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lunes, 2 de febrero de 2015

Como un fénix... Cine

El blog no atraviesa su mejor momento. El último año no ha sido especialmente prolífico en cuanto a nuevas entradas, recomendaciones, reseñas ni artículos, por mucho que me haya propuesto preparar varios especiales. Las ganas de escribir en esta bitácora seguían presentes, pero la hora de sentarse frente al teclado brillaba por su ausencia. Tampoco ha ayudado el estado precario de la blogosfera, herida de muerte desde hace años. Se echan de menos las bitácoras de amigos que se dedican a algo más que a colgar enlaces de noticias. Yo mismo he sido testigo de la desaparición de varias webs hermanas y, finalmente, de un prolongado descanso de la propia. Por suerte, todavía quedan personas como Néstor, Eowyn o Yota, dispuestas a dar lo mejor de sí mismas en sus respectivos espacios.


Llegó el día 27 de enero de 2015 y se cumplieron siete años desde que creara este modesto blog. No tenía nada preparado para la ocasión, ningún especial como las colaboraciones de 2013, así que, ¿qué menos que intentar darle un poco de nueva vida? No sé cuánto durará, si estamos ante el último aliento de la bitácora o si de verdad ha vuelto para quedarse. Por el momento, comencemos con un repaso a las películas, los cómics y las series que he podido disfrutar durante los meses de inactividad bloguera:


·El niño: Los responsables de la recomendable Celda 211, hito del cine español, regresan con una nueva película de género policíaco. Daniel Monzón y su equipo nos cuentan una historia de ambición enmarcada en un contexto conocido por todos pero del que no le gusta hablar a nadie, como es el narcotráfico en el estrecho de Gibraltar. La película cuenta dos historias entrelazadas, la de un policía tenaz y la de un joven que quiere hacerse un nombre pasando droga. Esta última resulta bastante tediosa, en buena parte por la nula experiencia de los jóvenes actores protagonistas y por su historia repleta de topicazos. Compensa con la trama policíaca, protagonizada por el gran Luis Tosar (a quien le han calzado un inexplicable peluquín), y con su desenlace.


·La entrega: Nueva adaptación de una obra de Dennis Lehane a la gran pantalla, que nos brinda resultados excelentes. La narrativa del escritor de Boston nos ha dejado joyas cinematográficas como Mystic River, Shutter Island y Adiós, pequeña, adiós y La entrega se alza como un diamante en bruto. Nos cuenta la historia de cuatro personajes relacionados con los trapicheos de la mafia rusa de Brooklyn, un retrato preciso que guarda un par de sorpresas finales y un desarrollo de personajes creíbles y humanos. Las casi dos horas de metraje hacen que se resienta un poco el resultado final, pero la película compensa con una puesta en escena austera y con el sólido trabajo de Tom Hardy, Noomi Rapace y el último papel del gran James Gandolfini.


·Perdida: La última sensación de la novela negra llega al cine de la mano de un experto. David Fincher se basa en el guion de la propia novelista, Gillian Flynn, para narrarnos una retorcida historia de crimen, celos, control, venganza y también de amor. Nos deja una puesta en escena brillante, con secuencias oscuras como las protagonizadas por Neil Patrick Harris o por los medios de comunicación, una nueva banda sonora de Atticus Ross y Trent Reznor para nuestro disfrute y nos redescubre a la actriz Rosamund Pike.


·Las tortugas ninja: En mayo de 2014 se cumplieron treinta años del nacimientos de estos iconos de la cultura popular, que ahora viven un nuevo renacer gracias a sus cómics y serie de animación. No podía faltar la adaptación cinematográfica de turno, que mezcla la pirotecnia desmedida de la factoría de Michael Bay con el humor y el heroísmo de Los Vengadores (hasta el malo se sube a una torre neoyorkina para ejecutar su plan final). La película en sí apenas vale un pimiento, pero funciona como entretenimiento y, sobre todo, como homenaje a las creaciones de Peter Laird y Kevin Eastman y su mitología, que aquí lucen cuerpos hipermusculados.


·The Equalizer (El protector): Denzel Washington se reúne con el director Antoine Fuqua años después de Training Day y juntos filman un bodrio de proporciones cósmicas. Se trata de la adaptación de una antigua serie de televisión acerca de una especie de Castigador que arregla entuertos a tiros en su pequeña comunidad de Boston. Lo que empieza como una película desenfada y violenta da paso a un rollo absurdo de dos horas y media.


·La isla mínima: Tras la acción policíaca de Grupo 7 (que por desgracia sufrió los rebuznos de Mario Casas), Alberto Rodríguez se atreve con un thriller negro ambientado en la cuenca del Guadalquivir. Una película absorbente, negra, retorcida y ambigua que ofrece interesantes reflexiones acerca de la España rural, del poder y de la naturaleza de la maldad. Consigue mantener en vilo y aterrar. La mejor película española que he visto en años.


·Interstellar: Tras rematar la trilogía de Batman con un pestiño, Christopher Nolan vuelve con una odisea de ciencia ficción acerca de los últimos días de la humanidad en la Tierra y de la búsqueda de nuevos mundos que habitar. Se agradece que escriba su propia historia y que resulte entretenida durante sus casi tres horas de duración, pero se queda lejos de sus obras más redondas hasta la fecha y tampoco ofrece la catarsis que muchos de sus seguidores acérrimos esperaban. Se trata de una historia de ciencia ficción espacial digna, sin más, que homenajea al 2001 de Kubrick en varios aspectos y que peca de grandilocuente. Se agradece ver por la pantalla a unos correctos Matthew McConaughey, Jessica Chastain y Matt Damon. Ojalá Nolan apueste por un proyecto más comedido y redondo que le vuelva a sus orígenes, tipo Memento.

¿Y qué hago yo metido en esto?
·El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos: Un despropósito de principio a fin difícil de digerir. La primera parte de la trilogía de las precuelas de ESDLA resultó entretenida y nos ganó por la nostalgia de la saga madre, la segunda ya se hacía bastante infumable con tantas escenas sacadas de la manga, como la basura de la ciudad del lago o de los enanos volando por el interior de la Montaña Solitaria. Guardaba la esperanza de que la última entrega supusiera un cierre digno, pero duele ver una película repleta de escenas intrascendentes, de personajes que desparecen, de otros recién salidos de la chistera a los que se les da protagonismo porque sí y de un exceso de efectos digitales que da vergüenza ajena y que incluso reemplazan a actores de carne y hueso, como Billy Connolly. Partimos de un error de concepto, pues para adaptar una amable y entrañable novela de fantasía, Peter Jackson y su equipo han optado por una saga de tres películas larguísimas que busca a tientas la trascendencia de la trilogía original. Tenemos a un nuevo George Lucas, capaz de pervertir la emblemática saga que lo encumbró. Hasta cuenta con su propio Jar Jar Brinks, un tal Alfrid que ni se asomaba por la novela de Tolkien.


·Big Hero Six: Recordemos que, en su afán por conquistar el mundo del entretenimiento, Disney se hizo con los derechos de Marvel y de Lucasfilm. Ahora han rescatado a un pseudoequipo de superhéroes japoneses que nació en la oscura Marvel de los noventa y lo han adaptado para conseguir una versión animada de Los Vengadores. No en vano, la película mezcla el tono de la película de Joss Whedon (el villano comparte la fascinación de Loki por los portales interdimensionales y tenemos una especie de Iron Man) con el estilo de ¡Rompe Ralph!, con cameo de Stan Lee mediante. La fórmula funciona y nos brinda un entretenimiento digno y apto para todos los públicos. 

Próximamente, cómics.

sábado, 1 de marzo de 2014

Cine de contrastes: Cuando todo está perdido

De entre los directores jóvenes surgidos en los últimos años, en concreto desde 2007, cuyas carreras parecen más prometedoras y que más me han impresionado, me gustaría destacar a cuatro en particular: Jeff Nichols, de cuyos dramas sureños pronto hablaremos, Ben Affleck y el nuevo rumbo que ha dado a su carrera como director de herencia clásica; el británico Steve McQueen, en boca de todos gracias a la excelente 12 años de esclavitud, y quien hoy no ocupa, J.C. Chandor. Proveniente del mundo de la publicidad y los documentales, Chandor se estrenó en el terreno del largometraje en 2011, y desde entonces ha firmado dos excelentes películas entre las que se puede apreciar un marcado e interesante contraste.



La primera de ellas es Margin Call, la tensa historia de un par de analistas de bolsa de una poderosa empresa de Wall Street que descubren lo que se les avecina con el crack de 2008. Ante semejante situación, vemos cómo reaccionan las altas esferas de la compañía y recurren a métodos de escasa moral para engañar a sus clientes y deshacerse de los efectivos contaminados, en un proceso similar a lo que ocurrió durante la caída de Lehman Brothers. En Margin Call los espectadores nos sumergimos en un ambiente enrarecido y artificial, la tensión se palpa en el aire y la angustia aumenta a medida que avanza la película y los personajes se sofocan ante el inminente desplome de sus negocios. Para acentuar esta sensación, cabe destacar que la acción sucede casi en exclusiva en espacios cerrados, siempre poblados por personajes nerviosos ante la incertidumbre y todo lo que está en juego. La ausencia de banda sonora, así como el predominio de las luces artificiales azuladas, contribuyen a aumentar esta sensación de alienamiento y extrañeza, que culmina con un final amargo e insatisfactorio para la mayoría de los protagonistas.


Por otra parte, la segunda y recién estrenada película de Chandor presenta un enfoque completamente opuesto. Cuando todo está perdido nos presenta a un anciano recorriendo el Pacífico a bordo de su velero, un protagonista anónimo a quien sólo conoceremos como "Nuestro hombre" gracias a los títulos de crédito. Su situación se vuelve crítica cuando su barco choca contra un contenedor chino, naufraga y se ve visto a las calamidades de la intemperie, los tiburones y la desesperación absoluta. Al contrario que Margin Call, Cuando todo está perdido no enfatiza en la contundencia de la historia que nos quiere narrar, pues posee una trama bastante sencilla, sino que se alza más como un ejercicio de estilo al contar con único personaje perdido en la abrumadora inmensidad del océano, un espacio que contrasta con la claustrofobia vista en Margin Call. La insignificancia del velero en el hipnótico azul del océano logra que los espectadores dudemos de las posibilidades que tiene nuestro protagonista de salvar la vida, con quien conseguimos simpatizar a pesar de que apenas pronuncia palabra en toda la película y de que sólo podemos deducir escasas pinceladas de su pasado gracias a pequeñas pistas. Al contrario que en Margin Call, en la segunda película de J.C. Chandor no vemos al hombre al borde del colapso en un sistema artificial que él mismo ha creado, sino enfrentándose a las fuerzas naturales que no puede controlar y que le superan con creces, bebiendo en parte de lo expuesto en obras literarias como La narración de Arthur Gordon Pym o El viejo y el mar, y de películas como la excelente 127 horas. Además, en Cuando todo está perdido la banda sonora se alza como un personaje más, con bellas e hipnóticas composiciones a cargo de Alex Ebert. Eso sí, la simplicidad de la propuesta y su contundencia pueden no resultar de agrado para todos los espectadores, y puede que incluso varios se sientan estafados de gastarse el desorbitado precio de una entrada en una película de estas características.


Lo que sí comparten ambas películas de Chandor, cuyos guiones ha escrito el propio director, algo que siempre es digno de admiración; es el excelente trabajo de los actores. En Margin Call tenemos un reparto coral que contribuye al agobio que transmite la cinta, en el cual destacan unos inmensos Kevin Spacey y Zachary Quinto, sorprenden "el mentalista" Simon Baker y unos recuperados Demi Moore y Jeremy Irons, y el siempre efectivo Stanley Tucci aporta humildad a su personaje. Mientras tanto, en Cuando todo está perdido el reparto se ha reducido a un único actor, y tenemos al gran Robert Redford apoyando el cine independiente con un papel de sufrido y parco protagonista cuya extenuación y creciente desesperación consiguen conmover a los espectadores sin necesidad de exagerar o dramatizar en exceso. Una pena que no le hayan nominado a los premios de la Academia, pues sin duda estamos ante un papel complejo y exigente.


Tras estos dos modestos triunfos, J.C. Chandor se ha revelado como un cineasta interesante, responsable de estimables y ricas propuestas; yo personalmente espero con muchas ganas su próximo proyecto, el thriller A Most Violent Year, que se estrenará dentro de un par de años y contará con dos de los actores del momento: Jessica Chastain y Oscar Isaac.

martes, 7 de enero de 2014

Mike Lee's Selection for 2013

Acabamos de estrenar año, y nada mejor que darle la bienvenida a 2014 con un repaso a las películas que más me han llamado la atención de entre las estrenadas a lo largo del pasado año. Además, terminaremos con un breve recordatorio de cuáles pueden ser los cómics y las series a los que no hay que perder la pista durante 2014.


Como es habitual, en 2013 hemos podido disfrutar de todo tipo de cine. La variedad ha sido el rasgo predominante entre los estrenos cinematográficos, que nos han permitido disfrutar del salvaje Oeste según Quentin Tarantino (Django desencadenado), de nuevas versiones de novelas ya clásicas (El gran Gatsby), del regreso del terror casero (The Conjuring: Expediente Warren), de varias versiones del Apocalipsis (Guerra Mundial Z, Pacific Rim), y por supuesto de nuevas entregas superheroicas (Iron Man 3, Thor 2). En general, continúa la tendencia de la nostalgia y de las secuelas de grandes sagas que, como es costumbre, seguirá acentuándose durante los próximos años. Hoy traemos una modesta selección de las películas que más me han entusiasmado a lo largo de 2013, además de un pequeño adelanto.


*Zero Dark Thirty (La noche más oscura): Los nuevos métodos en la "guerra contra el terror" quedan plasmados en esta película que nos narra la obsesión de su protagonista por una misión que se alarga en el tiempo, ofreciéndonos la mejor interpretación de Jessica Chastain hasta el momento. 

*Bestias del sur salvaje: El debutante Benh Zeitlin nos sumerge en el mundo mágico y a la vez desgarrador de la pequeña Hushpuppy, un ejercicio de poesía visual y musical que nos dejará sin aliento.

*Trance: Danny Boyle regresa a Londres después de los Juegos Olímpicos con una película dura, llena de trampas y engaños que resulta trepidante en todo momento. 

*Star Trek: Into Darkness: El rompetaquillas del año, JJ Abrams revive a la tripulación de la USS Enterprise siguiendo los cánones del cine de aventuras de Spielberg y Lucas, a la vez que ofrece a Benedict Cumberbatch la oportunidad de consagrarse como villano.

*Rush: El irregular Ron Howard sorprende con este drama deportivo acerca de la rivalidad y la amistad que unió a los pilotos de Fórmula 1 Niki Lauda y James Hunt, además de que incluye un señor homenaje a Días de trueno

*The Way Way Back (El camino de vuelta): La comedia independiente del año nos presenta las tribulaciones de un joven obligado a convivir con su desestructurada familia un verano al mismo tiempo que se encuentra a sí mismo gracias a personajes inesperados que se cruzan en su camino.

*Mud: Después de las brillantes Shotgun Stories y Take Shelter, Jeff Nichols vuelve con otro drama sureño, esta vez acerca del poder de la amistad, del amor y de la confianza, protagonizado por unos recuperados Reese Witherspoon y Matthew McConaughey.

*Capitán Phillips: Thriller acerca del drama de la piratería actual y de quienes se ven implicados en ella. Lejos de heroísmos baratos, ofrece un retrato crítico e imparcial que nos trae de vuelta al gran actor que es Tom Hanks.

*The World's End: Edgar Wright y Simon Pegg cierran su trilogía del Cornetto y la sangre con una divertida parodia de las película apocalípticas y de alienígenas, que además incluye interesantes reflexiones acerca del paso del tiempo, la amistad y la infinita estupidez humana.

*Gravity: Con una puesta en escena absorbente y espectacular, Alfonso Cuarón nos cuenta la odisea de una astronauta que luchará por perdonarse a sí misma y por regresar a la Tierra.

*12 años de esclavitud: La película del año para mí, supone la consagración de Steve McQueen como director, quien nos narra de modo visceral la tragedia de la esclavitud en los Estados Unidos de 1850, sin mostrar piedad para nadie y destacando la increíble labor de un reparto capitaneado por Chiwetel Ejiofor y Michael Fassbender

*American Hustle: A punto de estrenarse en España, el nuevo trabajo de David O. Russell engancha desde su primera escena y avanza gracias a las ambiciones de unos personajes brillantes inmersos en una trama retorcida y divertida, interpretados por un reparto de verdaderos titanes.

Tras estas doce elegidas, aún me quedan muchas películas de 2013 que ver que, o bien se me han escapado de las salas, o bien aún no han llegado a la cartelera, como All Is Lost, The Wolf of Wall Street, Dallas Buyers Club, Inside Llewyn Davis, o Her.


En el plano comiquero, 2013 también ha sido un año variado, marcado por ciertas jugadas editoriales y por la consagración del sector independiente personificado por Image Comics. Vamos ahora con mis humildes recomendaciones acerca de los cómics que han definido 2013.

*Los Muertos Vivientes: La obra magna de Robert Kirkman ha perdido su frescura y fuerza iniciales, pero todavía mantiene el interés después de superar las 100 entregas y de una década de vida, máxime cuando se nos avecina una guerra abierta entre los supervivientes.

*Invencible: Seguimos con Kirkman, quien ha demostrado que la vida de Mark Grayson como superhéroe todavía puede complicarse mucho más, siempre que lo permitan los viltrumitas y sus múltiples enemigos en las sombras.

*Ladrón de ladrones: Tras un comienzo simplón, nos damos cuenta de que los problemas del ladrón de guante blanco conocido como Redmond con el FBI y con los cárteles no han hecho más que empezar, y serán mucho más intensos si los sigue ilustrando Shawn Martinborough.

*Locke & Key: Joe Hill y Gabriel Rodríguez nos han desvelado parte de los oscuros secretos de la Casa de las llaves, y también nos han dejado a los lectores sin uñas de esperar la conclusión de las aventuras de los hermanos Locke.

*Fatale: Ed Brubaker y Sean Phillips nos invitan a viajar a través del tiempo junto a Josephine y la maldición que la persigue gracias a una narrativa ejemplar y a una fusión de género negro con terror de herencia Lovecraftiana.

*Batman Incorporated: Grant Morrison pone punto final a su etapa al frente de Batman resolviendo incógnitas, trayendo de vuelta a viejos conocidos y ante todo rindiendo culto a la figura del hombre murciélago como mito contemporáneo.

*Ojo de Halcón: La revelación del año ha venido de manos de Matt Fraction y David Aja, quienes han conseguido mostrarnos el lado menos glamouroso de la vida del conocido vengador con mucho humor.

*The Private Eye: Brian K. Vaughan y Marcos Martín unen fuerzas y talento en un cómic distribuido en formato digital que nos muestra una trama detectivesca ambientada en un futuro cercano en el que la información de la "nube" de Internet explotó, dejando los secretos de todo el mundo al descubierto y obligando a las personas a esconderse detrás de máscaras.

*Universo X: Gracias al talento combinado de Jason Aaron y de Brian Michael Bendis he recuperado la fe en los mutantes. Estos dos arquitectos han conseguido rendir homenaje el espíritu de las historias de Claremont en Lobezno y la Patrulla X, traer a los X-Men del pasado al confuso momento presente, hacer que nos cuestionemos si Cíclope está loco o si es un visionario, y de paso sembrar multitud de dudas y paradojas temporales con la presente Batalla del átomo, que nos deja un panorama intenso y apasionante para los mutantes en el que casi todo puede suceder. 

Terminamos con el panorama seriéfilo, en el que me gustaría destacar la consolidación de series como Juego de tronos o Person of Interest, cada una con su universo propio; la mirada crítica de The Newsroom, el éxito arrollador de The Walking Dead, los estrenos interesantes de House of Cards y Ray Donovan, protagonizadas por unos inmensos Kevin Spacey y Liev Schreiber, respectivamente; y, por encima de todas, la triunfal despedida de Breaking Bad, que nos ha dejado una de las series más intensas y brillantes de la historia de la televisión, de las que de verdad merece la pena seguir, protagonizada por el inolvidable Walter White.


Y para vosotros, ¿qué películas, cómics y series han marcado 2013?

Desde What's the rumpus? recibimos el nuevo año con ilusión y, mientras preparamos la celebración del cercano sexto aniversario, no queda más que dar las gracias a los lectores que hacen posible este blog y desearles un 

¡Feliz 2014!

miércoles, 6 de marzo de 2013

Mamá: Terror de la factoría Del Toro


Cinco años después de su desaparición, Lucas y Annabel encuentran a sus sobrinas, Lilly y Victoria, en una siniestra cabaña perdida en el bosque. Nadie sabe con certeza cómo han sobrevivido todo este tiempo y, una vez en casa de sus tíos, las dos pequeñas no cesan de hacer referencia a la presencia de Mamá, un extraño ente que parece haberlas cuidado en el bosque y que no está nada contento con que le hayan arrebatado a sus niñas.

Por méritos propios, Mamá se ha convertido en uno de los estrenos más exitosos de lo que llevamos de 2013 y una propuesta decente para el cine de terror. Dirigida por el debutante Andrés Muschietti, que procede del mundo de la publicidad, y basada en un guión que escribió él mismo junto a su hermana Barbara, Mamá viene apadrinada por Guillermo Del Toro, responsable de películas como Hellboy o El laberinto del fauno. Que el productor de Mamá sea el mencionado director mexicano no me hacía demasiada ilusión, pues que le definan como un visionario cuando no hace más que embarcarse en proyectos cinematográficos que no termina me parece una estrategia de márketing más. Su mano se nota en el acabado de Mamá, que comparte estética y temática con otras películas del propio Del Toro o producidas por él, como la irregular No tengas miedo de la oscuridad.


Mamá tiene un buen arranque, y durante la primera mitad de la película destaca la habilidad de Muschietti para la creación de atmósferas terroríficas en las que prima lo que no se muestra en pantalla por encima los tópicos del género que The Cabin in the Woods satirizó con ingenio, lo cual es de agradecer en los tiempos que corren para el terror cinematográfico. El director opta por un estilo limpio y cuidado que transmite tensión a los espectadores, y lo combina con cierto desarrollo de personajes, adentrándose en las personalidades de los miembros de la disfuncional familia protagonista, lo cual siempre es de agradecer. Sin embargo, según nos acercamos al final, la trama de Mamá pierde bastante fuerza, sobre todo en lo que concierne a la criatura paranormal que da nombre a la película, cuyo origen es demasiado tópico, mil veces visto y nada espectacular.

La sombre de Del toro se aprecia en los elementos fantásticos incluidos en la historia, así como en la fotografía y estética de la película. Dejando de lado al productor, Muschietti ha sabido manejar a un reparto convincente y sacar provecho a dos actores emergentes con mucho potencial. Nos referimos, por supuesto, a Nicolaj Coster-Waldau (más conocido como Jamie Lannister gracias a su interpretación en la serie Juego de Tronos), y a la todoterreno Jessica Chastain (deslumbrante en La noche más oscura). Una vez más merece la pena alabar el trabajo de esta gran actriz, pues su personaje, Annabel, es de lo mejor de Mamá, capaz de transmitir cierta ternura y emoción dentro de una película de terror.



Curioso debut de Andrés Muschietti, Mamá supone una entretenida película de terror que evita la mayoría de los tópicos del género, si bien termina cayendo en otros, y que cuenta con la presencia de una pareja de actores de mucho potencial.

martes, 26 de febrero de 2013

Oscars 2012: Reparto de premios

La noche del 24 de febrero tuvo lugar la entrega de los Premios de la Academia de Cine de Hollywood en el Teatro Dolby de Los Ángeles. Al contrario que en la bochornosa ceremonia anterior, en esta edición de los Oscar el nivel estaba muy alto en todas las categorías, y entre las nominadas a Mejor Película nos encontrábamos con títulos tan recomendables, cada uno en su estilo, como la recuperación del thriller clásico de Argo, la reinvención del cine de espías de La noche más oscura, el western pop de Django desencadenado o la perfecta mezcla de drama y comedia de El lado bueno de las cosas.


La gala comenzó bien y mantuvo un ritmo fluido que no la hizo demasiado repetitiva. Seth MacFarlane, creador de Padre de familia, empezó la noche con buen pie, pero pronto sus bromas, herederas del humor que puebla sus creaciones, pusieron de manifiesto que no estábamos ante un presentador con el carisma de Hugh Jackman, si bien cumplió con corrección hasta el final. Los homenajes al género musical se sucedieron a lo largo de la noche, destacando la reunión sobre el escenario de las estrellas de la irregular Los Miserables. También se rindió tributo a los 50 años de la saga Bond, con la interpretación del mítico tema de Goldfinger, e incluso parte de Los Vengadores hicieron acto de presencia, aunque para mí lo mejor fue volver a ver sobre el escenario a leyendas de la interpretación como Dustin Hoffman y Jack Nicholson.

En cuanto a los premios, esta edición se caracterizo por lo repartidos que estuvieron y la ausencia de una clara favorita. Hubo varias sorpresas, como el empate de Skyfall y La noche más oscura en Edición de Sonido, el inmerecido triunfo de Brave como Mejor Película de Animación ante Frankenweenie o ¡Rompe Ralph!, y el éxito de La vida de Pi en Mejor Banda Sonora, fotografía (pobre Roger Deakins, una vez más se va de vacío), así como el de su director, Ang Lee. La categoría de Mejor Actor de Reparto era una de las más reñidas, y al final fue Christoph Waltz quien se hizo con el galardón gracias al parlanchín Dr. Schultz (papel un tanto similar al que ya hizo en Malditos bastardos, pero bueno). Anne Hathaway triunfó como Mejor Actriz de Reparto (yo prefería a Amy Adams) mientras que Jennifer Lawrence se llevó el merecido premio a la Mejor Actriz Principal por su gran trabajo en El lado bueno de las cosas (esperemos que Jessica Chastain sea premiada pronto también). Hubiese preferido que el esfuerzo de su compañero, Bradley Cooper, se hubiese visto recompensado en la categoría de Mejor Actor Principal, en la que el vencedor fue Daniel Day-Lewis por su interpretación de Lincoln, convirtiéndose en el mejor actor de la historia de la Academia con sus tres galardones acumulados hasta la fecha (Jack Nicholson también tiene tres, pero uno es de Mejor Actor de Reparto). Además, Quentin Tarantino y Chris Terrio fueron reconocidos como los mejores guionistas gracias a su labor en Django desencadenado y Argo, respectivamente.

Hasta Walter White estuvo presente en el discurso de Ben Affleck
Con este reparto de premios, queda claro que en la Academia no tienen en mucha estima a Steven Spielberg, que no arrasó como prometía con Lincoln, ni tampoco al nuevo trabajo de Kathryn Bigelow, que se merecía más repercusión. Tampoco parecía que fuesen a premiar el trabajo de Ben Affleck, que quedó absurdamente excluido de la categoría de Mejor Director, pero finalmente se hizo justicia y su trabajo se vio recompensado cuando Grant Heslov, George Clooney y el propio Affleck recogieron el premio a Mejor Película por Argo, consagrándose este último como el gran director que ha demostrado ser después de tres excelentes trabajos tras la cámara. Para terminar, me quedo con las palabras finales del emotivo discurso de Affleck: "It doesn't matter how you get knocked down in life, 'cause that's gonna happen, all that matters is that you gotta get up."

Para consultar el listado completo de los gandores, click aquí.

¿Y a vosotros? ¿Qué os han parecido la gala y el reparto de premios?

martes, 29 de enero de 2013

Zero Dark Thirty: La noche más oscura


Maya, una joven y tenaz analista de la CIA, lleva años persiguiendo a la cúpula de los terroristas de Al Qaeda. Durante todo este tiempo ve cómo los atentados se suceden, los métodos de espionaje tradicionales se quedan anticuados, presencia impotente la pérdida de personas cercanas y lucha contra las trabas burocrática sin darse nunca por vencida, pues está convencida de que posee varias pistas para dar con el paradero del terrorista más buscado del mundo, Osama Bin Laden. ¿Lo conseguirá?

Directora afincada en el cine de acción, al que ha contribuido con títulos tan entretenidos como Le llaman Bodhi, Kathryn Bigelow sorprendió a finales de 2009 al público y la crítica con The Hurt Locker (En tierra hostil), thriller bélico ambientado en la guerra de Irak que huía de polémicas varias para narrarnos una historia dura y tensa desde un punto de vista crítico, con personajes interesantes y ofreciendo a los espectadores más preguntas que respuestas. Después de su merecido triunfo en la ceremonia de los Oscar, Bigelow decidió continuar con un nuevo proyecto de corte bélico, que finalmente se ha convertido en Zero Dark Thirty, relato de la lucha de la CIA contra los terroristas de Al Qaeda a lo largo de una década y de la operación que terminó con Osama Bin Laden en mayo de 2011.


Bigelow se ha reunido para la ocasión con Mark Boal, guionista de la mencionada The Hurt Locker (que cada día me gusta más, soberbia interpretación de Jeremy Renner) y de En el valle de Elah, con las cuales Zero Dark Thirty comparte el acercamiento a la guerra: Boal huye de polémicas fáciles para ofrecer una visión crítica con ambas partes, enfatizando el cambio en las tácticas de los dos bandos y la ambigüedad moral de los implicados. Esto mismo podemos presenciar en Zero Dark Thirty, pues la película escapa de patriotismos baratos (aquí no hay grandes héroes ni proezas), en los cuales era muy fácil caer dado el tema, y nos muestra cómo ha cambiado el mundo del espionaje actual, el panorama hostil e incierto en el que se desarrollan las operaciones y las técnicas de cuestionable moralidad a las que se recurre, además de todo el esqueleto burocrático que hay detrás de una gran operación; todo ello sin olvidarse de que es una película ni del desarrollo de los personajes.


La combinación del guión de Boal, dividido en varios episodios, con la dirección de Bigelow consigue que las más de dos horas y media que dura la película atrapen al espectador e incluso le fascinen con lo que se muestra en pantalla y la lucha personal de Maya. Bigelow opta por un estilo directo, sin artificios, cercano al de The Hurt Locker, con secuencias dirigidas con mucha inteligencia en las que sugiere en lugar de mostrar y otras de tensión extrema, como el sensacional tramo final donde se desarrolla la operación en cuestión. A esto hay que sumarle un montaje acorde, una edición de sonido excelente y la cumplidora banda sonora de Alexandre Desplat, que no se hace notar demasiado, no estaba tan inspirado como en Argo.


Zero Dark Thirty cuenta con un reparto coral que cumple y dota a sus personajes del realismo y la profundidad necesarios. Nos encontramos con actores ascendentes como Jason Clarke (Sin ley), Joel Edgerton (Warrior), o Edgar Ramírez (El ultimátum de Bourne) y rostros familiares como los de los destacables Kyle Chandler (Super 8), Mark Strong (Kick-Ass), Jennifer Ehle (Contagio) y James Gandolfini (Mátalos suavemente). En medio de este reparto coral brilla con fuerza la interpretación de Jessica Chastain, que da vida a Maya, una mujer dura, obsesionada con su trabajo pero humana al mismo tiempo (en la línea del personaje de Claire Danes en Homeland). Resulta impresionante la carrera de esta actriz, que en estos últimos dos años ha pasado de pequeños roles secundarios a convertirse en una de las mejores actrices jóvenes del momento gracias a sus numerosos papeles en películas de géneros variados (El árbol de la vida, La deuda, Criadas y señoras, Take Shelter, Sin ley, Mamá...), siempre aportando interpretaciones de primer nivel. Zero Dark Thirty no es ninguna excepción, y en ella Chastain realiza un gran trabajo, midiéndose con otros intérpretes de nivel y saliendo airosa con un personaje complejo y muy fuerte.


La nueva película de Kathryn Bigelow es todo un triunfo cinematográfico, capaz de mantener a los espectadores en tensión durante su prolongado metraje y de hacerlos reflexionar acerca de sucesos de máxima actualidad. Zero Dark Thirty impacta con fuerza en los espectadores y supone la consagración de Jessica Chastain, una gran actriz.

Ficha de la película.

sábado, 1 de octubre de 2011

Policías acabados, seres diminutos, habitaciones del pánico y deudas del pasado

Los pasados 26, 27, y 28 de septiembre se celebró la denominada "fiesta del cine", que por el precio de 2€ por película pretende acercar a los espectadores a las salas, cada vez más vacías debido en parte a la actual crisis económica y al precio de las entradas, que crece a un ritmo desorbitado. En una sesión maratoniana pude disfrutar (y sufrir en algún caso) de cuatro títulos bien diferenciados en temática y estilo, acerca de los cuales trasnmitiré mis breves impresiones a continuación.


No habrá paz para los malvados: El director y guionista Enrique Urbizu (La caja 507) consigue una propuesta rompedora dentro del cine español al huir de los topicazos característicos y enmarcar su nueva película dentro de las convenciones del thriller policíaco. Con un ritmo pausado y un estilo sobrio heredero de la premiada No es país para viejos de los hermanos Coen, acompañaremos al policía Santos Trinidad en una complicada investigación desarrollada en un ambiente tan particular y bien aprovechado como es el Madrid actual, con bandas de narcotraficantes colombianos, clubes nocturnos, y peligrosas células yihadistas. El reparto hace lo que puede por resultar convincente, pero todos quedan ensombrecidos ante la presencia de José Coronado, actor que compone con pequeños gestos y breves frases un personaje tan intrincado e interesante como es el antihéroe Santos Trinidad. Eso sí, tal vez unos minutos menos de metraje habrían favorecido el ritmo de No habrá paz para los malvados, a la altura de la Celda 211 que ya nos sorprendió en 2009.


Arrietty y el mundo de los diminutos: Por fin ha llegado a nuestras salas la nueva obra del prestigioso Estudio Ghibli, los genios de la animación japonesa responsables de La Princesa Mononoke y El viaje de Chihiro, entre muchas otras. De la dirección se encarga el debutante Hiromasa Yonebayashi, mientras que Hayao Miyazaki queda relegado a labores de producción y a la escritura del guión, basado en la novela The Borrowers (que ya contó con una versión cinematográfica protagonizada por John Goodman). Por suerte, no sucede lo mismo que con la infumable Los cuentos de Terramar y en Arrietty el sello de Miyazaki y su estudio está presente a lo largo de toda la película: los espectadores disfrutaremos del encuentro de dos personajes pertenecientes a mundos opuestos, de una asombrosa animación tradicional cuidada hasta en los detalles más pequeños, de un retrato preciosista de la naturaleza, y de una prodigiosa banda sonora con tintes celtas. Tal vez lo que aleje Arrietty de las obras cumbres de Miyazaki sea la ausencia de más conflicto en el tramo central, pero sí comparte con ellas la carga dramática que soportan los personajes.


La cara oculta: Coproducción hispano-colombiana que gira en torno a los celos generados por el triángulo amoroso que forman los protagonistas, lo cual da pie a una trama de intriga que intenta utilizar sin éxito recursos propios del cine de Hitchcock para caer en sustos y resoluciones ridículas. A pesar de un apartado técnico vistoso, la trama pierde fuerza según pasan los minutos y crecen los topicazos, a lo que contribuyen las pobres interpretaciones del reparto, especialmente la de Clara Lago, que da vergüenza ajena con su falsísima forma de hablar y gestos forzados. Insufrible. La habitación del pánico de David Fincher transmite mucha más angustia y retrata mejor a los personajes.


La Deuda: Thriller de espionaje centrado en un grupo de agentes del Mossad que deben capturar a un criminal nazi en el Berlín Oriental de 1965. Sin embargo, la misión no va como debería, y lo que sucede a continuación dará lugar a fantasmas del pasado que afectarán a los protagonistas años después. El tándem de guionistas formado por Matthew Vaughn y Jane Goldman (X-Men: First Class) se aleja de su registro habitual en esta intriga de espías pre-Bourne que dirige con corrección el británico John Madden (Shakespeare in Love). El reparto está encabezado por la solvente actriz del momento, Jessica Chastain (El árbol de la vida), un sobrio Sam Worthington (Avatar) lejos de sus papeles de héroe de acción, y los veteranos Helen Mirren y Tom Wilkinson en pequeños roles. La ambientación y la música de Thomas Newman acompañan el fluido primer tramo de la película, con un interesante retrato de las motivaciones de los tres protagonistas, sus relaciones y sentimientos encontrados; si bien la parte final rompe con la dinámica anterior y ofrece un desenlace un tanto precipitado.

En resumen, una película sonrojante (La cara oculta), una entretenida historia de espías a la vieja usanza (La deuda), una cautivadora obra de animación (Arrietty y el mundo de los diminutos), y un recomendable  y rompedor thriller policíaco (No habrá paz para los malvados), y todo ello por el precio habitual de una sola entrada.

martes, 27 de septiembre de 2011

El árbol de la vida, de Terrence Malick

Debido las circunstancias que envuelven su obra y carrera, Terrence Malick es considerado uno de los cineastas estadounidenses actuales más peculiares. Alcanzó el éxito como director y guionista en 1973, en pleno auge del Nuevo Hollywood, con Malas Tierras, película protagonizada por Sissy Spacek y el gran Martin Sheen centrada en una pareja de jóvenes enamorados que dejan un reguero de sangre y asesinatos en su fuga por los parajes de Montana. Con su mezcla de violencia cruda e imágenes líricas, no tardaría en convertirse en un referente para muchos, influyendo en títulos posteriores como Amor a quemarropa, de Tony Scott, o Asesinos natos, de Oliver Stone.

La siguiente película de Terrence Malick, Días de cielo, tardó cinco años en ver la luz, durante los cuales el director experimentó con la fotografía del mencionado filme, en el que su toque personal se hace notar en la combinación de imágenes líricas, énfasis en la naturaleza y personajes simbólicos. Después de su estreno en 1978, Malick desapareció misteriosamente. Según los rumores, se había trasladado a Francia a trabajar como profesor; y no fue hasta 1998 cuando regresó al cine con unas condiciones de trabajo muy estrictas (entre las que se incluía la prohibición de aparecer en fotografías y distintas imágenes del rodaje). La delgada línea roja, su largometraje sobre la batalla de Guadalcanal en la Segunda Guerra Mundial protagonizado por un reparto estelar, supuso un considerable éxito de crítica, con ciertos cambios en su narrativa que volverían a estar presentes en sus próximos trabajos: El Nuevo Mundo, película centrada en el romance entre Pocahontas (cuyo nombre no se pronuncia en todo el filme) y John Smith que recibió una templada acogida; y el que hoy nos ocupa, El árbol de la vida, que sufrió un rodaje largo y accidentado (de hecho, en un primer momento el protagonista iba a ser interpretado por Heath Ledger) y una postproducción en la que se redujeron las más de seis horas filmadas al montaje final de dos horas veinte minutos.


Ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes, El árbol de la vida nos narra la saga familiar de los O'Brien desde el punto de vista de su primogénito, Jack, a quien asaltan multitud de dudas mientras repasa los años que vivió en un área residencial de Texas con su padres y hermanos en la década de 1950. Nos encontramos ante una película inusual por el modo en que está filmada, y sobre todo densa por su contenido y la forma en que lo aborda. Terrence Malick despliega una narración impresionista, en la que una sucesión de imágenes cósmicas da paso a pinceladas de la vida de Jack. La película lanza preguntas acerca de temas tan complejos como la vida, la muerte, o la existencia de una deidad superior a los humanos (en la que se perfilan rasgos propios de las religiones judeocristianas, si bien la película termina optando por un modelo panteísta que defiende la naturaleza como manifestación de la divinidad, al igual que sucede en las anteriores películas de Malick); y para ello emplea una serie de metáforas visuales recurrentes a lo largo de todo el filme (muchas de ellas tomadas de la literatura modernista, como por ejemplo del poema La tierra baldía, de T. S. Eliot): el árbol como símbolo de vida, el agua como fuerza vital y destructora al mismo tiempo, el sufrimiento y belleza presentes en la naturaleza...

Al mismo tiempo, El árbol de la vida propone a los espectadores un viaje lírico a la infancia en el tramo central del filme (para mí el más destacable), de modo que presenciaremos las distintas etapas del crecimiento del joven Jack: cómo aprende a hablar y caminar, su relación con una madre idealizada y un padre duro y represivo (con un fuerte conflicto edípico), su vínculo con sus dos hermanos, sus primeros actos de rebeldía y transgresión... Todo esto es narrado de un modo poco habitual en el que los diálogos y narración secuencial dan paso a imágenes evocadoras, frases sueltas y enseñanzas que quedaron grabadas en la memoria de Jack.


De acuerdo con esta historia impresionista,  en la dirección está muy presente el uso de la steadycam, con planos contrapicados que ensalzan a los personajes y los perfilan en distintos momentos de modo no lineal. Resalta especialmente la cuidada fotografía de Emmanuel Lubezki (quien ya colaboró con Malick en El Nuevo Mundo), con un retrato luminoso de los protagonistas y el mundo natural que los rodea; y en menor medida los efectos especiales supervisados por Douglas Trumbull (2001: Una odisea del espacio), que aunque consiguen imágenes impactantes terminan resultando un tanto cargantes.

En el reparto nos encontraremos con la actriz del momento, Jessica Chastain, que a pesar de sus pocas líneas de diálogo consigue dotar de una presencia embaucadora a su personaje; y con un fantástico Brad Pitt capaz de reflejar en su comportamiento la dureza y cariño con que su personaje trata a sus hijos. Les acompañan los correctos actores debutantes que interpretan a Jack y sus hermanos, y un desaprovechadísimo Sean Penn que apenas cuenta con metraje en pantalla y líneas de diálogo (el protagonista de Mystic River manifestó un desconcierto monumental al descubrir que sus semanas de trabajo con el director habían quedado reducidas a escasos minutos en pantalla).


Ahora bien, el principal inconveniente de esta película puede residir en los sentimientos encontrados que está produciendo: algunos la reciben con abundantes elogios, otros la odian al instante y aplauden aliviados al terminar su proyección; incluso hay quien se ve obligado a abandonar la sala ante el tedio que le produce. Probablemente, su ritmo lento, escenas cósmicas, banda sonora apabullante, carácter lírico y estilo impresionista sean a la vez sus rasgos más distintivos y elementos que consigan a la película más detractores; si bien considero que merece la pena dar una oportunidad a una propuesta tan curiosa, cuyo tratamiento de la historia familiar en el tramo central resulta muy interesante. Además, da la impresión de que la película que Malick prepara para 2012 puede complementar a El árbol de la vida (dedicada a la infancia) al centrarse en la crisis de una joven pareja.

Compleja, densa, de imágenes evocadoras y narrativa impresionista, El árbol de la vida hace gala del estilo personal de un cineasta tan atípico y peculiar como es Terrence Malick para contarnos una historia que algunos detestarán y con la que otros se sentirán identificados.