff Bridges ha sido un fan incondicional de la música country, pero no fue hasta su papel en la película Crazy Heart cuando tuvo la ocasión de tocar y cantar en pantalla. Gracias a los elogios que su actuación recibió (incluso ganó un merecido Oscar al mejor actor), Bridges obtuvo el apoyo que necesitaba y se reunió con un grupo de buenos amigos para grabar su primer disco de estudio, titulado simplemente Jeff Bridges.


De este modo, El gran Lebowski nos sorprende con diez canciones de country lento, un tanto alejadas del estilo de Crazy Heart, en las que predominan un tono melancólico y sentimientos sinceros a los que Bridges da voz y ritmo. Os invito a que deis una oportunidad al álbum de este magnífico actor y músico (quien esperemos que no tarde en volver a las pantallas) y os dejo con una de sus canciones, el single What a Little Bit of Love Can Do.

viernes, 22 de octubre de 2010

The Swell Season

El pasado lunes 18 tuve ocasión de ver en directo a The Swell Season, grupo formado por la joven Markéta Irglová y Glen Harsgard, quienes acompañados de la banda del último se adentran en el terreno del folk irlandés y el rock indie. Fue gracias a la película musical independiente Once cuando alcanzaron el reconocimiento que merecían, llegando incluso a ganar el Oscar a la mejor canción, Falling Slowly, en 2008.

En el concierto comenzaron con temas correspondientes a su disco más reciente, Strict Joy, para luego dar paso a los pertenecientes a la banda sonora de la citada película; al mismo tiempo que se ganaron el favor del público no sólo con su música, sino con multitud de bromas acerca de la comida y las tapas españolas, entre otros. En este aspecto fue Glen (con su característica guitarra rota) quien derrochó más carisma, si bien ambos tuvieron el detalle de animar a una seguidora con quien habían contactado previamente a que subiera al escenario y los acompañara tocando las castañuelas en una canción. Para terminar y "que el público tuviera algo que tararear de camino a casa", según el propio Glen, entonaron una versión de la sencilla Devil Town.




Un concierto impresionante con dos músicos de gran talento entregados.

domingo, 20 de junio de 2010

Manifiesto Musical

El panorama de la música pop actual roza lo desalentador: incluso en los lugares más insospechados nos vemos invadidos por las últimas sandeces de Lady Gaga y todo el séquito de supuestas "artistas" que tratan de imitarse unas a otras como Christina Aguilera, Kesha, Katy Perry, Madonna y hasta la reciclada Miley Cyrus, por no mencionar al conjunto de ídolos adolescentes recién salidos de Disney Channel, cadena de televisión en la que canta hasta el apuntador.

Por fortuna, las alternativas son diversas y abundantes, permitiendo que cada uno pueda acceder a distintos estilos de música y artistas según sus propios intereses. Por mi parte, me gustaría recomendar desde este blog a dos grupos actuales bien diferenciados como remedio frente a los ejemplos arriba citados.

El primero de ellos lo compone el británico Jamie Cullum, un auténtico virtuoso del piano en cuyos temas se funden jazz y pop a la perfección. Jamie ya es un artista consagrado con cinco discos y gracias a su popularidad y buen hacer participó componiendo y cantando el tema final de la película del maestro Clint Eastwood Gran Torino, por el cual recibió una nominación a los Globos de Oro. Su disco más reciente, The Pursuit, salió al mercado a finales de 2009 y goza de una frescura única como prueba el tema bajo estas líneas, Don't Stop the Music, versión que supera el original de Rhianna (lo cual, por otra parte, no era muy complicado).


El siguiente grupo subió a los escenarios londinenses por primera vez en 2007, pero no fue hasta finales de 2009 cuando alcanzaron el éxito con su primer disco Sigh No More. Se trata de Mumford & Sons, cuarteto que revive los sonidos del folk inglés con la presencia de instrumentos como el banjo o el dobro. He aquí uno de sus singles, The Cave.


Hasta aquí mis pequeñas recomendaciones, pero estoy seguro de que cada uno tendrá su propia forma de combatir las absurdeces de la "autora" de Bad Romance y demás productos de la industria musical actual.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Star Wars in Concert: Madrid

El pasado sábado día 20 sucedió en Madrid un acontecimiento intergaláctico. En el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid, los aficionados de una de las sagas de ciencia ficción más famosas pudimos disfrutar de la experiencia Star Wars in Concert en su gira europea.

Así, la Royal Philarmonic Concert Orchestra de Londres dirigida por Dirk Brossé interpretó una selección de piezas de la mítica banda sonora de las seis películas compuesta por el maestro John Williams, las cuales fueron acompañadas por la proyección de fragmentos de los filmes correspondientes a dichos temas. Así, a auténticos himnos como la obertura de la saga o la Marcha Imperial les acompañaron composiciones más recientes (pero no por ello menos emblemáticas) como Duel of the Fates, Across the Stars o Battle of the Heroes.

Además, en el evento reinaba la admiración por la saga y la complicidad entre el público y la orquesta, como prueban la interpretación de las sintonías del THX y la Fox o el bis de la Marcha Imperial al terminar el concierto. Mención aparte merece la intervención del gran Anthony Daniels como narrador, actor que dio vida al androide C3PO en los seis episodios y que desprendía un carisma único en su participación en el concierto (tal fue su implicación que llegó a emocionarse con los aplausos que recibió al terminar la música).


Para completar este tributo de casi dos horas al mundo creado por George Lucas, una exposición de algunas piezas vistas en Star Wars: The Exhibition acompañaba la entrada al concierto. En definitiva, una ocasión única tanto para los amantes de la saga estelar como de la buena música.