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lunes, 2 de febrero de 2015

Como un fénix... Cine

El blog no atraviesa su mejor momento. El último año no ha sido especialmente prolífico en cuanto a nuevas entradas, recomendaciones, reseñas ni artículos, por mucho que me haya propuesto preparar varios especiales. Las ganas de escribir en esta bitácora seguían presentes, pero la hora de sentarse frente al teclado brillaba por su ausencia. Tampoco ha ayudado el estado precario de la blogosfera, herida de muerte desde hace años. Se echan de menos las bitácoras de amigos que se dedican a algo más que a colgar enlaces de noticias. Yo mismo he sido testigo de la desaparición de varias webs hermanas y, finalmente, de un prolongado descanso de la propia. Por suerte, todavía quedan personas como Néstor, Eowyn o Yota, dispuestas a dar lo mejor de sí mismas en sus respectivos espacios.


Llegó el día 27 de enero de 2015 y se cumplieron siete años desde que creara este modesto blog. No tenía nada preparado para la ocasión, ningún especial como las colaboraciones de 2013, así que, ¿qué menos que intentar darle un poco de nueva vida? No sé cuánto durará, si estamos ante el último aliento de la bitácora o si de verdad ha vuelto para quedarse. Por el momento, comencemos con un repaso a las películas, los cómics y las series que he podido disfrutar durante los meses de inactividad bloguera:


·El niño: Los responsables de la recomendable Celda 211, hito del cine español, regresan con una nueva película de género policíaco. Daniel Monzón y su equipo nos cuentan una historia de ambición enmarcada en un contexto conocido por todos pero del que no le gusta hablar a nadie, como es el narcotráfico en el estrecho de Gibraltar. La película cuenta dos historias entrelazadas, la de un policía tenaz y la de un joven que quiere hacerse un nombre pasando droga. Esta última resulta bastante tediosa, en buena parte por la nula experiencia de los jóvenes actores protagonistas y por su historia repleta de topicazos. Compensa con la trama policíaca, protagonizada por el gran Luis Tosar (a quien le han calzado un inexplicable peluquín), y con su desenlace.


·La entrega: Nueva adaptación de una obra de Dennis Lehane a la gran pantalla, que nos brinda resultados excelentes. La narrativa del escritor de Boston nos ha dejado joyas cinematográficas como Mystic River, Shutter Island y Adiós, pequeña, adiós y La entrega se alza como un diamante en bruto. Nos cuenta la historia de cuatro personajes relacionados con los trapicheos de la mafia rusa de Brooklyn, un retrato preciso que guarda un par de sorpresas finales y un desarrollo de personajes creíbles y humanos. Las casi dos horas de metraje hacen que se resienta un poco el resultado final, pero la película compensa con una puesta en escena austera y con el sólido trabajo de Tom Hardy, Noomi Rapace y el último papel del gran James Gandolfini.


·Perdida: La última sensación de la novela negra llega al cine de la mano de un experto. David Fincher se basa en el guion de la propia novelista, Gillian Flynn, para narrarnos una retorcida historia de crimen, celos, control, venganza y también de amor. Nos deja una puesta en escena brillante, con secuencias oscuras como las protagonizadas por Neil Patrick Harris o por los medios de comunicación, una nueva banda sonora de Atticus Ross y Trent Reznor para nuestro disfrute y nos redescubre a la actriz Rosamund Pike.


·Las tortugas ninja: En mayo de 2014 se cumplieron treinta años del nacimientos de estos iconos de la cultura popular, que ahora viven un nuevo renacer gracias a sus cómics y serie de animación. No podía faltar la adaptación cinematográfica de turno, que mezcla la pirotecnia desmedida de la factoría de Michael Bay con el humor y el heroísmo de Los Vengadores (hasta el malo se sube a una torre neoyorkina para ejecutar su plan final). La película en sí apenas vale un pimiento, pero funciona como entretenimiento y, sobre todo, como homenaje a las creaciones de Peter Laird y Kevin Eastman y su mitología, que aquí lucen cuerpos hipermusculados.


·The Equalizer (El protector): Denzel Washington se reúne con el director Antoine Fuqua años después de Training Day y juntos filman un bodrio de proporciones cósmicas. Se trata de la adaptación de una antigua serie de televisión acerca de una especie de Castigador que arregla entuertos a tiros en su pequeña comunidad de Boston. Lo que empieza como una película desenfada y violenta da paso a un rollo absurdo de dos horas y media.


·La isla mínima: Tras la acción policíaca de Grupo 7 (que por desgracia sufrió los rebuznos de Mario Casas), Alberto Rodríguez se atreve con un thriller negro ambientado en la cuenca del Guadalquivir. Una película absorbente, negra, retorcida y ambigua que ofrece interesantes reflexiones acerca de la España rural, del poder y de la naturaleza de la maldad. Consigue mantener en vilo y aterrar. La mejor película española que he visto en años.


·Interstellar: Tras rematar la trilogía de Batman con un pestiño, Christopher Nolan vuelve con una odisea de ciencia ficción acerca de los últimos días de la humanidad en la Tierra y de la búsqueda de nuevos mundos que habitar. Se agradece que escriba su propia historia y que resulte entretenida durante sus casi tres horas de duración, pero se queda lejos de sus obras más redondas hasta la fecha y tampoco ofrece la catarsis que muchos de sus seguidores acérrimos esperaban. Se trata de una historia de ciencia ficción espacial digna, sin más, que homenajea al 2001 de Kubrick en varios aspectos y que peca de grandilocuente. Se agradece ver por la pantalla a unos correctos Matthew McConaughey, Jessica Chastain y Matt Damon. Ojalá Nolan apueste por un proyecto más comedido y redondo que le vuelva a sus orígenes, tipo Memento.

¿Y qué hago yo metido en esto?
·El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos: Un despropósito de principio a fin difícil de digerir. La primera parte de la trilogía de las precuelas de ESDLA resultó entretenida y nos ganó por la nostalgia de la saga madre, la segunda ya se hacía bastante infumable con tantas escenas sacadas de la manga, como la basura de la ciudad del lago o de los enanos volando por el interior de la Montaña Solitaria. Guardaba la esperanza de que la última entrega supusiera un cierre digno, pero duele ver una película repleta de escenas intrascendentes, de personajes que desparecen, de otros recién salidos de la chistera a los que se les da protagonismo porque sí y de un exceso de efectos digitales que da vergüenza ajena y que incluso reemplazan a actores de carne y hueso, como Billy Connolly. Partimos de un error de concepto, pues para adaptar una amable y entrañable novela de fantasía, Peter Jackson y su equipo han optado por una saga de tres películas larguísimas que busca a tientas la trascendencia de la trilogía original. Tenemos a un nuevo George Lucas, capaz de pervertir la emblemática saga que lo encumbró. Hasta cuenta con su propio Jar Jar Brinks, un tal Alfrid que ni se asomaba por la novela de Tolkien.


·Big Hero Six: Recordemos que, en su afán por conquistar el mundo del entretenimiento, Disney se hizo con los derechos de Marvel y de Lucasfilm. Ahora han rescatado a un pseudoequipo de superhéroes japoneses que nació en la oscura Marvel de los noventa y lo han adaptado para conseguir una versión animada de Los Vengadores. No en vano, la película mezcla el tono de la película de Joss Whedon (el villano comparte la fascinación de Loki por los portales interdimensionales y tenemos una especie de Iron Man) con el estilo de ¡Rompe Ralph!, con cameo de Stan Lee mediante. La fórmula funciona y nos brinda un entretenimiento digno y apto para todos los públicos. 

Próximamente, cómics.

lunes, 24 de marzo de 2014

Dallas Buyers Club

 
El electricista texano Ron Woodruf apenas puede creerse que le queda un mes escaso de vida cuando descubren que tiene el SIDA a mediados de la década de 1980. Guiado por una fuerza de voluntad inusual, Woodruf emprenderá una cruzada personal contra las farmacéuticas y las políticas de los hospitales mientras intenta salvar su vida, al mismo tiempo que deja atrás viejos prejuicios.

Estamos ante una de las películas sorpresa del pasado 2013, una que pertenece al grupo de pequeños filmes independientes que con un presupuesto reducido logran contarnos una historia humana y emocionante, normalmente protagonizada por un reparto adecuado. Los responsables de Dallas Buyers Club son los semidesconocidos guionistas Craig Borten y Melissa Wallace, quienes han adaptado los hechos reales de la vida de Ron Woodruf y han construido un relato que mezcla un canto a la lucha por la supervivencia con una acertada denuncia al sistema médico estadounidense y a los tejemanejes de las todopoderosas empresas farmacéuticas. El encargado de plasmar esta historia en fotogramas ha sido el canadiense Jean-Marc Vallée, director solvente de películas como La reina Victoria.


Con un ritmo pausado pero constante, Dallas Buyers Club nos presenta al protagonista, un electricista grosero, mujeriego, homófobo y alcohólico que se niega a rendirse cuando se ve inmerso en la epidemia del SIDA de los años 80. En su incansable búsqueda de medicamentos beneficiosos pero todavía no aprobados, Woodruf viajará a países como México y Japón, traficará con drogas, trabará amistad con personas a quienes antes despreciaba e ideará un club en el que vender medicinas de forma clandestina. Vallée opta por un estilo sencillo pero correcto para plasmar esta historia, apenas se recrea en los ambientes sórdidos por los que se adentran los personajes, y precisamente deja que sean los protagonistas quienes conduzcan la historia.


De este modo, no es de extrañar que los actores protagonistas sean de los más aclamado de la película. Tenemos a un irreconocible Jared Leto que regresa al mundo del cine después de una larga ausencia como Rayon, un transexual que padece SIDA. El retrato de Leto es a la vez decadente, esperanzador y vívido, mientras que su compañero de reparto, un renacido Matthew McConaughey, se funde con el personaje de Woodruf y consigue involucrar a los espectadores en la evolución y distintas etapas que atraviesa el protagonista en su lucha contra la enfermedad, el entorno que le rodea y las fuerzas que escapan de su poder. Una gran interpretación, capaz de soportar el peso de la película, y la prueba de que estamos ante un inmenso actor (el tipo está alcanzando el nivel del viejo De Niro entre Mud, El lobo de Wall Street, True Detective y la película que hoy nos ocupa). Su compañera de reparto, Jennifer Garner, tampoco lo hace nada mal, y ofrece un punto de vista externo con el que el espectador puede identificarse fácilmente, si bien su labor queda algo ensombrecida ante los cambios físicos extremos de sus compañeros de reparto.


Tal vez se eche en falta un toque algo más personal en la dirección, pero gracias a la labor de los actores y de la modesta pero efectiva puesta en escena podemos disfrutar de una recomendable historia que combina a la perfección humanidad con denuncia ante temas que tristemente siguen vigentes.

Ficha de la película.

domingo, 16 de marzo de 2014

True Detective: Oscuridad humana


A lo largo de 20 años, los detectives Rust Cohle y Marty Hart investigarán un crimen macabro que les llevará a recorrer los pantanos de Louisiana, encontrando en su camino sectas religiosas, bandas de moteros, abusos a menores y ritos ocultos que les llevan a enfrentarse directamente con el lado oscuro de la condición humana.

Me encanta ver series. Personalmente, disfruto del riquísimo y variado panorama televisivo estadounidense, de lo mucho que ha bebido del cine y siempre resulta agradable seguir tanto los grandes fenómenos como Perdidos, The Walking Dead, Juego de tronos o Breaking Bad como las producciones más pequeñas pero igual de interesantes como Lights Out, The Pacific, The Newsroom o Ray Donovan. Así, desde que se anunció a mediados de 2013, True Detective fue una de las nuevas propuestas de la Edad Dorada de la ficción televisiva que esperaba con más ganas, y desde que se estrenara a principios de enero de 2014 en el canal HBO, he disfrutado siguiéndola semana a semana, llegando finalmente a la conclusión de que estamos ante una serie sencillamente perfecta, que ocupa un lugar destacado en mi podio personal junto a Perdidos, Hermanos de sangre y Breaking Bad. Vayamos ahora con la serie en cuestión.


La mente pensante tras True Detective es el joven escritor Nic Pizzolatto, que se estrenó en el mundo de la televisión con la estimable The Killing (que espero retomar algún día). Su serie está concebida como una sucesión de temporadas cerradas e independientes entre sí, de modo que cada una de ellas se centrará en un caso policial concreto que deberá ser investigado por un grupo de detectives, y de este modo la ficción nos mostrará la investigación policial de forma exhaustiva, huyendo del clásico formato procedimental, y la compaginará con las vidas privadas de los protagonistas y con cómo el caso las afecta. Su primera temporada se compone de ocho episodios, cada uno de una hora de duración y nos traslada hasta 1995, cuando los detectives Hart, un padre de familia temperamental con predilección por las mujeres jóvenes, y Cohle, un solitario taciturno de convicciones nihilistas, descubren el cuerpo de una joven asesinada mientras portaba una corona con cuernos y participaba en un extraño ritual. Pizzolatto narra la investigación policial hasta su resolución en el presente, bebiendo de películas como Se7en, El silencio de los corderos o Zodiac, y de obras literarias que incluyen relatos de Ambrose Bierce y del mismísimo H.P. Lovecraft, en particular del célebre "La llamada de Cthulhu". El desarrollo de True Detective combina procedimientos policiales como interrogatorios a sospechosos y trabajo de campo por Louisiana, pistas que nos desconcertarán y fascinarán capítulo tras capítulo, el drama personal que vive cada uno de los protagonistas, ambientes sórdidos, meditaciones filosóficas acerca del sentido de la existencia humana, el papel que juega en ella la religión, nuestra percepción del tiempo o del lado oscuro y salvaje de nuestra condición; y cierto simbolismo y tintes sobrenaturales, todo ello combinado en su justa medida.


El aspecto formal y visual de True Detective es de auténtico lujo pues, como es habitual en las ficciones de la HBO, los medios y los detalles con los que cuenta la serie nos dan la sensación de estar presenciando una película extendida. Aquí ha jugado un papel decisivo la labor de Cary Joji Fukunaga, joven director que ya nos sorprendió a finales de 2011 con la dignísima versión de Jane Eyre protagonizada por Michael Fassbender. En True Detective, Fukunaga opta por una puesta en escena visceral, que acentúa el carácter sórdido de la historia y la intensidad de las emociones de los personajes. Las escenas de diálogos fluyen con naturalidad, y las de acción logran impactar al espectador, algunas tanto como el brutal plano secuencia que cierra la incursión en las barriadas del final del cuarto episodio. La música aporta una sensación de extrañeza extra, lo cual no es motivo de sorpresa si tenemos en cuenta que la banda sonora ha caído en manos de T. Bone Burnett, colaborador habitual de los hermanos Coen.


El trabajo de Fukunaga también destaca en la dirección de actores. Por los oscuros pantanos de Louisiana encontraremos a personajes interpretados con naturalidad por Kevin Dunn (quien probó suerte en la HBO en la tristemente cancelada Luck), Shea Wingham (Boardwalk Empire), una sorprendente Alexandra Daddario (Percy Jackson) y la siempre estimable Michelle Monaghan (curtida en el género negro gracias a la excelente Adiós pequeña, adiós). Sin embargo, quienes se llevan casi todo el mérito son la pareja protagonista, unos monumentales Woody Harrelson y Matthew McConaughey, quienes dan vida a un dúo de detectives con muchos matices, marcadas debilidades y un sentido de la justicia que les hará persistir en su empeño por resolver el caso. Estos dos antihéroes, que incluso mienten por el bien del caso, forman el núcleo de la serie y, si bien el señor Harrelson nos tiene acostumbrado a su buen hacer en películas de diversa índole, McConaughey apunta un tanto más a su meteórico renacimiento al ponerse en la piel del particular Rust Cohle.


Esta primera temporada de True Detective cuenta con un final redondo, un cierre satisfactorio de las tramas y los cabos sueltos que han ido componiendo un misterio que abarca desde chicas desaparecidas a los hilos que mueven altos cargos de la sociedad, pasando por reyes amarillos y referencias literarias. Además, encontramos cierta amargura en el destino de los protagonistas, en la línea de las novelas de Hammett o Chandler, y pequeñas pinceladas sobre las fuerzas sobrenaturales que amenazan desde las sombras. La expectación que ha generado esta serie no podría ser mayor, y mientras esperamos pistas acerca de dónde podría desarrollarse la siguiente entrega y de quién podría protagonizarla, podemos disfrutar de un nuevo triunfo de la ficción televisiva con una primera temporada dura, absorbente y rica en matices. No se la pierdan.




jueves, 6 de marzo de 2014

Oscar 2013: Emoción esperada

El mundo del cine de Hollywood se preparó para su noche de gala y el pasado domingo 2 de marzo se celebraron los Premios de la Academia, más conocidos como Oscar, en el Teatro Dolby de Los Ángeles. La competencia entre las películas nominadas este año era mucho más dura que en otras ediciones anteriores, con títulos tan recomendables como 12 años de esclavitud, Gravity, Her, Capitán Phillips o El lobo de Wall Street entre las aspirantes a alzarse con las codiciadas estatuillas. Finalmente, se cumplieron las expectativas de casi todas las quinielas y no hubo demasiadas sorpresas en cuanto a los ganadores, si bien pudimos disfrutar de una ceremonia divertida, amena e incluso inspiradora gracias al buen hacer de Ellen DeGeneres como presentadora.

Una película que une a Sherlock y Magneto no podía quedarse sin premio
Antes de empezar con los premios en sí, comencemos con una breve reflexión. Los premios de cine en general, y en particular los Oscar, tienen tantos detractores como admiradores: habrá quien los considere una pantomima, un mero entretenimiento vacío, quien incluso desprecie a las películas nominadas y reivindique otro tipo de cine alternativo; al igual que también habrá quien disfrute de estos premios con ilusión, de las películas nominadas, y de las estrellas y los modelitos que lucen en la mediática gala. En este aspecto me gustaría destacar el comentario del actor Kevin Spacey cuando le preguntaron por el significado de esta ceremonia poco antes de empezar la gala: Los Oscar son la fiesta y celebración del cine de Hollywood, una ocasión en la que se reúnen quienes se dedican a él profesionalmente para pasar un rato agradable. Ya en mi caso particular, supone además una noche de emoción en la que se festeja el tipo de cine que más suelo disfrutar y que cada año me lleva a descubrir nuevas películas interesantes y diversas.

Volviendo a la gala en sí, el trabajo de Ellen DeGeners como presentadora supuso una notable mejora respecto al irregular e irreverente Seth McFarlane de hace un año, puesto que la gala fluyó con naturalidad y un sentido del humor amable que nos dejó momentos tan divertidos como cuando pidieron pizza para cenar o la ya famosa foto que hizo con su propio móvil que ya ha batido todos los récords de Twitter. A lo largo de la ceremonia pudimos ver desfilar a actores tan diferenciados como Jim Carrey, Jamie Foxx, Harrison Ford, Will Smith, una irreconocible Kim Novak, Whoopie Goldberg, Kevin Spacey, Angelina Jolie e incluso al legendario Sidney Poitier, quien entregó el premio al Mejor Director a Alfonso Cuarón. Precisamente fue su película, la prodigiosa Gravity, la que arrasó en la mayoría de los premios, llevándose los apartados técnicos y el de banda sonora. Su competidora más fuerte fue la excelente 12 años de esclavitud, que logró alzarse con los merecidos premios a Mejor Guión Adaptado y a Mejor Película, reconociendo el trabajo de Brad Pitt como productor y evitando así las injusticias cometidas en ediciones anteriores (todavía me duele que premiaran a El discurso del rey por encima de La red social, habráse visto). Spike Jonze consiguió el merecidísimo premio al Mejor Guión Original por la dulce y triste Her, mientras que la italiana La gran belleza arrebató el de Mejor Película Extranjera a la inquietante La caza. Con el premio que no estuve de acuerdo fue con el de Mejor Canción original, dada la potente canción que presentaba U2 frente a la apuesta de Disney.

Frank Underwood domina la foto desde las sombras
Entre los momentos más emotivos destacó la sección de In Memoriam, en la que se recordó el talento de quienes nos han dejado a lo largo del último año, como Ray Harryhausen, el crítico Roger Ebert (una verdadera inspiración), James Gandolfini o el gran Philip Seymour Hoffman, quien hace apenas un año figuraba entre los nominados. En este aspecto también destacó el pequeño pero sentido homenaje que Bill Murray rindió a su amigo Harold Ramis, autor de la obra maestra llamada Atrapado en el tiempo que nos dejó hace apenas una semana. 

En cuanto a los premios destinados a los intérpretes, una radiante Lupita Nyong'o se impuso a Jennifer Lawrence como Mejor Actriz de Reparto gracias a su desgarrador papel en 12 años de esclavitud, mientras que Cate Blanchett se llevó el de Actriz Principal, si bien Sandra Bullock también se lo merecía gracias a aguantar el peso de Gravity ella sola. Tras volver al mundo del cine después de años entregado a su grupo de música, Jared Leto se alzó como Mejor Actor de Reparto gracias a su retrato de un transexual enfermo de SIDA en Dallas Buyers Club, superando a mi favorito, Michael Fassbender como Edwin Epps. Por último, la categoría de Mejor Actor Principal fue la más reñida que recuerdo en mucho tiempo, pues todos los nominados se merecían la estatuilla gracias a los complejos personajes a los que dieron vida, por no mencionar a los grandes olvidados como Oscar Isaac, Robert Redford, Joaquin Phoenix y Tom Hanks. Finalmente, el recital interpretativo de Matthew McConaughey en Dallas Buyers Club se impuso, recalcando así el renacimiento como actor que está viviendo, y el gran Leonardo DiCaprio se fue una vez más con las manos vacías, esperando que la Academia no tarde demasiado en reconocer al enorme actor ante el que estamos. Seguro que lo logra con alguno de sus próximos trabajos, puede que de nuevo a las órdenes del maestro Martin Scorsese.


A pesar de que el reparto de premios fue bastante justo y cumplió con lo esperado, hubo grandes ignoradas, especialmente Capitán Phillips, El lobo de Wall Street y American Hustle, que partían con cuantiosas nominaciones y no lograron llevarse una sola estatuilla. En este sentido también merece la pena recordar a las películas olvidadas por completo, que apenas consiguieron alguna nominación, como A propósito de Llewyn Davis, Prisioneros, Rush, Cuando todo está perdido o Mud, filmes excelentes en sus respectivos géneros. Con el fin de los Oscar termina una etapa de gran cine en las carteleras, y antes de que continúe el ciclo y desembarquen los blockbusters veraniegos, todavía tendremos tiempo de darles una oportunidad a aquellas nominadas que se nos escaparon en su momento.


miércoles, 26 de febrero de 2014

El lobo de Wall Street: Crónica del éxito


A principios de los 90, el joven Jordan Belfort comienza a trabajar en la bolsa de Wall Street con la intención de labrarse una buena fortuna. Pronto descubre los grandes beneficios que le da la venta de acciones basura, reúne a un grupo de buenos amigos y pone en marcha una estafa millonaria que le llevará a vivir una vida de excesos en la que el placer y la ambición no conocen límites. Puede que ni siquiera el FBI pueda perseguirlo por evasión de impuestos.

El maestro ha vuelto. Martin Scorsese lleva demostrando por qué es uno de los mejores directores de la historia del cine durante la totalidad de su carrera. Ha probado una gran variedad de registros, y de todos ellos ha salido airoso al narrar historias con personalidad y arriesgando formalmente. En su filmografía encontramos películas deportivas (Toro salvaje), thrillers criminales (El cabo del miedo), romances de época (La edad de la inocencia), dramas históricos (El aviador) y hasta comedias disparatas (¡Jo, qué noche!) y amargas (El rey de la comedia). Tras adentrarse en el terreno del thriller psicológico con la excelente Shutter Island y en el de las aventuras juveniles mientras rendía un homenaje al cine con Hugo, Scorsese ha regresado para tratar un tema de máxima actualidad bajo una mirada crítica, cínica y divertida al mismo tiempo que retoma temas tratados en algunas de sus obras magnas, como Casino.


El lobo de Wall Street parte del guión elaborado por Terence Winter, con quien Scorsese colaboró en el desarrollo de la serie Boardwalk Empire, y que a su vez está basado en las memorias del protagonista, estafador profesional en la vida real. El lobo de Wall Street supone una crítica demoledora al sistema culpable de la desastrosa crisis económica de 2008, cuyas secuelas todavía sufrimos, pero, en vez de situar la acción en fatídico año como ya hiciera la estupenda Margin Call, vuelve la vista atrás unos 20 años, al Wall Street de American Psycho. Allí conoceremos a un grupo de personajes ambiciosos, quienes amasarán desorbitadas fortunas a base de engañar a sus clientes y de especular con su dinero. Gracias a las inmensas ganancias que obtienen, Belfort y su tropa llevan una vida de lujos, superficialidad y desenfreno, su ambición no conoce límites, la búsqueda del placer domina sus vidas, con el sexo y las drogas de diseño como estandartes.


Narrada en tono de comedia ácida y crítica, durante las tres horas que dura El lobo de Wall Street presenciaremos varios episodios de la vida de Belfort que abarcan desde sus tácticas de engaño a las diferentes etapas que atraviesa su relación con su mujer, pasando por las celebraciones que tienen lugar en su oficina, los viajes de placer, los hilarantes pero patéticos estragos que causan las drogas en su vida, los métodos que usa para evadir impuestos y sus encontronazos con el FBI. A pesar de su duración, la película consigue entretener y divertir en todo momento, cuenta con un ritmo endiablado, y en este sentido supone un festín de recursos narrativos que incluyen secuencias planificadas con brillantez, voces en off y hasta rupturas de la cuarta pared. Scorsese no se permite concesiones y opta por un tono visceral, por lo que predominan el lenguaje soez y las escenas de sexo explícito que contribuyen a contrastar el tono cómico con la aguda crítica al "éxito" y los excesos de los que disfrutan estos personajes, quienes, por desgracia, me temo que no distan demasiado de los estafadores reales. Puede que estos rasgos asusten a algunos espectadores y les desanimen a la hora de disfrutar de esta gran película, sin embargo, quiero resaltar que no estamos ante una película superficial, sino que cuenta con un trasfondo rico y descreído que no cuesta demasiado ver reflejado en nuestra triste realidad. En este aspecto, me fascinó el contraste entre los personajes de Belfort y de su antagonista, el agente del FBI que le persigue, así como la escena de la conversación que mantienen en el yate del primero. Al final de la película podemos comprobar cómo nuestra sociedad, en la que el éxito económico prima sobre todo lo demás, ensalza a Belfort como a un héroe y acude a sus charlas para aprender sus trucos sin importar las personas a las que robó; mientras que el agente de la ley que consiguió atraparte, lejos de ser recibido como Eliot Ness cuando capturó a Al Capone, se ve condenado al anonimato y debe volver a casa en un mundano vagón de metro.


Semejante proeza cinematográfica no podría haberse logrado sin un equipo entregado, y es aquí cuando llega el momento de alabar al reparto. A lo largo de las tres horas que dura esta corrosiva epopeya americana, veremos desfilar por la pantalla a un grupo de personajes extravagantes unidos por la ambición, interpretados por actores que van desde el veterano director Rob Reiner (Cuenta conmigo) a Jean Dujdardin (The Artist), quien parece que por fin encuentra su lugar en Hollywood. En este apartado destaca también el trabajo del siempre adecuado Kyle Chandler (Super 8), de Jon Bernthal (The Walking Dead), del también director Jon Favreau (Iron Man) y la breve pero antológica aparición de Matthew McConaughey, quien está inmenso. Llegamos al trío protagonista, donde Jonah Hill sorprende como la trasnochada mano derecha de Belfort, demostrando que su papel en Moneyball no fue un golpe de suerte y que de verdad tiene talento para la comedia y el drama. Por otra parte, uno de los descubrimientos de la película es la joven Margot Robbie, quien se da a conocer al gran público con un papel femenino fuerte y arriesgado. Por último, sería impensable hablar de El lobo del Wall Street sin dedicarle unas alabanzas a Leonardo DiCaprio, ya nadie puede dudar que estemos ante uno de los mejores actores de su generación. Desde que al trabajar con Martin Scorsese y Steven Spielberg hace una década diera un nuevo rumbo a su carrera, este señor no ha cesado de deslumbrarnos y de aportar intensidad y credibilidad a los personajes que interpreta, ya sean policías infiltrados, mercenarios, agentes secretos, padres de familia, ladrones de sueños o terratenientes sureños. En El lodo de Wall Street se come la pantalla, DiCaprio se transforma en Belfort y apenas abandona a los espectadores en su particular ascenso a las cimas del éxito, le veremos reír, drogarse, mentir, estafar y también sufrir. En definitiva, estamos ante un inmenso actor, y su amistad y colaboración con Scorsese cada vez saca lo mejor de su talento interpretativo.


La demoledora El lobo de Wall Street supone una crítica rabiosa, enfurecida y contundente al mundo de los corredores de bolsa, sus excentricidades, crímenes y ambición sin límites. Nada que reprocharle a esta nueva obra magna del maestro Scorsese, tan sólo que se me terminó asemejando bastante a la también magistral Casino, tanto en forma como en contenido; pero, al fin y al cabo, ¿qué son los brokers sino mafiosos y especuladores codiciosos? No se la pierdan, no les dejará indiferentes.