jueves, 25 de septiembre de 2014

Una década de Perdidos

Septiembre es el mes de las series estadounidenses, el de la ficción televisiva. En estas fechas se estrenan numerosos proyectos, algunos de ellos bastante absurdos y otros interesantes. Comedias de situación, procedimentales policíacos, series de animación y hasta de superhéroes. Vivimos una nueva edad de oro de la ficción serializada, mientras que otro tipo de televisión cada vez se hunde más en su propia podredumbre. Canales como HBO y AMC apuestan por propuestas adultas y transgresoras que heredan los medios y recursos del cine. Así nos han dejado joyas como Hermanos de sangre, Breaking Bad y fenómenos sin precedentes como Juego de tronos y The Walking Dead, que además han contribuido a difundir las obras literarias en que se basan. Cuando se cumplen diez años del estreno de Perdidos el 22 de septiembre de 2004, conviene recordar lo que supuso aquella serie.


Perdidos cambió el modo en que muchos veíamos televisión. Por supuesto que tuvo sus predecesoras, que merecen ser reconocidas. Series como Buffy cazavampiros, Ally McBeal, los primeros pasos de la HBO que hoy conocemos con Los Soprano y Oz. Y también estuvo Twin Peaks años antes. Acostumbrados a los procedimentales interminables de policías, abogados y médicos que se saltaban todo el papeleo administrativo para jugarse las vidas de sus clientes en complicadas decisiones morales, y a la caspa de la televisión española que todavía perdura, Perdidos rompió esquemas. Recuerdo cuando vi el monumental episodio piloto, dirigido por un semi-desconocido JJ Abrams, por primera vez. No fue en septiembre de 2004, sino que tuve que esperar a que TVE lo emitiera durante la primavera de 2005. Cada episodio contaba. Perdidos mezclaba la temática de novelas clásicas como Robinson Crusoe y El señor de las moscas con un misterio de tintes de ciencia ficción. Y hacía que los personajes nos importasen. Les iríamos conociendo como a las personas de carne y hueso que nos rodean, poco a poco, y descubriríamos cómo estaban lejos de ser perfectos y los errores del pasado que les perseguían.



La primera temporada es, sencillamente, una obra maestra, perfecta en su desarrollo de las tramas, presentación del escenario y dosificación del misterio. Sí, el nivel de la serie no siempre se mantuvo y la dilatación de los sucesos hacía que esperásemos con más ganas los principios y los finales de temporada. Y el ansiado cierre no convenció a todos por igual. Pero la serie de la cadena ABC cambió para siempre cómo vivimos la ficción televisiva. En gran medida gracias a Internet. Se hablaba de Perdidos, no sólo entre amigos, sino que las comunidades virtuales estaban pobladas de hipótesis acerca de del misterio de la isla y sus personajes. Conocimos los spoilers y lo mucho que fastidia que te revelen uno. Y, por primera vez, empezamos a ver las series al ritmo original estadounidense. No podíamos aguantar la espera y encontramos una alternativa al maltrato y la desgana de las cadenas locales, que en algunos casos han respondido a la demanda y ahora series como The Walking Dead llegan a España con apenas horas de retraso respecto a su emisión original. 


Un amigo me preguntaba si el éxito de Perdidos era para tanto, y dudaba que una serie así tuviera tanta repercusión en la parrilla actual, donde pasaría desapercibida. Me temo que planteaba la pregunta equivocada. Sin un fenómeno como Perdidos no tendríamos la variada oferta de series de la que gozamos. Perdidos abrió la puerta a series como Breaking Bad, a presupuestos tan elevados como los de Juego de Tronos. Nos descubrió a JJ Abrams, quien trasladó su sentido del misterio y la aventura a películas tan recomendables como Super 8 y la revisión de Star Trek (su innecesaria secuela de Star Wars será otra historia). Difundió el trabajo del músico Michael Giacchino. Propició parodias como Pardillos. Y nos trajo a un plantel de personajes memorables con los que sentirnos identificados: Jack, Kate, Sawyer, Hurley, Locke, Sayid, Sun, Jin, Desmond, Charlie, Juliet, Ben. Los actores que les dieron vida han asumido el incierto destino de los intérpretes televisivos, pero la serie que protagonizaron permanece en la memoria de miles de seguidores en todo el mundo, diez años después de su estreno.

martes, 23 de septiembre de 2014

Jersey Boys: Cada uno lo recuerda a su manera


A finales de la década de 1950, cuatro jóvenes armados de ambición y talento se proponen escapar del barrio de clase trabajadora de Nueva Jersey dominado por la mafia donde crecieron. Lo conseguirán gracias a su música. Su grupo, The Four Seasons, pasa por una serie de pruebas hasta alcanzar el éxito, liderando los comienzos de la música popular en Estados Unidos. Pero el camino de la fama no es sencillo, y las tensiones entre los distintos miembros del grupo sólo traen complicaciones para The Four Seasons.

Jersey Boys adapta el musical homónimo que narra la trayectoria del grupo de música The Four Seasons. Desde su estreno, lleva años convertido en uno de los grandes éxitos de Broadway junto a El rey león o Wicked, se ha hecho con un premio Tony y ahora los propios autores del libreto, Marhsall Brickman (coguionista de Manhattan) y Rick Elice, se han dedicado a adaptar la obra a la gran pantalla. El encargado de orquestar el proyecto ha sido ni más ni menos que el legendario Clint Eastwood. Tras la irregular Más allá de la vida y la fragmentada J. Edgar, el creador de Malpaso expresó su deseo de filmar un musical, en particular una nueva versión de Ha nacido una estrella. Tras varios rumores, el proyecto se terminó paralizando, y entre tanto Eastwood protagonizó la ópera prima del productor Robert Lorenz, Golpe de efecto, y puso en marcha dos nuevas películas, entre ellas Jersey Boys.


En Jersey Boys, Clint Eastwood aprovecha la fuerza del relato del ascenso a la fama de The Four Seasons para contarnos una historia de éxitos y sombras, haciendo gala de su estilo de gusto clásico y de su formidable habilidad como narrador. La leyenda de la voz de Frankie Valli y los suyos guarda ciertas semejanzas con la de Uno de los nuestros y con el viaje de A propósito de Llewyn Davis, aunque es mucho más suave, por supuesto. Eastwood alterna resultones números musicales con la carrera artística de los integrantes de The Four Seasons, las rencillas entre los miembros del grupo, la profunda huella que deja en ellos su paso por un barrio dominado por la mafia, y el retrato de una época. El cineasta californiano cuenta con sus colaboradores habituales, como el productor Robert Lorenz, el director de fotografía Tom Stern y el editor Joel Cox. Se puede reprochar que la historia sea demasiado benévola, pero hay que reconocer que no estamos ante un filme del calado emocional de Mystic River o Million Dollar Baby, si bien Jersey Boys supone un nuevo trabajo disfrutable de un clásico.



La mayoría de protagonistas son actores primerizos que cumplen su papel con solvencia, y aquí se nota bastante la experiencia de Vincent Piazza en la serie Boardwalk Empire al ser el miembro de The Four Seasons con más tablas interpretativas. Curiosamente, el encargado de dar vida a Frankie Valli es John Lloyd Young, quien también lo encarnaba en el montaje de Broadway. El actor más veterano de la función es un recuperado Christopher Walken, mucho más acertado que en sus papeles más recientes y pequeños. La música y los falsetes de Valli son otro personaje más de la película, que cuenta con canciones que muchos reconoceremos aunque no estemos demasiado familiarizados con la carrera de The Four Seasons: al terminar la sesión, saldremos canturreando canciones como Sherry, Walk Like a Man, December, 1963, Rag Doll o Can't Take My Eyes Off You. Como curiosidad, hay que mencionar la aparición de un personaje que representa a un joven Joe Pesci, actor que fue amigo de los músicos protagonistas. Os recomiendo que leáis la reseña del amigo Néstor para profundizar en otros detalles de Jersey Boys y The Four Seasons.


Jersey Boys supone un curioso y acertado cambio de registro para Clint Eastwood, quien sigue haciendo gala de una nítida y ejemplar narrativa. Una película interesante y entretenida, un musical refrescante. Además, Eastwood ya ultima su siguiente trabajo, el thriller American Sniper, protagonizado por Bradley Cooper.

sábado, 20 de septiembre de 2014

Cómic en negro: Grima

Oxel Karnhus, un detective privado en horas bajas, recibe una inesperada llamada de su antigua novia de la universidad, quien le ruega que investigue el suicidio de su hijo. Por los viejos tiempos, Oxel revivirá los últimos días del joven e intentará llegar al fondo de una serie de suicidios encadenados.

Comenzamos una nueva sección en el blog, dedicada a uno de mis géneros favoritos, el negrocriminal, que tantas grandes experiencias nos ha dejado en los campos de la literatura y del cine. En ella hablaremos de diversas obras del noveno arte pertenecientes al mundo del crimen, los detectives privados y las mujeres fatales, al estilo de Sin City, de Frank Miller, o de 100 Balas, de Azzarello y Risso. 

En nuestra primera entrega tenemos Grima (The Creep), que pude leer gracias a la gentileza de Yota. Se trata de una miniserie de cuatro números que surgió de una historia breve publicada en la antología Dark Horse Presents. El guionista John Arcudi (AIDP) se une al dibujante Jonathan Case (Batman '66) para contarnos el caso que investiga Oxel Karnhus, antiguo policía de Nueva York que abandonó el cuerpo debido a la enfermedad de gigantismo que padece. Ahora se dedica a pequeños trabajos y escuchas, hasta que un antiguo amor le suplica que investigue el extraño suicidio de dos jóvenes. Esto llevará a Oxel al límite de su condición física y de su estado emocional, pues rebuscará en heridas pasadas y encontrará historias que le cambiarán para siempre.


Grima es una pequeña gran lectura, un cómic en apariencia sencillo y modesto que esconde una trama honda y profunda. Un misterio que bucea en el patetismo del alma humana, las viejas heridas y el peso de las oportunidades perdidas. Su lectura no deja indiferente, y la atmósfera decadente y melancólica se respira en cada página envuelve el relato gracias a la cuidada narración de Arcudi y a la narrativa gráfica de Case, de un estilo escueto pero revelador.

La edición española de Grima corre a cargo de Planeta DeAgostini, y cuenta con las portadas de artistas como Ryan Sook, Mike Mignola y Frank Miller. Una modesta obra redonda.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Mob City: Pequeña gran serie


A finales de los años 40, el veterano de la Segunda Guerra Mundial Joe Teague vuelve a Los Ángeles para encontrarse una ciudad que no reconoce, consumida por los pulsos de poder entre el departamento de policía para el que ahora trabaja y la mafia judía liderada por Bugsy Siegel. Teague recuperará fragmentos de su antigua vida mientras intenta decidir cuál de los dos bandos merece su lealtad.

El caso de la serie Mob City es, cuanto menos, curioso. Frank Darabont, responsable de la obra maestra Cadena perpetua, no se prodigaba demasiado en el cine desde que se despidiera con la pequeña joya de La niebla. A finales de 2010, el cineasta regresó a la primera plana del entretenimiento gracias a su labor como productor, guionista y director de la primera temporada de The Walking Dead, que adaptaba el famoso cómic de Robert Kirkman. La segunda temporada resultó demasiado irregular y carente de rumbo, y puede que esto, sumado a otros motivos no esclarecidos, propiciaran la nada amistosa marcha de Darabont de la ficción, que por suerte tomó un nuevo rumbo tras su despedida. Mientras los zombis arrasaban, Darabont se embarcó en otro proyecto televisivo: Mob City, adaptación de la novela L.A. Noir (independiente del logrado videojuego de Rockstar) que relata las actividades de la mafia en Los Ángeles durante la década de 1940. El proyecto tardó dos años en completarse, y finalmente se estrenó en el canal estadounidense TNT durante diciembre de 2013. La cálida acogida inicial de la audiencia dio paso a un cierre inaceptable para los exigentes estándares de la televisión norteamericana actual, lo cual propició la cancelación de la serie con sólo una temporada de seis episodios. 


Debido a esta turbulenta historia, tardé en decidirme en dar una oportunidad a la serie. Mi primera reacción al comenzar a verla fue el escepticismo. Mob City recurre a las convenciones clásicas del género negro, que sigue al pie de la letra sin darles vuelta de tuerca alguna como sí hacen otras ficciones (por ejemplo Fargo, tanto la película original como la reciente serie). Nos presenta a un protagonista de moral ambigua que se mueve entre dos mundos no tan distantes como aparentan serlo: el de los policías y el de los gángsters. Hay una mujer fatal que se alza como heroína, matones sanguinarios, soplones ambiciosos y jefes del crimen organizado convertidos en empresarios (¿o era al revés?). Además, curiosamente retoma personajes históricos pertenecientes al período que une otras dos ficciones recientes del género como son Boardwalk Empire y la penosa Gangster Squad


El comienzo de Mob City resulta tópico y anodino, si bien está rodado con soltura y goza de una puesta en escena eficiente. No alcanza los niveles de calidad interpretativa, de transgresión ni de diseño de producción de las ficciones estrella de canales como HBO, pero a medida que avanzan los seis episodios de Mob City, las tramas se enredan, los protagonistas muestran pliegues que les vuelven más interesantes, la violencia asciende, y todo concluye en un final de infarto que mezcla ficción con hechos históricos como son la creación de la División de Asuntos Internos y el destino de Bugsy Siegel. Con sólo media docena de capítulos, el nuevo trabajo de Frank Darabont nos deja una trama cerrada, un par de tiroteos resueltos con ingenio, y un reparto ajustado. En este punto cabe mencionar el trabajo simplón de los televisivos Neal McDonough (Hermanos de sangre), Milo Ventimiglia (Héroes) y de Robert Knepper (Prison Break) haciendo otra vez de malo, y el del amuleto de Darabont Jeffrey DeMunn (The Walking Dead). Quienes sí destacan y roban planos son la versión de Bugsy Siegel que compone un recuperado Edward Burns y la heroína de Alexa Davalos (La niebla), quien ojalá se prodigara más en el cine; mientras que Jon Bernthal (El lobo de Wall Street) aporta poco a su papel de tipo duro ambiguo. Como curiosidad, Simon Pegg aparece en un par de episodios a modo de cameo.


Tras una carrera accidentada, los aciertos de Mob City pesan más que sus puntos débiles. Su final prematuro le garantiza un puesto de honor en el grupo de las pequeñas series con corazón, junto a las también encomiables Lights Out (El declive de Patrick Leary) y Hatfields & McCoys. Una modesta ficción que reivindicar y disfrutar.


viernes, 29 de agosto de 2014

Crisis en los precios infinitos

Durante el mes de agosto de 2014, el amigo Moisés Oneyros ha celebrado un ciclo de charlas patrocinadas por fnac dedicadas al mundo de los cómics. Una de ellas fue una mesa redonda titulada ¿Cuál es el público del cómic?, en la que el editor de Marvel en España, Julián Clemente, y el dibujante y animador Víctor Gómez pusieron sobre la mesa varios aspectos relativos al punto en que se encuentra el noveno arte a nivel nacional. Uno de los temas más interesantes tratados, y que sin duda seguirá generando debate en el futuro cercano, fue el modo en que los niños se acercan a los cómics en la actualidad. En la charla se mencionó que las nuevas generaciones conocerán los cómics gracias al formato digital, a través de las tablets en particular, y se señaló que el motivo por el cual permanecerán alejados del papel tradicional será principalmente económico: la crisis económica ha borrado cerca de 10.000 kioscos de España, mientras que las editoriales apuestan por formatos de lujo, accesibles para pocos. Este último punto está estrechamente relacionado con la política editorial que siguen casas como Panini, quienes han protagonizado polémicas declaraciones las últimas semanas al defender su aumento de precios escudándose en las mencionadas lujosas ediciones.


Cuando empecé a coleccionar cómics como afición, fue gracias a los coleccionables semanales. Antes de su llegada, que coincidió con el comienzo de la ola de superpoducciones basadas en superhéroes, atesoraba las grapas y tomos desordenados que iba rescatando de los kioscos, pero el poder leer una etapa clásica en orden cronológico con cierta periodicidad cambió el modo en que veía los cómics, y aquello sucedió gracias a un formato asequible y popular. Leer la etapa de Chris Claremont, John Byrne y John Romita Jr. al frente de La Patrulla X fue una experiencia fascinante que atesoro. A este cómic mutante le siguieron las colecciones dedicadas a Los 4 Fantásticos de John Byrne, Spider-man de Roger Stern, Hulk de Byrne y Peter David, Daredevil de Frank Miller (otro de los cómics que te cambia para siempre) y los orígenes de la serie propia de El Castigador, todas ellas publicadas en tomos semanales de 80 páginas que no superaban los 3 €. Alrededor de esta época, Planeta DeAgostini y Fórum también pusieron en marcha la Biblioteca Marvel, pequeños tomos que recogían los orígenes de la Marvel dorada, en blanco y negro, eso sí. Gracias a ellos redescubrimos maravillas como Los 4 Fantásticos de Stan Lee y Jack Kirby, un cómic fundacional de todo un universo de ficción, Los Vengadores, Dr. Extraño, X-Men, Thor, y posteriormente a Spider-man y Daredevil. Además, este asequible y manejable formato se expandió a otros clásicos del cómic, como las historias de terror de EC y al Drácula de Marv Wolfman y Gene Colan, una delicia para los amantes de la novela original de Bram Stoker.


Alrededor de 2005, cuando Panini adquirió los derechos de Marvel, Planeta siguió apostando por los coleccionables, ahora dedicados a los personajes de DC con los que acababa de hacerse. De este modo, consiguió que muchos lectores recuperásemos etapas fundamentales, ya sin el dominio de Norma y sus tomos exclusivos (ediciones que todavía mantienen hoy en día, véase el universo de Hellboy). Los precios experimentaron cierto aumento, pues los cómics semanales de Batman llegaban a 3.50€; y los de Superman de John Byrne, a 4.50€ (y además presumían de una escandalosa resolución gráfica), pero se seguía apostando por dicho formato. Por otra parte, en sus comienzos, Panini optó por mantener esta política editorial, siguió recuperando clásicos con la Biblioteca Marvel, y con colecciones como Spider-man de John Romita (que cada vez echo más de menos); lanzó un coleccionable dedicado a los X-Men que continuaba justo donde terminó el de Planeta, y otro dedicado al Ultimate Spider-man de Bendis, recogiendo en esta ocasión material mucho más reciente. 


En este punto podemos empezar a hablar del fin de los coleccionables semanales tal y como los conocíamos, pues sencillamente dejaron de editarse. Planeta pasó a publicar tomos de 10 € dedicados primero al Batman post-Cataclismo, y después retapados del primer y del segundo coleccionable que curiosamente dejaban las sagas a medias, jamás autocontenidas en un mismo volumen, para que tuvieras que picar con el siguiente. En septiembre de 2010, Panini sorprendió con la puesta en marcha de Marvel Héroes, tomos quincenales que recogían diversas etapas populares de distintos personajes. Se distribuían en kioscos, costaban 10 € y revivían parte del espíritu del coleccionable al acercar conocidas sagas al gran público, como Asalto a la mansión de Los Vengadores, El Capitán América de John Byrne, o La Segunda Guerra de las armaduras de Iron Man. En mi caso particular, pude hacerme con parte del Daredevil de Ann Nocenti, interesante etapa de denuncia social que es imposible de encontrar en su edición original, y con el Spider-man de J.M. Straczynski y John Romita Jr., que había leído de prestado y considero la última gran etapa del arácnido. 


En la última década, gracias a la enorme influencia de las películas dedicadas a superhéroes y basadas en cómics en general, el tebeo ha pasado de ser una afición marginal a convertirse en un objeto de lujo presente en las grandes superficies, que ahora le reservan secciones cada vez más amplias (si bien la lectura de cómics todavía no se ha extendido ni aceptado socialmente tanto como nos gustaría a algunos). Las editoriales arriba mencionadas, a las que hay que sumar ECC, que ostenta los derechos de DC, han elegido recuperar etapas clásicas, tanto del cómic de superhéroes como de otros géneros, en formatos abusivos: tomos recopilatorios de alto número de páginas y de precios ridículos que pocos podemos permitirnos, sobre todo dadas las circunstancias económicas que seguimos atravesando. Las ediciones populares han caído en el olvido, y el público objetivo de los cómics clásicos se ha convertido en selectos coleccionistas, apartando por supuesto a los niños que mencionábamos al comienzo de este artículo. Una prueba de este fenómeno son los temibles Omni Gold de Panini, abominables volúmenes que recogen las primigenias etapas de X-Men, Thor o Spider-man y no bajan de 40€ por tomo. Algo similar ha pasado con la mencionada Marvel Héroes, línea cuyo concepto se ha tergiversado al transformarla en recopilatorios que tampoco bajan de los dos billetes azules, e incluso ascienden a 60 €, como Alpha Flight de John Byrne, de próxima publicación. 

El tochal de la discordia
El anuncio de esta absurdez ha levantado las críticas de los lectores más veteranos del lugar, y Panini ha respondido escudándose en el incremento proporcional de páginas y de precio. Puede que estén en lo cierto y que sea un precio "razonable" para el número de páginas que incluye el monstruoso volumen, pero, ¿por qué no pueden convivir las ediciones de lujo con las populares? Con semejantes tochos, ¿cómo vamos a conseguir que nuevas generaciones de lectores se acerquen a clásicos como Los relatos de Asgard, La saga de las drogas de Spider-man o Superman de John Byrne y descubran la satisfacción de leer cómics por afición? Y, volviendo al punto de partida, ¿qué niños van a convencer a sus padres o se van a sentir atraídos por las criticadas ediciones mastodónticas?


Al comentado estado de los cómics clásicos habría que sumar el precio de las novedades editoriales, cuyos volúmenes estándar no bajan del rango de los 15-20€. Además, si echamos un vistazo al mundo del cómic independiente, que ahora mismo ofrece el panorama más rompedor e interesante en Estados Unidos con la editorial Image a la cabeza, observamos el caos en que se ha convertido la publicación de estas series en España. Con la excepción del éxito de ventas de Los muertos vivientes, nunca sabemos con certeza si determinadas colecciones llegarán a publicarse, en qué formato o bajo qué editorial. 


Para terminar, me gustaría rescatar uno de los puntos comentados en la charla con la que abríamos este artículo. Probablemente, los niños que se convertirán en futuros lectores de cómics, y los nuevos lectores en general, se acercarán al medio gracias a las plataformas digitales. Aplicaciones como ComiXology ofrecen rebajas dedicadas a determinados autores o personajes, algo similar a lo que hace Marvel Infinity. Iniciativas como Thrillbent, capitaneada por Mark Waid, propone a los lectores pagar una suscripción de 4$ mensuales, el precio de una grapa americana, para acceder al creciente catálogo de sus nuevas series, que además experimentan con las posibilidades narrativas que ofrece el medio digital. ¿Habrá futuro para el cómic clásico en el panorama digital? Desde luego, se está terminando con el suyo en las ediciones impresas.

jueves, 21 de agosto de 2014

Guardianes de la galaxia: Epopeya cósmica

El terrícola Peter Quill sobrevive como cazarrecompensas bajo el nombre de Starlord, hasta que se topa con un misterioso orbe codiciado por entidades cósmicas como Ronan el Acusador y Thanos. A punto de desatar una guerra galáctica, Peter huye de sus perseguidores y une fuerzas con un grupo de granujas formado por Drax el Destructor, Gamora, Groot y Mapache Cohete. Han nacido los Guardianes de la galaxia.

Los aficionados al Universo Marvel cinematográfico nos quedamos perplejos cuando anunciaron en 2012 la puesta en marcha de una película dedicada a los Guardianes de la galaxia, un grupo de tercera división que protagonizaba irregulares aventuras futuristas. Además, la película se dedicaría a la última encarnación del grupo, que protagonizó una serie regular de culto escrita por Dan Abnett y Andy Lanning y publicada entre 2008 y 2011 en la que no faltaban el humor ni el espíritu de la aventura. La perplejidad ante semejante propuesta estaba también justificada por el estrepitoso fracaso de recientes películas cósmicas como los bodrios Green Lantern y John Carter. Los primeros avances fueron bastante alentadores, y su estreno en Estados Unidos convirtió a la película en un éxito instantáneo de publico y crítica. Por fin podemos disfrutar de ella en España, y me alegra poder reafirmar que estamos ante un nuevo triunfo de la fórmula de Marvel Studios, una película trepidante, divertida, en la que prima el entretenimiento respetuoso con los espectadores y fiel al espíritu de los personajes que adapta. Todo un logro en la era de las adaptaciones de cómics a la gran pantalla que refuerza el cambio y la aceptación que va experimentando el noveno arte. Si hace unos años le hubieran dicho al niño que leía cómics de Spider-man y X-Men a escondidas que un día oiría hablar de las Gemas del Infinito y de los Celestiales en una película, sinceramente no lo habría creído.


Los responsables de Marvel Studios, Joss Whedon y sobre todo Kevin Feige, han confiado en James Gunn para llevar a los Guardianes al cine. Gunn proviene del mundo de la serie B y es el responsable de los guiones de Amanecer de los muertos y de las horripilantes películas de Scooby Doo. Como director, debutó con la divertida pero cutre Slither, y después parodió a los superhéroes con Super, una versión de Kick-Ass más pasada de rosca. Con Guardianes de la galaxia, Gunn ha demostrado desenvolverse con soltura en el mundo de las superproducciones, de los grandes efectos especiales y del croma verde. Su puesta en escena y sentido de la aventura y del espectáculo se aproxima más al de George Lucas y Steven Spielberg, a quienes homenajea constantemente, que al de Michael Bay y sus horrorosos Transformers. De este modo, los Guardianes se suman al camino seguido por Los Vengadores de Whedon y Star Trek de JJ Abrams. Hay explosiones y batallas espaciales en la película, pero están rodadas con contención y dosificadas a lo largo de una historia dedicada a presentarnos a un nuevo grupo de personajes y el mundo que les rodea. 


Gunn ha escrito el guión junto a Nicole Perlman (Thor). Los dos han conseguido adaptar los cómics de Abnett y Lanning tomándose ciertas licencias como la identidad de Yondu y respetando el tono desenfadado, gamberro y aventurero de los Guardianes. La película conecta con los otros títulos de Marvel Studios gracias a las alusiones a Thanos y las gemas del Infinito, presenta elementos complejos del universo cósmico como Sapeincial, los Nova Corps y hasta los Celestiales, recupera la tecnología de El Señor de los Anillos para la animación de personajes digitales, y homenajea constantemente a Star Wars e Indiana Jones. Precisamente los guiños y referencias juegan un papel importante en esta película, que rinde tributo a la década de los 80 gracias a bromas relacionadas con Footloose y la banda sonora poblada de canciones de Blue Swede, Joan Jett e incluso los Jackson Five, ensombreciendo las partituras de Tyler Bates para la ocasión.


Como es habitual en las producciones de Marvel Studios, el reparto es variado y cumple con corrección. El protagonismo recae en el cómico en alza Chris Pratt (Parks and Recreation, La Lego Película) y de Zoe Saldana en su tercera saga espacial (Avatar), acompañados por un sorprendente Dave Bautista como Drax y por el excelente trabajo de Bradley Cooper y Vin Diesel prestando sus voces a Mapache Cohete y Groot, respectivamente. Los secundarios son todavía más eclécticos, pues aparecen el siempre genial Michael Rooker (The Walking Dead), Benicio Del Toro, Djimon Hounsou, John C. Reilly, Glenn Close y hasta Josh Brolin tiene un cameo como Thanos, mientras que Lee Pace (El Hobbit) da vida a Ronan, convertido en un terrorista fanático . Hablando de cameos, hay que destacar el del legendario Stan Lee quien, a pesar de no haber creado el cómic del grupo en cuestión, cuenta con una breve y canalla aparición en la película. También es recomendable permanecer atentos a las fugaces apariciones de personajes como Cosmo, Adam Warlock y a la divertida escena final.


En definitiva, estamos ante un éxito inesperado de Marvel Studios, una película disfrutable, sumamente entretenida que respeta tanto a los espectadores como el material en que se basa. Una superproducción con espíritu propio que nos hará reír y emocionarnos con las aventuras espaciales de sus protagonistas siguiendo la senda de Iron Man y Los Vengadores.


Para terminar, me gustaría dar las gracias a los amigos de Sensacine por el evento organizado el pasado día 11 en los Cines Callao. Un preestreno dedicado a los años 80 en el que pudimos desenfundar nuestro viejo walkman y disfrutar del ambiente, los cosplay y la película.



martes, 12 de agosto de 2014

Tributo a Robin Williams

Ayer, lunes 11 de agosto, nos sacudió la noticia del fallecimiento del actor Robin Williams. Una noticia trágica y súbita que ha conmocionado al mundo del cine y a los espectadores que lo admirábamos y respetábamos por su trabajo.


Conocido por su faceta cómica y su asombrosa capacidad para improvisar y poner voces, Williams despuntó como actor a finales de la década de 1980 gracias a películas como Good Morning, Vietnam! y al inmortal canto generacional El club de los poetas muertos, que nos invitó a muchos a leer a Walt Whitman y a apreciar la literatura desde otra perspectiva. Posteriormente, Robin Williams se convirtió en el amo y señor de los 90 y en uno de los actores mejor pagados de la industria, protagonizando cine familiar y comedias como Hook, Señora Doubtfire y la gran aventura Jumanji. Aunque también trabajó en películas de dudosa reputación durante esta década, como Más allá de los sueños o El hombre bicentenario, Williams demostró su talento para el drama con interpretaciones únicas como las de Despertares (junto a un impagable Robert De Niro) y El indomable Will Hunting, por la que ganó uno de los dos Oscars que se llevó este clásico moderno. También prestó su voz al mítico genio de Aladdin, apareció en Friends junto a Billy Crystal y colaboró con pequeños papeles en las películas de su amigo Kenneth Branagh como Morir todavía y la magistral Hamlet. Con la llegada del nuevo milenio, participó en Insomnio junto a Al Pacino y pronto su estrella dejó de brillar con fuerza. Williams empezó a trabajar en comedias menores y en películas de escasa trascendencia como El hombre del año y El mayordomo. Recientemente pudimos ver su regreso a la televisión en la serie de la CBS The Crazy Ones, una comedia sencilla y correcta cancelada prematuramente.


Sus compañeros de trabajo sólo tenían elogios para él, como demuestran los recientes comentarios que le han dedicado personalidades como Steve Martin, Conan O'Brien, Michael J. Fox, Steven Spielberg y el mismísimo presidente Obama, pues no somos pocos quienes crecimos con sus películas. Cuentan que, durante el rodaje de La lista de Schindler, Spielberg se hallaba al borde de una profunda depresión, y que Williams le llamaba por teléfono para gastarle bromas y animarle. Cuando Christopher Reeve sufrió el terrible accidente, Williams fue de los primeros en visitar a su viejo amigo en el hospital, haciendo pasarse por un médico ruso que venía a examinarle el recto. Anécdotas de este tipo dicen mucho de su carácter.


En un año marcado por el fallecimiento prematuro de Philip Seymour Hoffman (uno de mis actores favoritos) y por la despedida de Eli Wallach, el legendario Tuco, la pérdida de Robin Williams ha supuesto un duro golpe para el mundo del cine. Dicen que sufría depresión, tenía problemas con las drogas y el alcohol y que puede haberse quitado la vida. Su trabajo siempre será recordado, y sus películas seguirán inspirándonos. Dondequiera que esté, ojalá pueda seguir bromeando con sus amigos Christopher Reeve y John Belushi. Hasta siempre, Robin Williams, y gracias por tus películas.