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miércoles, 19 de diciembre de 2012

Skyfall: 50 años de Bond



El MI 6 está en peligro. Un terrorista internacional conocido como Raoul Silva ha atacado su sede y ha puesto en jaque a M, ahora en el punto de mira de las autoridades británicas, en pleno debate acerca de la seguridad del país frente a este tipo de amenazas. Su única esperanza reside en James Bond, su agente de campo predilecto, quien precisamente no se encuentra en su mejor momento y se cuestiona su papel como espía y máquina de matar. Vuelven los fantasmas del pasado en una carrera contrarreloj que decidirá el futuro de 007 y de todo el MI 6.

Desde que el actor Daniel Craig heredó en 2006 el papel de James Bond, el espía británico creado por el novelista Ian Fleming, tenía ciertas dudas acerca del futuro del personaje en el panorama cinematográfico actual. El estreno de Casino Royale supuso un lavado de cara para la franquicia, pues se huía de la acción rocambolesca de las películas de Pierce Brosnan para presentarnos a un Bond primerizo, que acababa de ganarse el estatus de agente 00 y protagonizaba duras secuencias de acción. El alargado tramo final y ciertos parecidos con la saga de Jason Bourne hicieron que la película no terminara de convencerme, lo cual tampoco pasó con su secuela, Quantum of Solace, demasiado ruidosa y poco respetuosa con el personaje. Por ello, dudaba si el personaje lograría adaptarse a los cambios que el siglo XXI ha traído consigo y si volvería a las pantallas para conmemorar los cincuenta años desde que Sean Connery se metiera en su piel en Dr. No y se convirtiera en todo un icono cultural. Por suerte, Skyfall, la película número 23 de Bond, ha superado las expectativas con creces.


En Skyfall asistimos a una revisión y actualización del personaje de James Bond. Ya no se enfrenta a amenazas concretas y países enemigos, sino a terroristas sin escrúpulos que cuentan con grandes medios tecnológicos para lanzar ataques desde las sombras. En esta situación, incluso la patria de Bond es atacada, su condición de espía es cuestionada y debe volver a sus orígenes si quiere encontrar respuestas, buceando en los métodos de la vieja escuela para combatir a los nuevos. Todo esto y mucho más se desarrolla en el guión escrito por Robert Wade, Neal Purvis (presentes en la saga desde el reinicio de Casino Royale) y John Logan (Rango), quienes han conseguido profundizar en el personaje a la vez que combinan los elementos clásicos de la franquicia con sobrecogedoras escenas de acción y una elaborada trama de alto espionaje. 


El encargado de dirigir el regreso del agente al servicio de su Majestad a la gran pantalla ha sido Sam Mendes, reputado director teatral que se ha labrado una consistente carrera cinematográfica que comprende películas tan interesantes como Camino a la Perdición o Revolutionary Road. En un principio, la elección de Mendes parecía un tanto arriesgada, pero en Skyfall ha demostrado una habilidad asombrosa para combinar  el drama con la introspección de los personajes; secuencias de acción sobrias, rodadas con mucho pulso y sin efectismos; diálogos ingeniosos y hasta acertados puntos de humor. Gracias a su trabajo, las más de dos horas y media de metraje resultan muy equilibradas y no se hacen largas y mezclan una fabulosa puesta en escena (con sus correspondientes escenarios exóticos) con la emoción de los homenajes a los elementos clásicos de Bond que respetan su esencia. Si a esto le sumamos la soberbia fotografía de Roger Deakins (Valor de ley) y la trepidante banda sonora de Thomas Newman (colaborador habitual de Mendes) que recupera la mítica sintonía, no cabe duda de que estamos ante una de las películas de 2012.



En sus anteriores trabajos, Mendes ha demostrado ser un gran director de actores, y en este aspecto Skyfall no es ninguna excepción. Daniel Craig cumple con el estereotipo del Bond mujeriego, arrogante y dado a la bebida, sólo que le añade cierta vulnerabilidad que le hace más cercano. Judi Dench interpreta con maestría a una M cansada de las responsabilidades que le exige su puesto y que muestra mucha complicidad con Bond. Ben Winshaw da nueva vida al responsable de la sección Q (memorable cómo interactúa con 007 en la secuencia de Londres), mientras que Javier Bardem despliega su talento para interpretar villanos con su construcción de Silva, terrorista despiadado y excéntrico de oscuro pasado que sigue la línea del Joker de El caballero oscuro. También merecen especial atención las intervenciones de Naomie Harris y Ralph Fiennes, con dos papeles que guardan ciertas sorpresas, y por supuesto la participación del legendario Albert Finney (quien curiosamente también tuvo un rol de cierta importancia en la saga Bourne).



Además, para sorpresa de muchos Skyfall se ha convertido en uno de los grandes éxitos de taquilla de 2012, amasando una gran fortuna en el poco tiempo que lleva estrenada. Gracias a Sam Mendes y su equipo, la franquicia del espía más famoso del mundo ha sido revitalizada para enfrentarse a las amenazas del siglo XXI sin olvidar sus orígenes. Skyfall se alza como un triunfo cinematográfico, la perfecta mezcla entre acción, desarrollo de personajes, buenas interpretaciones, una trama con trasfondo y el homenaje que se merecía todo un icono cultural como es James Bond.

lunes, 30 de marzo de 2009

Camino a la Perdición: Venganza en el Medio Oeste de los años 30

Cuando hablamos del conjunto formado por la novela gráfica y la película de Camino a la Perdición (cuyo título original, Road to Perdition, guarda un importante juego de palabras en el desarrollo de la historia) nos encontramos ante uno de los excepcionales casos en que una adaptación cinematográfica supera a la obra original en que se basa.

Los autores responsables del cómic (más bien novela gráfica en este caso), el guionista Max Allan Collins y el dibujante Richard Piers Rayner, desarrollan una historia intensa y ágil sobre la venganza, el honor y la familia al contarnos cómo se estrecha la relación entre Mike O'Sullivan, asesino a sueldo de la mafia, y su hijo en los meses en que deciden tomar represalias contra todos aquellos antiguos aliados que les han traicionado. Así, Max Allan Collins realiza un sólido trabajo profundizando en la relación entre padre e hijo protagonistas retratada por este último años después de los sucesos, consiguiendo que a pesar de su longitud su lectura resulte cuanto menos amena y agradable.

En cuanto al dibujo, Richard Piers Rayner asombra a los lectores con su recreación del Medio Oeste americano de los años 30, consiguiendo sumergirnos en una oscura atmósfera plagada de mafiosos, juego ilegal y contrabando de alcohol por la Ley Seca gracias a su estupendo dominio de las tintas. Tal vez lo único que se le pueda reprochar es que ciertos personajes, como Mike Jr., no parecen estar muy bien definidos y de una viñeta a otra cambian de tamaño y rasgos faciales por completo.

Mención especial merece la labor de los autores al mezclar ficción con realidad e introducir numerosos personajes históricos como Frank Nitti, Al Capone o Eliot Ness, quienes no aparecían en la adaptación a cargo de Sam Mendes. Hablando de la película, se trata de una de las pocas ocasiones en que se ha conseguido superar el nivel de calidad de la obra original, ya que el filme de Mendes es al mismo tiempo fiel a la historia y consigue desarrollar a los personajes de forma más profunda que en el cómic, por no mencionar muchísimas otras virtudes como las increíbles interpretaciones por parte de los actores, su asombrosa banda sonora o la cuidada ambientación.

Para completar la lectura de Camino a la Perdición recomiendo, además del visionado de la citada adaptación, otras películas como por ejemplo Los Intocables de Eliot Ness; y de paso aprovecho la ocasión para añadir el tráiler de Public Enemies, próxima película de Michael Mann ambientada en esta época que cuenta las andanzas del forajido John Dillinger y de los hombres que intentaron atraparlo. Esperemos que es esté a la altura de las expectativas, porque tiene todos los ingredientes para conseguirlo.