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martes, 29 de enero de 2013

Zero Dark Thirty: La noche más oscura


Maya, una joven y tenaz analista de la CIA, lleva años persiguiendo a la cúpula de los terroristas de Al Qaeda. Durante todo este tiempo ve cómo los atentados se suceden, los métodos de espionaje tradicionales se quedan anticuados, presencia impotente la pérdida de personas cercanas y lucha contra las trabas burocrática sin darse nunca por vencida, pues está convencida de que posee varias pistas para dar con el paradero del terrorista más buscado del mundo, Osama Bin Laden. ¿Lo conseguirá?

Directora afincada en el cine de acción, al que ha contribuido con títulos tan entretenidos como Le llaman Bodhi, Kathryn Bigelow sorprendió a finales de 2009 al público y la crítica con The Hurt Locker (En tierra hostil), thriller bélico ambientado en la guerra de Irak que huía de polémicas varias para narrarnos una historia dura y tensa desde un punto de vista crítico, con personajes interesantes y ofreciendo a los espectadores más preguntas que respuestas. Después de su merecido triunfo en la ceremonia de los Oscar, Bigelow decidió continuar con un nuevo proyecto de corte bélico, que finalmente se ha convertido en Zero Dark Thirty, relato de la lucha de la CIA contra los terroristas de Al Qaeda a lo largo de una década y de la operación que terminó con Osama Bin Laden en mayo de 2011.


Bigelow se ha reunido para la ocasión con Mark Boal, guionista de la mencionada The Hurt Locker (que cada día me gusta más, soberbia interpretación de Jeremy Renner) y de En el valle de Elah, con las cuales Zero Dark Thirty comparte el acercamiento a la guerra: Boal huye de polémicas fáciles para ofrecer una visión crítica con ambas partes, enfatizando el cambio en las tácticas de los dos bandos y la ambigüedad moral de los implicados. Esto mismo podemos presenciar en Zero Dark Thirty, pues la película escapa de patriotismos baratos (aquí no hay grandes héroes ni proezas), en los cuales era muy fácil caer dado el tema, y nos muestra cómo ha cambiado el mundo del espionaje actual, el panorama hostil e incierto en el que se desarrollan las operaciones y las técnicas de cuestionable moralidad a las que se recurre, además de todo el esqueleto burocrático que hay detrás de una gran operación; todo ello sin olvidarse de que es una película ni del desarrollo de los personajes.


La combinación del guión de Boal, dividido en varios episodios, con la dirección de Bigelow consigue que las más de dos horas y media que dura la película atrapen al espectador e incluso le fascinen con lo que se muestra en pantalla y la lucha personal de Maya. Bigelow opta por un estilo directo, sin artificios, cercano al de The Hurt Locker, con secuencias dirigidas con mucha inteligencia en las que sugiere en lugar de mostrar y otras de tensión extrema, como el sensacional tramo final donde se desarrolla la operación en cuestión. A esto hay que sumarle un montaje acorde, una edición de sonido excelente y la cumplidora banda sonora de Alexandre Desplat, que no se hace notar demasiado, no estaba tan inspirado como en Argo.


Zero Dark Thirty cuenta con un reparto coral que cumple y dota a sus personajes del realismo y la profundidad necesarios. Nos encontramos con actores ascendentes como Jason Clarke (Sin ley), Joel Edgerton (Warrior), o Edgar Ramírez (El ultimátum de Bourne) y rostros familiares como los de los destacables Kyle Chandler (Super 8), Mark Strong (Kick-Ass), Jennifer Ehle (Contagio) y James Gandolfini (Mátalos suavemente). En medio de este reparto coral brilla con fuerza la interpretación de Jessica Chastain, que da vida a Maya, una mujer dura, obsesionada con su trabajo pero humana al mismo tiempo (en la línea del personaje de Claire Danes en Homeland). Resulta impresionante la carrera de esta actriz, que en estos últimos dos años ha pasado de pequeños roles secundarios a convertirse en una de las mejores actrices jóvenes del momento gracias a sus numerosos papeles en películas de géneros variados (El árbol de la vida, La deuda, Criadas y señoras, Take Shelter, Sin ley, Mamá...), siempre aportando interpretaciones de primer nivel. Zero Dark Thirty no es ninguna excepción, y en ella Chastain realiza un gran trabajo, midiéndose con otros intérpretes de nivel y saliendo airosa con un personaje complejo y muy fuerte.


La nueva película de Kathryn Bigelow es todo un triunfo cinematográfico, capaz de mantener a los espectadores en tensión durante su prolongado metraje y de hacerlos reflexionar acerca de sucesos de máxima actualidad. Zero Dark Thirty impacta con fuerza en los espectadores y supone la consagración de Jessica Chastain, una gran actriz.

Ficha de la película.

jueves, 29 de marzo de 2012

War Horse: El caballo que susurraba a los hombres

El joven Albert Narracott ve la oportunidad de salvar la granja de sus padres cuando conoce a Joey, un potro de temperamento fuerte con el que mantendrá una profunda relación de amistad. Sin embargo, con el estallido de la Primera Guerra Mundial, los Narracott se ven obligados a vender a Joey al ejército británico. Así, mientras el caballo recorre Europa y presencia los horrores de la guerra, Albert emprenderá un arriesgado viaje por el campo de batalla en busca de su fiel amigo.


Tras una temporada limitándose a las labores de producción en proyectos diversos, Steven Spielberg regresó como director a finales de 2011 con dos películas bien diferenciadas: la recomendable Las aventuras de Tintín, adaptación al cine del cómic de Hergé con un uso rompedor de la animación basada en captura de movimiento; y el filme que hoy nos ocupa, War Horse, el salto al cine de la novela y obra de teatro homónimas de Michael Morpurgo que nos cuenta la Primera Guerra Mundial vista por una de las monturas del ejército británico.

Lo primero que llama la atención de War Horse es su protagonista, un caballo. Aunque al principio pueda parecer que la historia se centrará en Albert, pronto nos damos cuenta de que no será así, sino que los espectadores acompañaremos a Joey en su periplo por Europa y seremos testigos de las distintas tragedias que el animal presencia en compañía de sus distintos amos, que comprenden desde un oficial inglés a una niña francesa, pasando por soldados alemanes y británicos. Precisamente, puede que aquí resida uno de los puntos débiles de la película: al centrarse en la historia del caballo, el factor humano queda diluido y no se explora demasiado, quedando en el polo opuesto de producciones brillantes como Hermanos de Sangre o The Pacific.


Además, el guión de Richard Curtis (sí, el mismo de Cuatro bodas y un funeral) y de Lee Hall (Billy Elliot) se mueve entre los terrenos de la fábula de amistad y del drama bélico sin decantarse por ninguno en concreto. Si a esto le sumamos lo forzadas que resultan ciertas escenas por la música y la paleta de colores elegidas, nos encontraremos con cierto sentimentalismo exagerado que más que emocionar puede sacarnos de la historia.

No obstante, War Horse es una película destacada en el plano técnico. Spielberg recurre a trucos ingeniosos para narrar la crudeza de ciertas escenas y consigue deslumbrarnos con las secuencias de las batallas, sin duda lo más destacado del filme a pesar de que huya del hiperrealismo de Salvar al soldado Ryan o de las miniseries antes mencionadas. También hay que destacar la ambientación, el montaje, la fotografía y la banda sonora de John Williams, si bien estas dos últimas en varias escenas pecan de contribuir al sentimentalismo exagerado arriba mencionado.

Encabeza el reparto el caballo Joey, que al parecer fue uno de los equinos que intervino en Seabiscuit. Le acompaña un elenco que reúne a varias personalidades del mundo interpretativo británico, como la actriz Emily Watson, los actores David Thewlis y Eddie Marsan, el debutante Jeremy Irvine, y los cada vez más en alza Benedict Cumberbatch (Sherlock) y Tom Hiddleston (Loki), que cuentan con dos breves apariciones en esta película.

Sherlock y Loki preparados para la batalla.
Larga pero entretenida, War Horse no termina de convencer por el exagerado sentimentalismo de varias de sus escenas y por su extraña mezcla de fábula con drama bélico, si bien ofrece a los espectadores secuencias muy logradas que reafirman el talento de su director.

martes, 31 de enero de 2012

Hermanos de Sangre

Estrenada en 2001, la miniserie de diez episodios Hermanos de Sangre (Band of Brothers) fue, junto a Los Soprano, una de las producciones pioneras del canal HBO que contribuyó al desarrollo de la ficción televisiva de calidad y acabado cinematográfico. 

Basada en la novela homónima del historiador Stephen Ambrose, Hermanos de Sangre nos cuenta lo sucedido con la compañía Easy, grupo de paracaidistas del ejército estadounidense en la Segunda Guerra Mundial a los que seguiremos desde su entrenamiento al pie de la montaña Currahee hasta su desembarco en la Europa ocupada. Según avanza la trama iremos conociendo más a los personajes bajo el mando de Richard Winters, sus motivaciones, miedos, y dudas; a lo que ayuda el hecho de que cada capítulo nos cuente una campaña desde la perspectiva de un personaje concreto.

Tras las cámaras se encuentran los productores Tony To y Gary Goetzman, el guionista Bruce C. McKenna, y Tom Hanks y Steven Spielberg como productores ejecutivos (el primero incluso escribe y dirige un episodio), quienes decidieron aplicar a la serie el estilo, la ambientación y la estética hiperrealistas de su película Salvar al soldado Ryan. Así, Hermanos de Sangre nos ofrece un retrato profundo y oscuro de los horrores que vivieron los integrantes de la compañía Easy, de cómo se vieron forzados a adentrarse en terrenos desconocidos para enfrentarse a un enemigo del que no sabían demasiado, y de los lazos de inquebrantable amistad que se forjaron entre los miembros de la compañía. Además, la serie muestra un retrato retorcido de la psicología de los personajes, desmitificando los estereotipos de héroes bélicos con imágenes de extrema crudeza y una aproximación a los enemigos que huye de tópicos.


Todos los miembros del multitudinario reparto resultan más que creíbles, entregados por completo a sus respectivos roles. Destaca la presencia de Damian Lewis (de vuelta en televisión con la premiada Homeland), Donnie Wahlberg (hermano mayor de Mark), Neal McDonough (Minority Report), y Kirk Acevedo (Fringe), por citar a unos pocos; y también sorprenden las apariciones en papeles secundarios de actores hoy consagrados como Michael Fassbender, James McAvoy, Tom Hardy, Stephen Graham, Simon Pegg, y Colin Hanks.


En 2010, los responsables de Hermanos de Sangre estrenaron The Pacific, que recoge el testigo y estilo de su predecesora centrándose en lo sucedido en el teatro de operaciones del océano Pacífico, con un desarrollo igual de sorprendente que la serie hoy comentada.



Por méritos propios, entre los que figuran la crudeza de sus imágenes, la ambientación, la puesta en escena, y el trasfondo psicológico de sus personajes, no resulta complicado comprender por qué Hermanos de Sangre es ampliamente considerada una de las producciones más brillantes del canal HBO.

viernes, 13 de mayo de 2011

The Pacific


Diez años después del éxito de Hermanos de sangre, Tom Hanks y Steven Spielberg trabajan de nuevo como productores ejecutivos de una miniserie de diez episodios para la prestigiosa cadena HBO: The Pacific, relato de las campañas militares estadounidenses contra el Imperio japonés en la Segunda Guerra Mundial.

Tras un duro proceso de investigación histórica, recogida de testimonios, recreación de escenarios y entrenamiento militar para los actores, la serie arranca en orden cronológico narrándonos las batallas del frente del Pacífico desde Guadalcanal hasta la entrada en los territorios japoneses de Iwo Jima y Okinawa. Como ya le sucediera a la mencionada Hermanos de sangre, The Pacific recoge el estilo visual de la película Salvar al soldado Ryan y nos ofrece un relato crudo, violento e hiperrealista del conflicto bélico, mostrando sin tapujos los horrores que presenciaron los combatientes, los inhóspitos terrenos que atravesaron y el desgaste psicológico derivado.


Cada capítulo viene acompañado por un breve documental de imágenes de archivo en el que el mismísimo Tom Hanks nos narra los detalles estratégicos de cada campaña para luego dar paso a los episodios en cuestión. Éstos giran en torno a tres personajes reales: el condecorado héroe de guerra John Basilone, el periodista Robert Leckie y el joven Eugene Sledge. Las tres historias están bien diferenciadas y resultan sumamente interesantes y complejas, aunque personalmente me pareció más emocionante la del último personaje mencionado, un joven idealista al que acompañaremos a lo largo de su dura transformación y a quien veremos evolucionar según las atrocidades en que se ve envuelto. Posiblemente, los capítulos que protagoniza (los cuales reflejan desde el desembarco en Peleliu a las cicatrices psicológicas que trae a casa) sean los más intensos y con total seguridad no dejarán indiferente a nadie.

  

The Pacific se basa en las memorias  de los mencionados Leckie y Sledge, y para conseguir imprimir un realismo desgarrador a la serie nos encontramos a todo un equipo de profesionales trabajando en ella, entre los que figuran directores de múltiples títulos de HBO como Tin Van Patten o Tony To, asesores históricos y militares, Hans Zimmer colaborando en las épicas partituras y actores que dan la talla como Jon Seda, James Badge Dale y Joe Mazzello (el niño de Parque Jurásico visto recientemente en La red social); todo ello bajo el sello de Dreamworks.

 

Tal vez sea necesario complementar la serie con otra versión del conflicto como las ofrecidas en La delgada línea roja y especialmente en las imprescindibles películas de Clint Eastwood Banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima. Sin duda alguna, The Pacific es una gran miniserie que tener en cuenta, pues no dejará indiferentes a los espectadores tanto por su temática como por la calidad con que está realizada. Por mi parte, ya figura en mi lista de series favoritas.

lunes, 29 de marzo de 2010

Green Zone: Distrito protegido por Bourne


En las semanas siguientes a la invasión de Irak en 2003, al alférez estadounidense Roy Miller comienzan a surgirle serias dudas sobre el papel de su país en la guerra y los motivos que lo condujeron al conflicto. En este clima de incertidumbre, Miller se verá involucrado en las complicadas tramas que tejen las agencias de espionaje y la línea entre los bandos enfrentados será cada vez más difusa.

Después de las recomendables En el valle de Elah y la oscarizada The Hurt Locker nos llega una nueva película que trata de forma acertada el actual conflicto de Irak, esta vez con la estructura de thriller bélico. Tras las cámaras se encuentra el británico Paul Greengrass, experto en intrigas actuales como prueban United 93 o las dos últimas entregas de la saga Bourne, con cuyo protagonista vuelve a contar para esta ocasión. Además, Brian Hegeland (Mystic River) es el guionista encargado de colaborar con Greengrass para dotar a Green Zone de un ritmo trepidante, dobles juegos y una visión del delicado asunto de las armas de destrucción masiva adecuada a la realidad, que deja a los espectadores sacar su propias conclusiones sin caer en polémicas infundadas.

Es inevitable comparar este filme con la labor de Greengrass en la saga Bourne, pues además de una trama similar en que el protagonista se enfrenta contra agencias de espionaje y se encuentra solo frente a todos (incluso la banda sonora es del mismo compositor), la dirección continúa siendo acertada pero inquieta, con rápidos movimientos de cámara; puede que para marcar el ritmo de la acción, que no escasea y está repartida con sensatez en la película.



Al frente del reparto tenemos a Matt Damon, actor que ha demostrado de sobra su profesionalidad; basta con recurrir a sus últimos tres trabajos (El Soplón, Invictus y esta Green Zone), en los cuales se desenvuelve en papeles totalmente opuestos aportando a cada uno de ellos rasgos distintivos. Le acompañan Amy Ryan (Adiós, pequeña, adiós), Jason Isaacs (Lucius Malfoy en la saga Harry Potter), Greg Kinnear (padre de Pequeña Miss Sunshine) y Brendan Gleeson (Gangs of New York), todos ellos apropiados para sus roles pero sin oportunidad de lucirse frente al protagonista, auténtico motor de la historia que se nos relata.

Thriller a desenredar realizado con oficio sobre uno de los conflitctos de mayor actualidad, Green Zone sigue la estela de Jason Bourne en todos los sentidos, si bien no por ello debe ser desestimada.

viernes, 29 de enero de 2010

The Hurt Locker (En tierra hostil)


Ambientada en la actual guerra de Irak, The Hurt Locker narra el día a día de una brigada de artificieros, cómo su trabajo se ve afectado por la llegada de un nuevo miembro al equipo y los momentos que juntos vivirán en los cuales el peligro no deja de acecharles a cada instante. Este nuevo trabajo de Kathryn Bigelow (responsable, entre otras, de Le llaman Bodhi) ha sido una de las sorpresas del pasado 2009 en Estados Unidos al ser elegida por la crítica como la mejor película del año y no cesa en su cosecha de premios.

Uno de los mayores aciertos de The Hurt Locker es que, al contrario que otra serie de cintas basadas en este conflicto bélico, retrata con cuidado y crudeza la situación vivida por los soldados, sin entrar en polémicos debates sobre las confusas causas del conflicto, su validez y las atrocidades en que ha ido degenerando. Así, The Hurt Locker muestra de modo preciso la situación por la que pasan distintos combatientes (de personalidades reflejadas en el trío protagonista), los horrores que se encuentran y su modo de hacerles frente; convirtiéndose en una de las películas que mejor ilustra este complicado conflicto actual, junto a la también impactante En el valle de Elah.




Además, The Hurt Locker cuenta con un ritmo que no da respiro y transmite a la perfección la constante sensación de peligro a la que se enfrentan los protagonistas, con secuencias verdaderamente angustiosas, gracias al guión original de Mark Boal (quien colaboró con Paul Haggis en el argumento de la citada En el valle de Elah) y a la labor de Kathryn Bigelow, quien dirige con mucho pulso, mezclando un estilo más tradicional con elementos propios del cine actual de acción al mismo tiempo que desarrolla el carácter de los personajes y sus reacciones ante las complicadas situaciones en que luchan.


En cuanto al reparto, está compuesto en su mayoría por rostros prácticamente desconocidos, si bien a lo largo de la película aparecen caras más famosas como las de Guy Pearce, Ralph Fiennes o Evangeline Llily (Kate en Perdidos), cuyas interverciones terminan siendo poco más que cameos. De todas formas, los actores hacen sus papeles creíbles y entre ellos destaca Jeremy Renner, quien interpreta al protagonista y que con unos cuantos gestos característicos construye un personaje terco pero con intención de adaptarse en parte a las nuevas situaciones que se presentan.



Una cuidada ambientación también contribuye de forma notable al realismo de esta película, que va directa al grano, sin andarse con rodeos innecesarios que puedan ser tergiversados, para contarnos una historia original y sobre todo muy bien llevada, capaz de atrapar al espectador en el mundo hostil que habitan los protagonistas. Considerando todos estos elementos, no resulta difícil darse cuenta de las razones del éxito de The Hurt Locker y sumarse a las numerosas voces que la recomiendan.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Inglorious Basterds: Quentin se va a la guerra


El caso de Quentin Tarantino es, como poco, curioso: aficionado a todos los géneros del cine desde pequeño, las incontables horas de películas que pudo ver gracias a su trabajo en un videoclub le llevaron a realizar una cinta que por desgracia se quemó en un incendio del que poco se pudo rescatar. Algún tiempo después, Quentin deslumbró a público y crítica con las magistrales Reservoir Dogs y la posterior Pulp Fiction. En ambas películas Tarantino demostraba un estilo único, muchas veces imitado y pocas igualado, que le dio el reconocimiento mundial: diálogos coloquiales que humanizan a los criminales más diversos, violencia cruda que no desentona con la historia, complicadas digresiones y puntos de vista, buen gusto musical e innumerables referencias al mundo del cine. Tal fue el impacto que causó este director independiente que abrió el camino para unos cuantos "colegas", con los que luego tendría ocasión de colaborar, como Robert Rodríguez, Rob Zombie o Eli Roth.

A sus dos obras maestras les siguió Jackie Brown que, si bien en ella continuaba el buen hacer del director, no resultó tan llamativa por su extensa duración y la intervención de actores un tanto desaprovechados. Después llegaría Kill Bill, un nuevo acierto que combinaba sus rasgos propios con guiños al cine oriental y al western. Tras este filme dividido en dos partes se sucedieron colaboraciones en CSI o Sin City (por no mencionar sus múltiples labores como guionista y productor) y hace dos años sorprendió con el proyecto Grindhouse, con el que, junto a su amigo Robert Rodríguez, homenajeaba a las películas que tanto le habían influido. Sin embargo, la jugada le salió mejor al director texano, pues Death Proof, la cinta del amigo Quentin, contaba demasiado poco para la cantidad de elementos desatados que contenía (diálogos interminables, bailes y música; si bien la persecución final era impecable).

En el caso de Malditos Bastardos, Tarantino se queda a medio camino de lo que podría haber sido. Para tratarse de una película bélica ambientada en la Segunda Guerra Mundial, tiene contadas escenas de acción, ya que del excesivo metraje de dos horas y media la mayor parte lo constituyen largos diálogos, bien construidos, eso sí; que poco aportan al avance de la trama o evolución de los personajes. Respecto a estos últimos, la película está plagada de montones que entran y salen de escena sin cesar, por lo que muchas veces nos quedamos con las ganas de conocerlos un poco más (sobre todo a Aldo Raine y sus Bastardos) o simplemente no terminan de encajar (como la breve aparición del espía inglés). Hasta puede llegar un momento en que las referencias cinéfilas sean imposibles de contar, y eso que tras su presentación en el festival de Cannes Tarantino tuvo que eliminar parte del metraje, incluyendo la aparición de Maggie Cheung.

Este director siempre ha tenido buen ojo con el casting, llegando a relanzar las careras de actores con los que ha colaborado, como es el caso de John Travolta, David Carradine o Kurt Russel. Malditos Bastardos no supone ninguna excepción. En un reparto internacional destaca el alemán Cristoph Waltz como el excéntrico pero eficaz coronel nazi Hans Landa (cuya decisión final choca bastante con lo mostrado del personaje anteriormente). Además, la película cuenta con las notables apariciones de Brad Pitt en la piel del chulesco y arrogante teniente Aldo Raine (que bien podría haberse escapado de un cómic y cuya presencia en pantalla llega a echarse en falta), la francesa Mélanie Laurent y Diane Kruger interpretando a dos mujeres duras, el "pirado" de Eli Roth, un cameo de Mike Myers o la presencia de un Hitler histriónico y paródico, salido del corto en que el Pato Donald le daba unos cuantos mamporros. Se echa de menos más presencia de los Bastardos, y tal vez sacar más partido a Samuel L. Jackson como narrador.



Malditos Bastardos cuenta con unos cuantos puntos a su favor, en gran parte relacionados con los rasgos típicos de este director: la soprendente habilidad de Quentin tras la cámara, el tiroteo estilo Reservoir Dogs en que todos disparan a todos, la forma en que aparecen los nombres de ciertos personajes, el guiño a la Cenicienta, marcados momentos cómicos (especial atención a los "italianos"), las digresiones como la explicación de lo inflamables que son los rollos (Quentin lo sabe por experiencia con su primera película), el cine dentro del propio cine que nos presenta, la mezcla de idiomas o la división en capítulos al estilo de sus anteriores filmes; a parte de ser un director capaz de mantener la tensión en secuencias tan largas como la inicial o el descubrimiento de los Bastardos de incógnito en la taberna.

Debido a la apretada agenda del gran Ennio Morricone, Tarantino tuvo que hacer uso de nuevo de su melomanía y escoger la banda sonora más adecuada para su película. Compuesta en su gran mayoría por las composiciones de Morricone para los spaguetti westerns (con los que esta película comparte unos cuantos rasgos) y alguna otra pieza del género como la sintonía de El Álamo, la buena elección de la banda sonora vuelve a ser otro de los puntos fuertes de este director, capaz de aportar nuevas asociaciones a música ya conocida.

La esperada Malditos Bastardos podría haber dado mucho más de sí, aprovechando su metraje con más sobre los peculiares soldados a los que hace referencia el título en lugar de recrearse con largas conversaciones y presentar un par de resoluciones discutibles. Al fin y al cabo nos queda la versión libre sobre este conflicto de tan peculiar director, que esperemos que algún día vuelva con los crimnales que tan bien maneja y nos traiga a los hermanos Vega.

domingo, 18 de enero de 2009

Resistencia, en la línea de sus predecesoras.


Es realmente difícil innovar en el terreno de las películas ambientadas en la Segunda Guerra Mundial, período histórico en el que se han basado auténticas obras maestras como La Lista de Schindler o Salvar al soldado Ryan y multitud más de filmes de lo más variados. Aún así, la cantidad de películas ambientadas en esta época no hace sino aumentar últimamente, con estrenos recientes como son Expiación o El niño con el pijama de rayas y otros próximos como El lector, Valkiria o los esperados Inglorious Basterds de Tarantino. A pesar de todo lo que este tipo de películas puedan tener en común, Resistencia comparte algunos de estos elementos a la vez que aporta otros nuevos.
El director Edward Zwick vuelve a la carga con una película de estilo similar a sus recomendables predecesoras Diamante de Sangre y El Último Samurái: las tres están ambientadas en períodos históricos conflictivos y nos presentan a personajes principales que luchan por la supervivencia de ellos y un grupo de personas en la guerra en cuestión. Así, en esta ocasión Zwick nos cuenta la historia de tres hermanos judíos que durante la invasión nazi organizan un grupo de resistencia en los bosques de Bielorrusia, con todas las dificultades que eso supone.
Tras contar con actores de la talla de Tom Cruise o Leonardo Dicaprio en los papeles protagonistas, ahora tenemos a Daniel Craig, Liev Schreiber y Jamie Bell (007, futuro Dientes de Sable y Billy Elliot para los amigos) como los hermanos Bielski, todos ellos muy correctos en sus papeles y hablando con acento ruso de forma más que convincente. La eficaz dirección cumple de sobra mezclando acción y drama con unos pocos toques de humor para dar lugar a algunos momentos más destacados que otros. A todo esto hay que sumarle una lograda ambientación y una buena banda sonora de James Newton Howard, como es costumbre con sus composiciones.
Frente a las numerosas películas ambientadas en esta época, en Resistencia hay que destacar, como curiosa aportación que la diferencia de las demás, la nueva sociedad que los personajes construyen a base de esfuerzo en mitad del bosque, con las adversidades a las que tienen que enfrentarse, la forma en que las superan y las relaciones y tensiones que surgen buscando la convivencia necesaria para la supervivencia del grupo.