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sábado, 29 de marzo de 2014

De hobbits y monumentos

Como hiciéramos a finales de 2013 con Sólo Dios perdona y El mayordomo, volvemos con una pequeña sección dedicada a películas que generaron expectativas altas y al final nos decepcionaron, dejándonos filmes mediocres que defraudan más que entusiasman. Hoy tenemos El Hobbit: la desolación de Smaug, y The Monuments Men, dos películas que me ha costado reseñar por la sensación de indiferencia que me produjeron y las esperanzas que tenía depositadas en ellas.


El Hobbit es una de mis novelas preferidas, un canto a la aventura pura, pero el hecho de que Peter Jackson decidiera dedicarle una trilogía entera no me hizo ninguna gracia. Sin duda, él era el elegido para volver a la Tierra Media, como demuestra la trilogía de El Señor de los Anillos, para mí insuperable. La primera parte de El Hobbit fue bien recibida en su momento, capturaba el espíritu de aventura sencilla y fantástica de la novela, si bien terminaba haciéndose algo larga y por supuesto no llegaba a la altura de la trilogía magna. En su momento, la incluí en mi lista de mejores películas de 2012, pero tengo que reconocer que después de posteriores visionados, El Hobbit: Un viaje inesperado no aguanta demasiado bien y termina haciéndose pesada, mientras que cada una de las películas de ESDLA despierta más fascinación y reverencia en mí cada vez que las vuelvo a ver.


Con esto llegamos al estreno de la secuela, El Hobbit: La desolación de Smaug. Debido a las recomendaciones de varios amigos de confianza, mis ganas de verla disminuyeron y casi la dejé pasar en el cine, si bien al final me atreví a verla en la gran pantalla. El principio de la película me entusiasmó bastante, se toma ciertas licencias pero es fiel al espíritu de la novela y tenemos pasajes insignes como la casa de Beorn, las arañas del Bosque Negro y la huida en barriles filmadas con la maestría de Jackson, derrochando una ambientación de lujo y espíritu aventurero. Ahora bien, los minutos avanzan, la trama se vuelve farragosa sin necesidad, aparecen personajes nuevos metidos a presión como los gobernantes de la Ciudad del Lago, la elfa de Perdidos, o toda la tropa de orcos que persigue a los enanos. El ritmo disminuye y la película ya no funciona ni como adaptación, ni como filme de aventuras. Da la sensación de estar viendo una historia henchida que intenta emular la trascendencia de la saga madre, cuando es todo lo contrario. Llegamos a la aparición de Smaug, a quien Benedict Cumberbatch dota de vida propia al donarle su vozarrón, y la película remonta el vuelo a lomos del dragón, si bien la historia de nuevo decae entre tanta persecución alargada, con la absurda estratagema del oro fundido mediante, y todo termina con un continuará gigantesco. Miedo me da lo que pueda suceder en la tercera parte y si, una vez terminada la trilogía, el destino de El Hobbit será similar al de las precuelas del amigo George Lucas. Un abucheo aparte se merece Howard Shore, quien entrega una banda sonora funcional y anodina en la que ni siquiera aparece el tema de la parte anterior, de lejos su trabajo menos inspirado hasta la fecha, parece mentira que hace nada compusiera la música de Hugo.


Dejando la Tierra Media descansar hasta nuevo aviso, nos centramos ahora en uno de los galanes de Hollywood. George Clooney moldeó su carrera como actor y cineasta con sumo cuidado con la llegada del nuevo milenio, eligiendo con acierto sus papeles en los últimos años y protagonizando películas tan recomendables como Up in the Air o Los descendientes. Como cineasta, se estrenó con la irregular, bizarra e incluso fallida comedia de espías Confesiones de una mente peligrosa, para después dar una lección de cine clásico en Buenas noches y buena suerte. Su siguiente incursión en la comedia sería también un señor descalabro, pues el humor insulso de Leatherheads (Ella es el partido) apenas despertó una carcajada en los espectadores. Por suerte, Clooney regresó al terreno del thriller político con la contundente Los idus de marzo, de herencia shakespeariana y con un reparto de alto nivel. Mientras tanto, Clooney ejerció de productor en el debut de su amigo Grant Heslov con la alocada y recomendable Los hombres que miraban fijamente a las cabras, y de paso se llevó un Oscar por apoyar a Ben Affleck y su excelsa Argo.


Con semejantes credenciales, esperaba con ganas el regreso de Clooney tras las cámaras, más todavía cuando se trataba de The Monuments Men, que narra la historia real de un comando del bando de los aliados que se dedicaba a recuperar obras de arte robadas por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, historia que ya parodiaron Los Simpson con el mítico capítulo dedicado a "Los peces voladores". Las sospechas acerca del nuevo trabajo de Clooney comenzaron a crecer cuando su fecha de estreno se vio retrasada hasta febrero de 2014, de modo que sus responsables ni siquiera se planteaban hacerla competir en la temporada de los Oscar. Ahora bien, acudí al cine a ver The Monuments Men con entusiasmo, y me encontré ante una aventura bélica que por momentos emulaba películas tipo La gran evasión y por otros buscaba encontrar su lugar dentro de la comedia, mientras nos lanza constantemente la pregunta de si merece la pena arriesgar vidas humanas para salvar nuestro patrimonio cultural. El resultado termina siendo bastante desequilibrado, la mezcla no funciona y no se decanta por ninguno de los dos géneros en concreto y, no contentos con esto, la película incluso juguetea con el drama que expone los horrores de la guerra en la línea de Salvar al soldado Ryan, como prueban la escena de la iglesia o la dedicada al barril repleto de implantes dentales. Una verdadera lástima, dada la fructífera asociación de Clooney y Heslov, la premisa y los hechos históricos de los que partía, y sobre todo el reparto, capitaneado por el propio Clooney y que incluye a pesos pesados que apenas tienen oportunidad de lucirse, como Matt Damon, Cate Blanchett, los grandes Bill Murray y John Goodman o Bob Balaban (Moonrise Kingdom), además de que les da una oportunidad de hacerse un hueco en el cine Hollywoodiense a Jean Dujardin (visto recientemente en El lobo de Wall Street) y al televisivo Hugh Boneville (Downton Abbey). Tras este descalabro, espero que Clooney vuelva pronto al terreno donde ha demostrado sobrada maestría, el del thriller político.

Y a vosotros, ¿qué os parecieron estas películas? ¿Cuáles os han decepcionado últimamente?

*Para terminar, os dejo con la entrada que dediqué a las virtudes de Capitán Phillips en el resucitado blog del amigo Oneyros.

lunes, 20 de enero de 2014

A propósito de Llewyn Davis: Camino a la Perdición

A principios de los años 60, Llewyn Davis lucha por hacerse un nombre en la emergente escena de la música folk en el Greenwich Village neoyorkino. Tras múltiples rechazos, Llewyn malvive durmiendo en los sofás de casas ajenas, con lo que decide partir en busca de una nueva oportunidad para alcanzar la fama que le llevará hasta Chicago, iniciando un viaje que resumirá su vida hasta el momento.

A punto de cumplir 30 años desde que se estrenaran en el cine con la sencilla pero retorcida Sangre fácil, los hermanos Coen regresan para demostrar por qué siguen siendo dos de los directores más brillantes actuales. Desde que ganaron el Oscar con No es país para viejos, Joel e Ethan iniciaron una racha de verdaderas joyas que resumían su particular estilo cinematográfico, como las comedias negras Quemar después de leer y Un tipo serio y el western Valor de ley. Tras un descanso de dos años, vuelven con A propósito de Llewyn Davis, película que nos presenta a un protagonista que, lejos de alzarse como un ejemplo de la superación personal y del triunfo ante la adversidad, lo hace como lo que la sociedad occidental denomina "un perdedor", un tipo que no podría estar más alejado de los ideales de éxito.


Con una estructura circular, fuertes ecos de la mitología clásica, en particular del viaje de Ulises, y las similitudes con películas anteriores como Barton Fink y O Brother!, los Coen nos narran el poco afortunado viaje del aspirante a músico en clave de comedia negra en la que el protagonista no goza de un minuto de respiro: no tiene casa propia donde poder dormir, la mujer de sus sueños se va a casar con un amigo y quiere abortar el bebé con el que Llewyn podría haberla dejado embarazada, su música no es apreciada ni vende discos, el compañero con quien formaba un dúo se ha suicidado, y encima ha perdido el gato del único amigo que todavía le da cobijo. Los hermanos Coen combinan el patetismo que rodea la vida de Llewyn con sutiles golpes de humor y con la carga del pasado que soporta el protagonista, todo ello narrado con un ritmo pausado y especial énfasis en los conciertos y pequeñas actuaciones musicales del protagonista.


Para esta odisea musical, los Coen se reúnen con T-Bone Burnett, el productor musical de El gran Lebowski y O Brother!, que nos ha dejado una banda sonora de lujo que resalta el tono de la película y el carácter del protagonista. Con quien no han podido reencontrase ha sido con el director de fotografía Roger Deakins, cuyo lugar lo ha ocupado Bruno Delbonnel (Amelie), quien, si bien no ha ofrecido el mismo resultado que Deakins, se ha encargado de dar a la cinta de un ambiente apagado y grisáceo ideal para el tono de la historia.


Otro viejo conocido de los Coen que ha aportado su gran talento a este película es un recuperado John Goodman, quien cuenta con una breve pero intensa aportación al pintoresco grupo de personajes que se encuentra el protagonista en su viaje y que incluyen a F. Murray Abraham (el mítico Salieri de Amadeus), un adecuado Justin Timberlake que no desentona, a una malhablada Carey Mulligan (Shame) y por supuesto a Oscar Isaac (Drive), el protagonista de la función que demuestra aquí su potencial interpretativo como el sufrido protagonista.


Música, personajes extraños con fuertes opiniones y un demoledor sentimiento de abatimiento se entremezclan en el viaje en busca del triunfo que nunca llega del protagonista. Los hermanos Coen han vuelto a plasmar su particular imaginario en una película cuidada y disfrutable en cada detalle, no se la pierdan.

Ficha de la película.

sábado, 13 de julio de 2013

Monsters University: Cuando Mike encontró a Sully


El joven Mike Wazowski está cada vez más cerca de ver su sueño hecho realidad. Acaba de ser admitido en Monsters University, prestigiosa institución donde estudiará para convertirse en el próximo gran "asustador". Sin embargo, no todo es tan fácil para Mike: le costará adaptarse, tendrá que enfrentarse a nuevos desafíos y conocerá a un monstruo que le cambiará para siempre, el peludo Sully.

En plena temporada veraniega, cuando abundan los estrenos de secuelas, nuevas versiones y reinicios de casi todo tipo de película, hasta los estudios de animación Pixar han sucumbido a esta tendencia e intentan sorprendernos con Monsters University. Lejos de la originalidad y el tratamiento sorprendente de películas como Buscando a Nemo, WALL·E o Up, en Pixar han comprobado lo rentable que les salió la tercera parte de Toy Story y han decidido sumarse a la fórmula de las secuelas con títulos como Cars 2 o la que hoy nos ocupa, Monsters University.

Situada unos años antes de lo sucedido en la indispensable Monstruos S.A., la precuela se centra en el personaje de Mike Wazowsky, su condición de monstruo distinto de los demás que le ha marcado desde la infancia y las aspiraciones que tiene respecto al futuro, por las que trabajará duramente en la universidad. La película no está mal del todo, entretiene, cuenta con momentos simpáticos, un mensaje que invita a aceptarse a uno mismo y respetar a los demás en la línea de lo visto en otras películas de Disney (como la reciente y brillante ¡Rompe Ralph!), contiene varios guiños a otras películas de Pixar y una parodia bastante curiosa del mundo universitario estadounidense y sus convenciones, que ya hemos visto en tantas otras películas. Pero, sinceramente, ¿a quién le interesaba ver cómo se conocieron Mike y Sully? La propuesta es totalmente arbitraria, se nota que busca aprovechar el tirón de unos personajes ya conocidos, y poco o nada aporta a lo ya mostrado en la genial Monstruos S.A. y el divertido e intenso mundo de monstruos que nos presentaba, con todo el asunto de la pequeña Boo y las puertas que daban al mundo de los humanos.


Aparte de algunas bromas simpáticas y del trabajo de actores que dan voz a los personajes en su versión original, como Steve Buscemi, Nathan Fillion, Helen Mirren, Billy Crystal o el imparable John Goodman, poco más se puede destacar de Monsters University. Cuenta con una banda sonora aceptable compuesta por un Randy Newman en horas bajas, personajes secundarios desdibujados, y una recreación de escenarios y de monstruos llamativa, pero no hay mucha más profundidad en esta película de Dan Scanlon, que debuta en la dirección tras llevar años en varios departamentos de Pixar. Como es habitual, un cortometraje de animación precede a la película. En esta ocasión se trata de The Blue Umbrella, una sencilla historia al estilo de Paper Man que presume de nuevas técnicas en animación que aportan un realismo inusual a las texturas.


Como anécdota, Monsters University resulta agradable y entretiene, pero desde luego no alcanza el nivel de la película madre, Monstruos S.A., que no puedo dejar de recomendar desde aquí. Eso sí, la pasión de Pixar por las secuelas no termina aquí, pues dentro de un año tendremos la segunda parte de Buscando a Nemo, titulada Buscando a Dori. Sencillamente, brillante.

Ficha de la película

domingo, 17 de febrero de 2013

El vuelo: El regreso de Robert Zemeckis


Tras una noche de juerga, el piloto Whip Whitaker salva su avión y a la tripulación de lo que podría haberse convertido en un desastroso accidente. Sin embargo, la comisión encargada de investigar el suceso encuentra indicios de que el piloto se encontraba bajo la influencia del alcohol y de otras drogas mientras volaba, lo cual sitúa a Whitaker en una encrucijada moral que le llevará a replantearse quién es.

El vuelo (Flight) supone la vuelta de Robert Zemeckis, director de películas ya clásicas como la trilogía de Regreso al futuro o ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, al cine de imagen real después de una década dedicado a experimentar con la animación basada en la captura de movimiento en películas irregulares como Polar Express, Beowulf y Cuento de Navidad. En su regreso, Zemeckis nos trae un drama centrado en el viaje interior que emprende su protagonista y que aborda temas similares a los que ya aparecían en dos de sus películas más destacadas, Forrest Gump y Náufrago.

El guión de El vuelo corre a cargo de John Gatins (Acero Puro) y nos presenta el conflicto moral que afronta un piloto que, aunque salvó su avión de un accidente, volaba ebrio. Con esta premisa se desarrolla una película centrada en las dudas de su protagonista, incapaz de asumir su alcoholismo por los traumas que arrastra de su pasado, y el efecto que esto causa en quienes les rodean. La historia de El vuelo resulta bastante interesante, sobre todo por el conflicto que rodea constantemente al protagonista y los secretos que guarda, si bien es cierto que hay algunas subtramas que no terminan de cerrarse (la participación de la adicta  a la heroína) y que su tono más amable y apaciguado no la convierte en una película tan impactante como otras de temática similar en las que la autodestrucción en la que se halla sumido el protagonista hace revolverse en sus butacas a los espectadores, como sucedía con las indispensables El Luchador, Crazy Heart o la perturbadora Shame.


Además, El vuelo se hace un poco larga (roza las dos horas y media), lo cual no impide que Zemeckis demuestre que se encuentra en forma como narrador. En este apartado destacan las escenas de cierta carga dramática alternadas con otras más cómicas, lo resultonas que quedan canciones míticas como Gimme Shelter, Sympathy for the Devil o With a Little Help from My Friends con ciertas escenas; y sobre todo la secuencia del accidente, que consigue transmitir angustia y tensión nada más empezar la película. Por otra parte, el ritmo decae en algunos tramos y el componente espiritual no termina de encajar con el tono más ambiguo y desenfadado que predomina en el comienzo de la película.


Para su regreso, Zemeckis ha contado con un gran actor que aguanta sobre sus hombros el peso de la película, como ya hiciera Tom Hanks en Náufrago. En esta ocasión, Denzel Washington se pone en la piel de Whitaker, derrochando carisma al plasmar con naturalidad las tribulaciones del protagonista y sus actos más canallas. Le acompañan dos secundarios de peso como Don Cheadle (Iron Man 2) y el siempre genial Bruce Greenwood (Star Trek), Kelly Reilly (Sherlock Holmes) se deja ver con un papel poco perfilado, y John Goodman se confirma como el actor secundario del momento con una breve pero antológica aparición. 


A pesar de sus altibajos, El vuelo es una película que consigue interesar a los espectadores por el destino de su protagonista y la encrucijada moral ante la que se encuentra. Puede cuestionarse su solución más convencional o la prácticamente inexistente banda sonora de Alan Silvestri para la ocasión, pero el regreso de Zemeckis y la interpretación de Washington merecen la pena.

Ficha de la película.

martes, 8 de enero de 2013

ParaNorman: La noche de los muertos vivientes


En un pequeño pueblo de Nueva Inglaterra, el joven Norman es incapaz de relacionarse con sus compañeros del instituto debido a que posee un don muy especial: puede hablar con los muertos. Repudiado por todos, Norman será la única esperanza de los habitantes del pueblo cuando la maldición de una bruja desate una plaga de zombis que sembrarán el terror en la noche.

Gracias al éxito de películas como 28 días después, Amanecer de los muertos y sobre todo al triunfo del cómic Los Muertos Vivientes y de la serie de televisión basada en él, en la actualidad vivimos un renacer de la subcultura zombi, pues ahora es extraña la obra de ficción en la que estos apestosos seres de ultratumba (reflejo también del estado de la sociedad del momento) no aparecen. Como una nueva reinvención del género nos llega Paranorman, película de animación de los estudios Laika que presume de estar filmada con una prodigiosa técnica de stop-motion, pues no en vano los directores Sam Fell y Chris Butler aprendieron del maestro Henry Selick (responsable de Coraline, película con la que comparte estética).


Paranorman se sirve de varios homenajes al cine de terror y de los clichés de las películas de zombis para contarnos una historia que pronto nos sorprenderá al desviarse de las convenciones para plantearnos temas bastantes duros y ofrecer buenas dosis de crítica social al embrutecimiento de las masas. Además, cuenta con un héroe incomprendido, un joven ignorado por los adultos y el resto de niños (en la línea de la propia Coraline o de Víctor, protagonista de Frankenweenie) que se ve superado ante una situación extraordinaria y acabará mostrando un gran coraje y capacidad de esfuerzo. A todos estos ingredientes tenemos que sumarles abundantes toques de humor y una dirección artística cuidada hasta el más mínimo detalle que hacen de Paranorman una película sumamente entretenida y agradable para los sentidos.

Además de la depurada técnica de animación y de los parajes a los que nos transporta, llama la atención el tono oscuro de Paranorman, que permite a la película tratar temas de fuerte carga dramática en lo que a primera vista podría parecer una película para niños. Como curiosidad, en la versión original podremos disfrutar de las voces de los actores Kodi Smit-McPhee, Anna Kendrick, Casey Affleck o el gran John Goodman.


Homenaje al cine de terror, Paranorman es mucho más que una película de animación sobre zombis, ya que contiene incisivas críticas a la sociedad actual, personajes carismáticos, un lustroso acabado visual y sobre todo mucha diversión.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Golpe de efecto (Trouble with the Curve)


Gus Lobel, un viejo ojeador de béisbol de los Braves de Atlanta, afronta un momento difícil en su carrera. Sus métodos se están quedando obsoletos debido a las nuevas tecnologías que controlan el negocio, tiene problemas de vista y los directivos del equipo han decidido darle una última oportunidad para decidir si renuevan su contrato. Su vida atraviesa un momento delicado, por lo que deberá pedir ayuda a su hija, Mickey, con quien mantiene una relación distante.

Después de su despedida del mundo de la interpretación con la sensacional Gran Torino, a muchos nos pilló por sorpresa la noticia de que Clint Eastwood, leyenda del cine, volvería a ponerse delante de las cámaras. En esta ocasión no sería para un proyecto propio, sino que se trataría de un favor personal, pues protagonizaría el debut en la dirección de Robert Lorenz, su amigo y ayudante de dirección. El resultado ha sido Trouble with the Curve (aquí traducida como Golpe de efecto), una película interesante que bebe de las características del cine de Eastwood y cuenta con buenas interpretaciones.


El guión de Golpe de efecto, escrito por Randy Brown, nos presenta una historia amena que gira alrededor del mundo del béisbol, incluyendo varios tecnicismos con los que es fácil familiarizarse a medida que avanza la película. Sin embargo, el conflicto no surge en torno a este deporte, sino a la relación entre el protagonista y su hija, lo mucho que se han distanciado con los años, las dificultades que tienen para comprenderse y ciertos traumas del pasado que les persiguen. Éste es uno de los puntos fuertes de la película y en él se aprecia la influencia del cine de Eastwood, que trata los conflictos paternofiliales entre otros temas; si bien es cierto que Golpe de Efecto no es tan profunda, tan oscura ni tan redonda como las grandes películas de Clint. Se queda en la superficie del asunto y se echa en falta el simbolismo propio y la humanidad de los trabajos del director de San Francisco. También hay un acercamiento interesante a la vejez, sin llegar al nivel de introspección de Gran Torino, eso sí.


De todas formas, Golpe de efecto entretiene en todo momento, lo cual se debe en parte a la buena labor de Robert Lorenz tras la cámara. Ha optado, y con acierto, por un estilo clásico, nada recargado, que saca buen partido a la historia y centra la atención en los personajes y sus emociones, y hasta incluye un guiño a Harry el Sucio. El apartado técnico está muy cuidado en general, y los colaboradores habituales de Eastwood también trabajan en esta película, como por ejemplo Joel Cox (montaje) y Tom Stern, con una fotografía espléndida. La banda sonora corre a cargo de Marco Beltrami (El tren de las 3:10), que aquí cumple sin más.


El reparto es, din duda, uno de los aspectos más atractivos de esta película. Como protagonista, Clint Eastwood realiza un gran papel, llena la pantalla cada vez que aparece en ella y nos ofrece una interpretación contenida, con mucho carisma y ciertos rasgos de Walt Kovalski, el cascarrabias protagonista de Gran Torino, sólo que esta vez su personaje (curiosamente opuesto al de Brad Pitt en Moneyball, también dedicada al mundo del béisbol) está más suavizado. Eastwood demuestra un saber estar formidable y una gran química con Amy Adams, quien interpreta a su hija. Esta última se ha convertido en una inmensa actriz en los últimos años, demostrando dominar varios registros y siempre dando lo mejor de sí misma en pantalla, ya sea en proyectos tan dispares como The Fighter o Los Muppets. Les acompañan grandes secundarios como Robert Patrick (para mí siempre será el T-1000 de Terminator 2) y un recuperadísimo John Goodman, quien también derrocha carisma como el fiel amigo del protagonista. Por suerte, Justin Timberlake no aparece demasiado en pantalla y está comedido en su papel, aunque no resulta tan acertado como en La red social. Por último, merece la pena mencionar la participación de Kyle Eastwood, hijo de Clint, que ya había aparecido antes en varias películas de su padre.


Inesperado regreso de Clint Eastwood a la interpretación, Golpe de efecto es un drama ligero centrado en la difícil relación entre un padre y su hija con el mundo del béisbol como telón de fondo. Acertado debut en la dirección de Robert Lorenz, resulta una película amena, que comparte rasgos con la filmografía de Eastwood sin poseer tanta fuerza, y además cuenta con un espléndido reparto.

martes, 20 de noviembre de 2012

Argo: Misión encubierta


En 1979, los defensores de la revolución iraní irrumpen en la embajada estadounidense en Teherán, tomando como rehenes a quienes allí encuentran. Sólo seis empleados de la embajada consiguen escapar y refugiarse en casa del embajador canadiense. Intentando evitar una inminente crisis internacional, la CIA organiza una peligrosa misión de extracción de la que se encargará el agente especial Tony Méndez, quien necesitará algún truco hollywoodiense para que semejante misión sea posible.

La carrera de Ben Affleck cambió para siempre cuando se hizo con el Oscar al Mejor Guión Original por el trabajo realizado en El indomable Will Hunting junto a su amigo Matt Damon. Desde ese momento, Affleck trabajó como actor en un buen número de películas, normalmente de calidad mediocre (véase Daredevil). Sus cualidades interpretativas fueron duramente criticadas y, justo cuando parecía encasillado definitivamente, sorprendió con actuaciones comedidas en películas interesantes como La sombra del poder y, lo que es más importante, debutó en la dirección con dos de mis películas favoritas de la década pasada: Adiós pequeña, adiós, potente thriller negrocriminal con ecos del desarraigo social actual; y The Town, drama criminal ambientado también en Boston. Ambas contaban con repartos excepcionales y personajes que representaban un universo moral ambiguo, además de un pulso incuestionable tras la cámara que destilaba ciertas reminiscencias del cine clásico. En 2012, Affleck vuelve con su consagración definitiva como director: Argo.


Nada más comenzar, Argo nos traslada al pasado reciente y nos informa acerca del complejo contexto político de Irán a través de unos elaborados storyboards para acto seguido dar paso a una sensacional secuencia de apertura que da pie a una enrevesada e interesante trama. Basado en los artículos que recogen en caso real, el guión escrito por Chris Terrio para Argo recurre a las convenciones del cine de espionaje de la década de los 70 y 80 (la era pre-Bourne y efectos especiales a la que ya recurrió Steven Spielberg en Munich) para sumergirnos de lleno en una misión casi imposible que nos emocionará y sorprenderá hasta el último minuto. Además, la trama de Argo se enriquece gracias a los elaborados toques de humor, en especial los que critican duramente a la industria cinematográfica de Hollywood; el retrato humano que ofrece de los personajes (no hay lugar para los grandes héroes) y el reflejo que ofrece del fundamentalismo islámico predominante en la revolución iraní, con el que, por desgracia, se pueden extraer muchos paralelismos respecto a los sucesos de nuestros días.


La labor de Ben Affleck tras la cámara es magnífica, maneja a la perfección el ritmo, equilibra las partes dramáticas de la trama con el humor y los homenajes al cine de ciencia ficción (guiños a Star Wars incluidos), da a cada personaje su espacio para que desarrolle sus matices y formalmente huye de efectismos para emplear trucos clásicos que funcionan como un mecanismo de relojería. Tanto la fotografía de Rodriego Prieto (Brokeback Mountain) como el montaje de William Goldenberg (Heat), la ambientación y especialmente la adecuada la banda sonora de Alexandre Desplat (Moonrise Kingdom) contribuyen a elevar la calidad de Argo, que, como curiosidad, inicialmente iba a ser escrita y dirigida por George Clooney y Grant Heslov, productores del filme.

Affleck ha demostrado ser un gran director de actores, y el caso de Argo no es ninguna excepción. El reparto se compone de grandes secundarios como Bryan Cranston (Contagio), un divertidísimo Alan Arkin (Pequeña Miss Sunshine) y un carismático John Goodman (recuperado tras su paso por The Artist). Les acompañan en papeles menores Victor Garber (Alias), Scoot McNairy (Mátalos suavemente), Clea DuVall (The Faculty), Titus Welliver (The Town) y Kyle Chandler (Super 8). Mientras tanto, Affleck se reserva el papel protagonista y hace un trabajo correcto, dando cierto trasfondo a su personaje.


Cine de calidad capaz de atrapar, emocionar y divertir durante dos horas, Argo es uno de los títulos más destacables de 2012, una gran película que supone la consolidación de Ben Affleck como director, uniéndose al grupo de actores que demostraron su valía tras la cámara como Geoge Clooney, Robert Redford y el legendario Clint Eastwood.

viernes, 6 de abril de 2012

The Artist: Regreso a los orígenes


George Valentin lo tiene todo: a finales de los felices años 20, es la estrella más querida del cine mudo, cuenta con legiones de fans y su sola presencia en una película es capaz de hacer que miles de espectadores hagan cola en la taquilla del cine. Sin embargo, pronto contemplará, atónito, cómo su arrogancia da paso a una profunda depresión al perder todo lo que tenía con la llegada del cine sonoro y de su nueva estrella, la encantadora Peppy Miller.

La crítica la adora y la obsequia con todo tipo de premios, mientras que el público se emociona con ella: The Artist es una de las películas de 2011, el éxito sorpresa del año. Justo cuando los grandes estudios buscan resucitar populares franquicias y explotar las posibilidades del 3D, el director francés Michel Hazanavicius también propone una vuelta atrás, sólo que con un enfoque distinto: adentrarse en los orígenes del cine sonoro y el cambio brusco que supuso para las estrellas de las películas mudas.



Responsable de parodias de películas de espías de las que es mejor no acordarse, Hazanavicius sorprende con una propuesta extremadamente sencilla y nostálgica: rodar una película muda y en blanco y negro en la actualidad que sirva de homenaje al cine del Hollywood dorado. Una empresa muy arriesgada, sin duda, pero que consigue entretener y devolvernos a los tiempos del cine clásico. Precisamente, en este punto radica uno de los mayores inconvenientes que le veo a esta película: su sencillez extrema. Sí, resulta muy curioso que sea una película muda y nostálgica, pero su historia y el modo en que está rodada me parecieron bastante simples en general (historia lineal, personajes estereotipados, dirección correcta sin más...). Me da la impresión de que se ha exagerado un poco con todos los premios que le han dado, no porque sea una mala película, para nada, sino porque se ha dejado de lado a otras propuestas interesantes al llevarse The Artist toda la atención (y eso que 2011 ha sido el año de los homenajes al cine con películas como Hugo, Drive, Super 8 y hasta Los Muppets).


Volviento a The Artist, la ambientación y puesta en escena están muy logradas, y todos los miembros del reparto realizan una labor encomiable al ser capaces de transmitir las emociones de sus personajes sin hablar, desde los veteranos James Cromwell y John Goodman hasta Bérénice Bejo, pasando por el protagonista, Jean Dujardin, a medio camino entre el galán clásico y el cómico de slapstick (si bien tampoco considero que su interpretación se merezca semejante cantidad de premios).

En resumen, The Artist es un homenaje al cine clásico de lo más curioso, sobre todo por tratarse de una película muda rodada en la actualidad capaz de entretener y emocionar al público; si bien considero que se ha exagerado con los premios que se le han concedido.

sábado, 1 de octubre de 2011

Policías acabados, seres diminutos, habitaciones del pánico y deudas del pasado

Los pasados 26, 27, y 28 de septiembre se celebró la denominada "fiesta del cine", que por el precio de 2€ por película pretende acercar a los espectadores a las salas, cada vez más vacías debido en parte a la actual crisis económica y al precio de las entradas, que crece a un ritmo desorbitado. En una sesión maratoniana pude disfrutar (y sufrir en algún caso) de cuatro títulos bien diferenciados en temática y estilo, acerca de los cuales trasnmitiré mis breves impresiones a continuación.


No habrá paz para los malvados: El director y guionista Enrique Urbizu (La caja 507) consigue una propuesta rompedora dentro del cine español al huir de los topicazos característicos y enmarcar su nueva película dentro de las convenciones del thriller policíaco. Con un ritmo pausado y un estilo sobrio heredero de la premiada No es país para viejos de los hermanos Coen, acompañaremos al policía Santos Trinidad en una complicada investigación desarrollada en un ambiente tan particular y bien aprovechado como es el Madrid actual, con bandas de narcotraficantes colombianos, clubes nocturnos, y peligrosas células yihadistas. El reparto hace lo que puede por resultar convincente, pero todos quedan ensombrecidos ante la presencia de José Coronado, actor que compone con pequeños gestos y breves frases un personaje tan intrincado e interesante como es el antihéroe Santos Trinidad. Eso sí, tal vez unos minutos menos de metraje habrían favorecido el ritmo de No habrá paz para los malvados, a la altura de la Celda 211 que ya nos sorprendió en 2009.


Arrietty y el mundo de los diminutos: Por fin ha llegado a nuestras salas la nueva obra del prestigioso Estudio Ghibli, los genios de la animación japonesa responsables de La Princesa Mononoke y El viaje de Chihiro, entre muchas otras. De la dirección se encarga el debutante Hiromasa Yonebayashi, mientras que Hayao Miyazaki queda relegado a labores de producción y a la escritura del guión, basado en la novela The Borrowers (que ya contó con una versión cinematográfica protagonizada por John Goodman). Por suerte, no sucede lo mismo que con la infumable Los cuentos de Terramar y en Arrietty el sello de Miyazaki y su estudio está presente a lo largo de toda la película: los espectadores disfrutaremos del encuentro de dos personajes pertenecientes a mundos opuestos, de una asombrosa animación tradicional cuidada hasta en los detalles más pequeños, de un retrato preciosista de la naturaleza, y de una prodigiosa banda sonora con tintes celtas. Tal vez lo que aleje Arrietty de las obras cumbres de Miyazaki sea la ausencia de más conflicto en el tramo central, pero sí comparte con ellas la carga dramática que soportan los personajes.


La cara oculta: Coproducción hispano-colombiana que gira en torno a los celos generados por el triángulo amoroso que forman los protagonistas, lo cual da pie a una trama de intriga que intenta utilizar sin éxito recursos propios del cine de Hitchcock para caer en sustos y resoluciones ridículas. A pesar de un apartado técnico vistoso, la trama pierde fuerza según pasan los minutos y crecen los topicazos, a lo que contribuyen las pobres interpretaciones del reparto, especialmente la de Clara Lago, que da vergüenza ajena con su falsísima forma de hablar y gestos forzados. Insufrible. La habitación del pánico de David Fincher transmite mucha más angustia y retrata mejor a los personajes.


La Deuda: Thriller de espionaje centrado en un grupo de agentes del Mossad que deben capturar a un criminal nazi en el Berlín Oriental de 1965. Sin embargo, la misión no va como debería, y lo que sucede a continuación dará lugar a fantasmas del pasado que afectarán a los protagonistas años después. El tándem de guionistas formado por Matthew Vaughn y Jane Goldman (X-Men: First Class) se aleja de su registro habitual en esta intriga de espías pre-Bourne que dirige con corrección el británico John Madden (Shakespeare in Love). El reparto está encabezado por la solvente actriz del momento, Jessica Chastain (El árbol de la vida), un sobrio Sam Worthington (Avatar) lejos de sus papeles de héroe de acción, y los veteranos Helen Mirren y Tom Wilkinson en pequeños roles. La ambientación y la música de Thomas Newman acompañan el fluido primer tramo de la película, con un interesante retrato de las motivaciones de los tres protagonistas, sus relaciones y sentimientos encontrados; si bien la parte final rompe con la dinámica anterior y ofrece un desenlace un tanto precipitado.

En resumen, una película sonrojante (La cara oculta), una entretenida historia de espías a la vieja usanza (La deuda), una cautivadora obra de animación (Arrietty y el mundo de los diminutos), y un recomendable  y rompedor thriller policíaco (No habrá paz para los malvados), y todo ello por el precio habitual de una sola entrada.