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sábado, 29 de marzo de 2014

De hobbits y monumentos

Como hiciéramos a finales de 2013 con Sólo Dios perdona y El mayordomo, volvemos con una pequeña sección dedicada a películas que generaron expectativas altas y al final nos decepcionaron, dejándonos filmes mediocres que defraudan más que entusiasman. Hoy tenemos El Hobbit: la desolación de Smaug, y The Monuments Men, dos películas que me ha costado reseñar por la sensación de indiferencia que me produjeron y las esperanzas que tenía depositadas en ellas.


El Hobbit es una de mis novelas preferidas, un canto a la aventura pura, pero el hecho de que Peter Jackson decidiera dedicarle una trilogía entera no me hizo ninguna gracia. Sin duda, él era el elegido para volver a la Tierra Media, como demuestra la trilogía de El Señor de los Anillos, para mí insuperable. La primera parte de El Hobbit fue bien recibida en su momento, capturaba el espíritu de aventura sencilla y fantástica de la novela, si bien terminaba haciéndose algo larga y por supuesto no llegaba a la altura de la trilogía magna. En su momento, la incluí en mi lista de mejores películas de 2012, pero tengo que reconocer que después de posteriores visionados, El Hobbit: Un viaje inesperado no aguanta demasiado bien y termina haciéndose pesada, mientras que cada una de las películas de ESDLA despierta más fascinación y reverencia en mí cada vez que las vuelvo a ver.


Con esto llegamos al estreno de la secuela, El Hobbit: La desolación de Smaug. Debido a las recomendaciones de varios amigos de confianza, mis ganas de verla disminuyeron y casi la dejé pasar en el cine, si bien al final me atreví a verla en la gran pantalla. El principio de la película me entusiasmó bastante, se toma ciertas licencias pero es fiel al espíritu de la novela y tenemos pasajes insignes como la casa de Beorn, las arañas del Bosque Negro y la huida en barriles filmadas con la maestría de Jackson, derrochando una ambientación de lujo y espíritu aventurero. Ahora bien, los minutos avanzan, la trama se vuelve farragosa sin necesidad, aparecen personajes nuevos metidos a presión como los gobernantes de la Ciudad del Lago, la elfa de Perdidos, o toda la tropa de orcos que persigue a los enanos. El ritmo disminuye y la película ya no funciona ni como adaptación, ni como filme de aventuras. Da la sensación de estar viendo una historia henchida que intenta emular la trascendencia de la saga madre, cuando es todo lo contrario. Llegamos a la aparición de Smaug, a quien Benedict Cumberbatch dota de vida propia al donarle su vozarrón, y la película remonta el vuelo a lomos del dragón, si bien la historia de nuevo decae entre tanta persecución alargada, con la absurda estratagema del oro fundido mediante, y todo termina con un continuará gigantesco. Miedo me da lo que pueda suceder en la tercera parte y si, una vez terminada la trilogía, el destino de El Hobbit será similar al de las precuelas del amigo George Lucas. Un abucheo aparte se merece Howard Shore, quien entrega una banda sonora funcional y anodina en la que ni siquiera aparece el tema de la parte anterior, de lejos su trabajo menos inspirado hasta la fecha, parece mentira que hace nada compusiera la música de Hugo.


Dejando la Tierra Media descansar hasta nuevo aviso, nos centramos ahora en uno de los galanes de Hollywood. George Clooney moldeó su carrera como actor y cineasta con sumo cuidado con la llegada del nuevo milenio, eligiendo con acierto sus papeles en los últimos años y protagonizando películas tan recomendables como Up in the Air o Los descendientes. Como cineasta, se estrenó con la irregular, bizarra e incluso fallida comedia de espías Confesiones de una mente peligrosa, para después dar una lección de cine clásico en Buenas noches y buena suerte. Su siguiente incursión en la comedia sería también un señor descalabro, pues el humor insulso de Leatherheads (Ella es el partido) apenas despertó una carcajada en los espectadores. Por suerte, Clooney regresó al terreno del thriller político con la contundente Los idus de marzo, de herencia shakespeariana y con un reparto de alto nivel. Mientras tanto, Clooney ejerció de productor en el debut de su amigo Grant Heslov con la alocada y recomendable Los hombres que miraban fijamente a las cabras, y de paso se llevó un Oscar por apoyar a Ben Affleck y su excelsa Argo.


Con semejantes credenciales, esperaba con ganas el regreso de Clooney tras las cámaras, más todavía cuando se trataba de The Monuments Men, que narra la historia real de un comando del bando de los aliados que se dedicaba a recuperar obras de arte robadas por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, historia que ya parodiaron Los Simpson con el mítico capítulo dedicado a "Los peces voladores". Las sospechas acerca del nuevo trabajo de Clooney comenzaron a crecer cuando su fecha de estreno se vio retrasada hasta febrero de 2014, de modo que sus responsables ni siquiera se planteaban hacerla competir en la temporada de los Oscar. Ahora bien, acudí al cine a ver The Monuments Men con entusiasmo, y me encontré ante una aventura bélica que por momentos emulaba películas tipo La gran evasión y por otros buscaba encontrar su lugar dentro de la comedia, mientras nos lanza constantemente la pregunta de si merece la pena arriesgar vidas humanas para salvar nuestro patrimonio cultural. El resultado termina siendo bastante desequilibrado, la mezcla no funciona y no se decanta por ninguno de los dos géneros en concreto y, no contentos con esto, la película incluso juguetea con el drama que expone los horrores de la guerra en la línea de Salvar al soldado Ryan, como prueban la escena de la iglesia o la dedicada al barril repleto de implantes dentales. Una verdadera lástima, dada la fructífera asociación de Clooney y Heslov, la premisa y los hechos históricos de los que partía, y sobre todo el reparto, capitaneado por el propio Clooney y que incluye a pesos pesados que apenas tienen oportunidad de lucirse, como Matt Damon, Cate Blanchett, los grandes Bill Murray y John Goodman o Bob Balaban (Moonrise Kingdom), además de que les da una oportunidad de hacerse un hueco en el cine Hollywoodiense a Jean Dujardin (visto recientemente en El lobo de Wall Street) y al televisivo Hugh Boneville (Downton Abbey). Tras este descalabro, espero que Clooney vuelva pronto al terreno donde ha demostrado sobrada maestría, el del thriller político.

Y a vosotros, ¿qué os parecieron estas películas? ¿Cuáles os han decepcionado últimamente?

*Para terminar, os dejo con la entrada que dediqué a las virtudes de Capitán Phillips en el resucitado blog del amigo Oneyros.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Gravity: En el espacio, nadie puede oírte gritar

Durante una misión de mantenimiento, la doctora Ryan y el astronauta Matt Kowalski presencian un terrible accidente que les deja a la deriva en el espacio, sobre la órbita de la Tierra. Contra todo pronóstico, los dos astronautas harán todo lo que está en su mano y más para buscar un modo de llegar a la Estación Espacial Internacional y regresar a la Tierra.


Gravity es la esperada nueva película del director Alfonso Cuarón, la cual llevaba años en desarrollo y de la que se conocía que contaría con un reparto mínimo y con efectos especiales revolucionarios. Cuarón pertenece a la generación de directores mexicanos, junto a Guillermo Del Toro y Alejandro González Iñárritu, que saltaron al mercado del cine estadounidense a mediados de los 90 y desde entonces han filmado películas en las que queda patente su sello particular. En el caso de Cuarón, ha explorado distintos géneros, manteniendo siempre un ligero tono oscuro y la presencia de personajes que buscan conectar con otros tras haber sufrido algún duro trauma en el pasado. En su filmografía destacan la tercera parte de Harry Potter, que rompió con el tono familiar de las dos anteriores entregas, la versión contemporánea de Grandes esperanzas de Dickens, y mis dos favoritas: La Princesita, un durísimo cuento narrado de forma preciosa, e Hijos de los hombres, distopía futurista que cuenta con secuencias que nos dejan sin aliento.


El estreno de Gravity se ha hecho esperar, pero sin duda supone un nuevo éxito en la carrera de Cuarón. Escrita en colaboración con su hijo Jonás, Gravity cuenta una historia aparentemente sencilla que huye del despliegue de pirotecnia y de seres fantásticos de la ciencia ficción para mostrarnos a dos astronautas atrapados en el vacío del espacio, a escasa distancia de la órbita de la Tierra. Con esta premisa se desarrolla una historia de supervivencia extrema, en la línea de grandes películas como Náufrago, Buried o la genial 127 Horas, en la que los protagonistas se ven atrapados en un medio inhóspito y deben enfrentarse a sus propios miedos y dificultades con el fin de sobrevivir. Semejante situación propicia el desarrollo de los personajes a través de pequeñas pinceladas que nos dejan entrever el carácter socarrón de Kowalsky y la pérdida reciente que marcó a la doctora Ryan.

Además de la brillante sencillez de la historia, Gravity sorprende por la forma en que está narrada. Cuarón aprovecha efectos digitales punteros, el vacío del entorno espacial y el 3D para ofrecer imágenes de gran belleza en las que contrasta el brillo de la Tierra con la profunda oscuridad del espacio, resaltando la angustia de los protagonistas. De este modo, tiene ocasión de filmar planos secuencias que nos dejarán clavados a la butaca con la boca abierta, como la secuencia de apertura, y tampoco podemos olvidarnos del ingenioso juego de sonidos con el que cuenta Gravity: en lugar de atronar al espectador, la película nos sumerge en el silencio sepulcral del espacio y nos acerca a los personajes, de modo que sólo escuchamos sus voces a través de las radios de sus escafandras. En este aspecto también hay que destacar la banda sonora de Steven Price, joven compositor que ha trabajado a las órdenes de Howard Shore y de Hans Zimmer que ahora tiene la ocasión de lucirse con una partitura angustiosa.


En cuanto al reducido reparto, sólo se puede alabar el trabajo de George Clooney, tan comedido como en sus papeles más recientes, y sobre todo el papel de Sandra Bullock. Sorprende que una actriz normalmente asociada a comedias estúpidas de vez en cuando nos brinde interpretaciones de gran carga dramática como su trabajo en Crash o la que hoy nos ocupa.


Gracias a la sencillez y humanidad de su angustiosa historia, a la rompedora puesta en escena y al trabajo de los actores, Gravity se alza como un nuevo triunfo de la ciencia ficción (si bien es difícil enmarcarla en este género) y como una de las películas más interesantes del año.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Mike Lee's selection for 2012

2012 está a punto de terminar y, como es tradición en este blog, antes de inaugurar el año nuevo daremos un repaso al panorama cinematográfico, haciendo balance de lo que hemos visto y las sensaciones que nos ha transmitido.


Este año ha sido muy variado puesto que hemos encontrado películas de todo tipo y casi siempre había algún título en cartelera que mereciese la pena. Hemos tenido estrenos tan diferentes que comprenden desde el comienzo de exitosas sagas taquilleras (Los juegos del hambre) a tragedias intimistas independientes (la demoledora Shame), pasando por el regreso de personajes muy queridos (The Muppets), comedias agradables y con trasfondo (Intocable, Si de verdad quieres), homenajes al cine (Hugo), sorpresas terroríficas (The Cabin in the Woods), propuestas decepcionantes (The Amazing Spider-man, The Dark Knight Rises, Prometheus), timos monumentales (Luces rojas, Lo imposible), desafíos al espectador (The Master) y el regreso a la interpretación de toda una leyenda como es Clint Eastwood (Golpe de efecto). 

De entre todas ellas, me gustaría destacar 12 películas, una por mes, que por diversos motivos me han parecido muy destacables y altamente recomendables, merecedoras del precio de una entrada de cine en los convulsos tiempos que corren. Vamos con la selección:



*Moneyball: Drama con el mundo del béisbol profesional como telón de fondo en el que un hombre sin rumbo se recuperará de errores pasados. Cuenta con grandes interpretaciones y un guión de dos titanes, Aaron Sorkin y Steven Zaillian.

*Los idus de marzo:  George Clooney dirige con garra este thriller político de tintes shakespearianos que desgrana las luchas por el poder y la corrupción de los implicados en la campaña por las elecciones primarias en Estados Unidos, además de que cuenta con un reparto de verdadero lujo.

*Los Vengadores: Joss Whedon triunfa en una misión imposible y traslada el espíritu de los héroes más poderosos de los cómics Marvel a la gran pantalla en una película capaz de juntar espectacularidad con humor y mucho respeto a los personajes.

*Moonrise Kingdom: El director Wes Anderson lleva su estilo personal un paso más allá a la vez que recupera la mirada de un niño y despliega los temas que pueblan su universo personal.

*Mátalos suavemente: La crisis económica también ha afectado al mundo del hampa, donde los viejos valores y el glamour se perdieron hace mucho. Filmada con una elegancia insólita, contiene interesantes reflexiones de máxima actualidad.

*Frankenweenie: Cuando todo atisbo de personalidad parecía perdido, Tim Burton estrena esta conmovedora película de animación stop-motion que rinde homenaje a los clásicos del terror y a los temas recurrentes en su filmografía.

*Looper: Nueva vuelta de tuerca a los viajes en el tiempo y la ciencia ficción futurista en una historia de fuerte influencia western con interesantes giros. Poblada de personajes ambiguos, el reparto no lo hace nada mal.

*Argo: Ben Affleck se confirma como un director de mucho talento con este thriller de espionaje en la era pre-Bourne, cuando un agente de la C.I.A. debe ingeniárselas para rescatar a seis rehenes de Irán. Mucha emoción, ritmo, buena ambientación y una contundente carga crítica componen una película redonda.

*Skyfall: James Bond celebra sus 50 años renovándose para el siglo XXI en una película de acción filmada con mucho pulso y estilo que vuelve a las raíces del personaje para recuperar elementos clásicos.

*¡Rompe Ralph!: Curioso homenaje al mundo de los videojuegos en una película con mucha magia, nuevos mundos y protagonistas en busca de su lugar en el mundo.

*El Hobbit: Un viaje inesperado: Aunque no iguale la majestuosidad de la trilogía original, es bastante fiel a la novela y nos lleva de vuelta a la Tierra Media en un viaje muy entretenido.

*Silver Linings Playbook: Perfecta mezcla de comedia y drama familiar y personal en una película que cuenta con personajes muy humanos y un reparto formidable, desde la electrizante pareja que forman Bradley Cooper y Jennifer Lawrence a un Robert De Niro que vuelve a dar lo mejor de sí mismo.


Actor del año: Brad Pitt, por la madurez mostrada en trabajos como Moneyball y Mátalos suavemente, en los que llena la pantalla con personajes complejos.

Actriz del año: Amy Adams, capaz de cambiar a registros tan diferentes como los que exigían The Muppets, Golpe de efecto y The Master, y de salir airosa de todos sus trabajos.

Director del año: Ben Affleck, que en Argo realiza todo un ejercicio de estilo clásico, sin efectismos baratos, y homenajea toda una época.

Y vosotros, ¿con qué películas os quedáis? ¿Cuál sería vuestra selección?

¡Feliz 2013!

martes, 20 de noviembre de 2012

Argo: Misión encubierta


En 1979, los defensores de la revolución iraní irrumpen en la embajada estadounidense en Teherán, tomando como rehenes a quienes allí encuentran. Sólo seis empleados de la embajada consiguen escapar y refugiarse en casa del embajador canadiense. Intentando evitar una inminente crisis internacional, la CIA organiza una peligrosa misión de extracción de la que se encargará el agente especial Tony Méndez, quien necesitará algún truco hollywoodiense para que semejante misión sea posible.

La carrera de Ben Affleck cambió para siempre cuando se hizo con el Oscar al Mejor Guión Original por el trabajo realizado en El indomable Will Hunting junto a su amigo Matt Damon. Desde ese momento, Affleck trabajó como actor en un buen número de películas, normalmente de calidad mediocre (véase Daredevil). Sus cualidades interpretativas fueron duramente criticadas y, justo cuando parecía encasillado definitivamente, sorprendió con actuaciones comedidas en películas interesantes como La sombra del poder y, lo que es más importante, debutó en la dirección con dos de mis películas favoritas de la década pasada: Adiós pequeña, adiós, potente thriller negrocriminal con ecos del desarraigo social actual; y The Town, drama criminal ambientado también en Boston. Ambas contaban con repartos excepcionales y personajes que representaban un universo moral ambiguo, además de un pulso incuestionable tras la cámara que destilaba ciertas reminiscencias del cine clásico. En 2012, Affleck vuelve con su consagración definitiva como director: Argo.


Nada más comenzar, Argo nos traslada al pasado reciente y nos informa acerca del complejo contexto político de Irán a través de unos elaborados storyboards para acto seguido dar paso a una sensacional secuencia de apertura que da pie a una enrevesada e interesante trama. Basado en los artículos que recogen en caso real, el guión escrito por Chris Terrio para Argo recurre a las convenciones del cine de espionaje de la década de los 70 y 80 (la era pre-Bourne y efectos especiales a la que ya recurrió Steven Spielberg en Munich) para sumergirnos de lleno en una misión casi imposible que nos emocionará y sorprenderá hasta el último minuto. Además, la trama de Argo se enriquece gracias a los elaborados toques de humor, en especial los que critican duramente a la industria cinematográfica de Hollywood; el retrato humano que ofrece de los personajes (no hay lugar para los grandes héroes) y el reflejo que ofrece del fundamentalismo islámico predominante en la revolución iraní, con el que, por desgracia, se pueden extraer muchos paralelismos respecto a los sucesos de nuestros días.


La labor de Ben Affleck tras la cámara es magnífica, maneja a la perfección el ritmo, equilibra las partes dramáticas de la trama con el humor y los homenajes al cine de ciencia ficción (guiños a Star Wars incluidos), da a cada personaje su espacio para que desarrolle sus matices y formalmente huye de efectismos para emplear trucos clásicos que funcionan como un mecanismo de relojería. Tanto la fotografía de Rodriego Prieto (Brokeback Mountain) como el montaje de William Goldenberg (Heat), la ambientación y especialmente la adecuada la banda sonora de Alexandre Desplat (Moonrise Kingdom) contribuyen a elevar la calidad de Argo, que, como curiosidad, inicialmente iba a ser escrita y dirigida por George Clooney y Grant Heslov, productores del filme.

Affleck ha demostrado ser un gran director de actores, y el caso de Argo no es ninguna excepción. El reparto se compone de grandes secundarios como Bryan Cranston (Contagio), un divertidísimo Alan Arkin (Pequeña Miss Sunshine) y un carismático John Goodman (recuperado tras su paso por The Artist). Les acompañan en papeles menores Victor Garber (Alias), Scoot McNairy (Mátalos suavemente), Clea DuVall (The Faculty), Titus Welliver (The Town) y Kyle Chandler (Super 8). Mientras tanto, Affleck se reserva el papel protagonista y hace un trabajo correcto, dando cierto trasfondo a su personaje.


Cine de calidad capaz de atrapar, emocionar y divertir durante dos horas, Argo es uno de los títulos más destacables de 2012, una gran película que supone la consolidación de Ben Affleck como director, uniéndose al grupo de actores que demostraron su valía tras la cámara como Geoge Clooney, Robert Redford y el legendario Clint Eastwood.

martes, 16 de marzo de 2010

Los hombres que miraban fijamente a las cabras

En busca de acción y una escapatoria de su cada vez más desastrosa vida personal, el periodista local Bob Wilton viaja hasta Irak, donde se encontrará cara a cara con la guerra y el enigmático Lyn Cassady, ex-militar que participó en una división del ejército de Estados Unidos encargada de potenciar las habilidades parapsicológicas de sus miembros para usos bélicos. Poco a poco, Bob descubrirá los secretos de Lyn, su importancia en el presente y de paso aprenderá una valiosa lección.

Por fin se ha estrenado la esperada Los hombres que miraban fijamente a las cabras, primer trabajo como director de Grant Heslov, amigo, productor y guionista junto a George Clooney de películas como Buenas Noches y Buena Suerte o Ella es el partido y que cuenta con él como uno de los personajes principales. En esta ocasión, nos traen una comedia absurda que hará reír a carcajadas a los aficionados a dicho humor, pero que puede resultar algo tediosa para los que no estén familiarizados con él o bien directamente no les agrade. Así, Los hombres que miraban fijamente a las cabras se sitúa en la línea de trabajos de los hermanos Coen como la reciente Quemar después de leer o Crueldad intolerable (ambas con Clooney entre el reparto) o de series como la comentada por este blog Bored to Death; historias que resaltan el patetismo de sus protagonistas situándolos en ambientes que ponen de manifiesto el sinsentido presente en el mundo real.



Resulta una película de realización vistosa para ser la primera vez que Heslov toma el mando, desenvolviéndose con solvencia en la complicada fragmentación de la trama principal, interrumpida en varias ocasiones por flashbacks que nos revelan los orígenes de la subdivisión del ejército dedicada a la parapsicología (hecho verídico, por increíble que parezca, tal y como demuestra en su libro homónimo el escritor Jon Ronston).

Sin embargo, el mayor atractivo del filme es su reparto, compuesto por verdaderos actorazos pasándoselo en grande. Así, nos encontramos con George Clooney en un papel cómico del tipo que tan bien le sienta, similar a sus colaboraciones con los Coen; Ewan McGregor se maneja con soltura en el terreno del humor, Jeff Bridges se atreve a retomar al carismático Gran Lebowski para componer el personaje que aquí interpreta mientras que las breves apariciones de Kevin Spacey y Stephen Lang contribuyen de forma esencial a las situaciones absurdas.

Gracias a este tipo de humor la película es realmente crítica con la realidad que presenta (un tema tan peliagudo como puede ser el de ciertas guerras que continúan hoy en día) y bajo este enfoque saca a la luz aspectos complicados de tratar bajo otros ángulos. Por si esto fuera poco, el epílogo del filme es todo un canto a la esperanza, y hay que resaltar el papel que juega la mítica canción de Boston More than a feeling a lo largo de toda la trama y especialmente en su mencionado final.



Un tipo de comedia que no gustará a algunos, dejará indiferentes a otros y hará las delicias de los fans del humor absurdo, pero aún así es innegable el magnetismo de su reparto y la mordacidad con que ataca temas de máxima actualidad.

jueves, 31 de enero de 2008

O Brother!

Aquí está el vídeo de la canción "Man of constant sorrow" de la película O Brother! de los hermanos Coen, su particular versión de la Odisea en la que tres presos de Mississippi corren grandes y pintorescas aventuras mientras buscan el tesoro que uno de ellos, Ulises (interpretado por George Clooney), dice haber escondido.




En la entrada del martes se puede ver el vídeo de la película "El Gran Lebowski", también de los hermanos Coen.