
A sus dos obras maestras les siguió Jackie Brown que, si bien en ella continuaba el buen hacer del director, no resultó tan llamativa por su extensa duración y la intervención de actores un tanto desaprovechados. Después llegaría Kill Bill, un nuevo acierto que combinaba sus rasgos propios con guiños al cine oriental y al western. Tras este filme dividido en dos partes se sucedieron colaboraciones en CSI o Sin City (por no mencionar sus múltiples labores como guionista y productor) y hace dos años sorprendió con el proyecto Grindhouse, con el que, junto a su amigo Robert Rodríguez, homenajeaba a las películas que tanto le habían influido. Sin embargo, la jugada le salió mejor al director texano, pues Death Proof, la cinta del amigo Quentin, contaba demasiado poco para la cantidad de elementos desatados que contenía (diálogos interminables, bailes y música; si bien la persecución final era impecable).
En el caso de Malditos Bastardos, Tarantino se queda a medio camino de lo que podría haber sido. Para tratarse de una película bélica ambientada en la Segunda Guerra Mundial, tiene contadas escenas de acción, ya que del excesivo metraje de dos horas y media la mayor parte lo constituyen largos diálogos, bien construidos, eso sí; que poco aportan al avance de la trama o evolución de los personajes. Respecto a estos últimos, la película está plagada de montones que entran y salen de escena sin cesar, por lo que muchas veces nos quedamos con las ganas de conocerlos un poco más (sobre todo a Aldo Raine y sus Bastardos) o simplemente no terminan de encajar (como la breve aparición del espía inglés). Hasta puede llegar un momento en que las referencias cinéfilas sean imposibles de contar, y eso que tras su presentación en el festival de Cannes Tarantino tuvo que eliminar parte del metraje, incluyendo la aparición de Maggie Cheung.
Este director siempre ha tenido buen ojo con el casting, llegando a relanzar las careras de actores con los que ha colaborado, como es el caso de John Travolta, David Carradine o Kurt Russel. Malditos Bastardos no supone ninguna excepción. En un reparto internacional destaca el alemán Cristoph Waltz como el excéntrico pero eficaz coronel nazi Hans Landa (cuya decisión final choca bastante con lo mostrado del personaje anteriormente). Además, la película cuenta con las notables apariciones de Brad Pitt en la piel del chulesco y arrogante teniente Aldo Raine (que bien podría haberse escapado de un cómic y cuya presencia en pantalla llega a echarse en falta), la francesa Mélanie Laurent y Diane Kruger interpretando a dos mujeres duras, el "pirado" de Eli Roth, un cameo de Mike Myers o la presencia de un Hitler histriónico y paródico, salido del corto en que el Pato Donald le daba unos cuantos mamporros. Se echa de menos más presencia de los Bastardos, y tal vez sacar más partido a Samuel L. Jackson como narrador.

Malditos Bastardos cuenta con unos cuantos puntos a su favor, en gran parte relacionados con los rasgos típicos de este director: la soprendente habilidad de Quentin tras la cámara, el tiroteo estilo Reservoir Dogs en que todos disparan a todos, la forma en que aparecen los nombres de ciertos personajes, el guiño a la Cenicienta, marcados momentos cómicos (especial atención a los "italianos"), las digresiones como la explicación de lo inflamables que son los rollos (Quentin lo sabe por experiencia con su primera película), el cine dentro del propio cine que nos presenta, la mezcla de idiomas o la división en capítulos al estilo de sus anteriores filmes; a parte de ser un director capaz de mantener la tensión en secuencias tan largas como la inicial o el descubrimiento de los Bastardos de incógnito en la taberna.
Debido a la apretada agenda del gran Ennio Morricone, Tarantino tuvo que hacer uso de nuevo de su melomanía y escoger la banda sonora más adecuada para su película. Compuesta en su gran mayoría por las composiciones de Morricone para los spaguetti westerns (con los que esta película comparte unos cuantos rasgos) y alguna otra pieza del género como la sintonía de El Álamo, la buena elección de la banda sonora vuelve a ser otro de los puntos fuertes de este director, capaz de aportar nuevas asociaciones a música ya conocida.
La esperada Malditos Bastardos podría haber dado mucho más de sí, aprovechando su metraje con más sobre los peculiares soldados a los que hace referencia el título en lugar de recrearse con largas conversaciones y presentar un par de resoluciones discutibles. Al fin y al cabo nos queda la versión libre sobre este conflicto de tan peculiar director, que esperemos que algún día vuelva con los crimnales que tan bien maneja y nos traiga a los hermanos Vega.




















