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martes, 5 de febrero de 2013

La promoción de las películas, de Néstor Company

Continuamos con la celebración del aniversario del blog, y hoy tenemos de invitado a Néstor Company, uno de los blogueros que más admiro. Néstor es el atuor de El Cine de Hollywood, bitácora en la que escribe desde 2006 acerca de las últimas novedades cinematográficas. No sólo eso, sino que además consigue sumergirnos de lleno en los entresijos de la industria cinematográfica, dando lugar a interesantes debates entre los comentaristas, y además ha viajado en varias ocasiones a la Meca del cine, por lo que no debñeis perderos sus artículos dedicados a la fascinante historia de Hollywood. En el artículo de hoy no habla de un fenómeno bastante preocupante para los espectadores y que puede llevarnos a perder el factor sorpresa en la sala de cine. ¡Que lo disfrutéis!


La promoción de las películas, en la era de las redes sociales, ha cambiado totalmente los esquemas tradicionales. El tráiler del film sigue siendo una parte importante de la promoción pero ha perdido exclusividad. Actualmente, los grandes blockbusters tienen que venderse también a través de las diferentes redes sociales con una campaña de informaciones diseminadas en los meses previos e incluso mediante  juegos que la audiencia de internet debe descifrar y que permiten el acceso a contenidos exclusivos y a novedades de última hora acerca de la película en cuestión. El marketing viral es ahora un elemento clave en la promoción de las grandes películas puesto que permite fidelizar a un importante sector del público muchos meses antes del estreno. Esto generará una grandísima afluencia los primeros fines de semana, con salas repletas de espectadores ávidos por presenciar algo que han seguido casi desde su gestación.

La industria cinematográfica está sacando partido de esta tendencia de marketing y es más que evidente que una buena parte de la recaudación en taquilla se ha labrado en los sites de internet a lo largo de los meses e incluso años previos.

Pero esta tendencia inevitablemente favorable puede, en ocasiones, atentar contra el secretismo que siempre debe reinar en un rodaje para que los detalles más relevantes de su argumento no salgan a la luz antes de tiempo. En este sentido, es muy factible actualmente ver fotos del rodaje de una película desde el día 1. Y eso, en muchas ocasiones, puede romper  la “inocencia” con la que el espectador debe llegar a la sala de proyección.  Casi podríamos decir que, en ocasiones, estamos sobre-informados. Ese exceso puede llegar a ser peligroso para una película y ya estamos viendo cómo, desde los propios estudios, tienen que realizarse campañas de desinformación organizadas para intentar desvirtuar filtraciones que amenazan con romper las sorpresas argumentales que los guionistas, con su denodado esfuerzo, han incluido en sus libretos.

Durante el pasado año, se han vivido dos situaciones muy claras que explicitan, de forma diáfana, lo que he tratado de explicar en el inicio de este artículo.  Dos de los grandes blockbusters del año, The Dark Knight Rises y Skyfall, son los protagonistas de las incidencias.

Empecemos con la épica conclusión de la saga que ha dirigido Christopher Nolan. El rodaje de The Dark Knight Rises fue absolutamente monitorizado desde su inicio en la India, durante el mes de mayo de 2011, y su finalización en las calles de Nueva York a finales de noviembre. Tras una fase de filmación importante en Inglaterra (quizá la mejor controlada a nivel de filtraciones), el equipo llegó a Pittsburgh en el mes de julio y, durante tres semanas, convirtió a la Steel City en la Gotham ocupada por los mercenarios de Bane.


Las filtraciones, interesadas o no, nos desvelaban que se estaba rodando una escena de masas en que la policía de Gotham y los mercenarios de la renacida Liga de las Sombras libraban una auténtica batalla campal ante las escaleras de un edificio gubernamental. Batman y Bane, liderando a los dos bandos, entablaban un combate cuerpo a cuerpo a plena luz del día. Existían videos de baja calidad que circulaban por internet mostrando gran parte de la secuencia desde un punto fijo. Se estaban revelando detalles importantes pero, en cualquier caso, no fue nada comparado con unas imágenes de Marion Cotillard, enfundada en un traje parecido al de los mercenarios, dirigiéndose hacia uno de los tumblers sustraídos a Bruce Wayne. La pose de la actriz era, indudablemente, de mando. Por lo que ya, en ese momento, se descubrió que los rumores que apuntaban hacia el hecho de que interpretaba a Thalia al Ghul, eran totalmente ciertos. A partir de entonces, asistimos a una campaña de negación de la verdad por parte de Warner Brothers, reafirmándose en que Cotillard interpretaba a una ejecutiva de Empresas Wayne llamada Miranda Tate. Las imágenes, según esta declaración oficial, estaban fuera de contexto y no debían tomarse como un indicio de que su personaje tuviera que ver con Thalia.

Hasta se llegó al punto de hacer que la propia actriz desmintiera nuevamente esos rumores de casting, en lo que suponía una mentira monumental que, tras el estreno del film, Cotillard reconoció que tuvo que asumir para mantener el suspense de aquellos seguidores más ingenuos. En resumen, una situación no pretendida que no perjudicó a la película pero que rompió una de las sorpresas más inquietantes de la cinta. Esa escena final entre ella, Batman y Bane, podría haber tenido más fuerza si se hubiera preservado la sorpresa.

El segundo caso reseñable ocurrió en Skyfall. Cuando en otoño de 2011 se anunció la contratación de Naomie Harris, ya hubo algunos medios digitales que advirtieron de que interpretaría a Moneypenny. ¿Hubo una filtración en Eon? ¿Fue interesada o desinteresada? Eso se puede dejar a la especulación pero lo que sabemos seguro es que Eon y Sony Pictures empezaron a desinformar, de forma urgente,  anunciando que el personaje de Harris era una agente de campo llamada Eve. Un papel “ni remotamente parecido al de la fiel secretaria de M”. Como en el caso anterior, la propia actriz tuvo que colaborar en la campaña de desvío de atención corroborando la versión oficial con las siguientes palabras: “Eve is not remotely office-bound”.



Hay que admitir que, en este segundo caso, los implicados fueron más hábiles y consiguieron que colara más la explicación, aduciendo al hecho de que determinados medios digitales se habían precipitado en sus informaciones. Pero algo quedó en las mentes de los aficionados y es evidente que la sorpresa final, en el despacho de M, podría haber sido algo más relevante de no haber salido aquella primera noticia.

En conclusión, queremos estar informados de las novedades cinéfilas y conocer muchos detalles pero debe haber un límite. Tenemos que seguir yendo al cine desconociendo elementos importantes de la trama y esta regla de oro está cada vez más en peligro por la abundancia de personas y medios que tienen la habilidad de filtrar datos que rebasan lo asumible. Las productoras y distribuidoras deben hacer una profunda reflexión sobre todo ello y, aprovechando los grandes beneficios de la sociedad en red, disponer también los recursos necesarios para que lo esencial no llegue al espectador antes de verlo en la sala. Lo ocurrido este año debería servir como toque de alerta.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Skyfall: 50 años de Bond



El MI 6 está en peligro. Un terrorista internacional conocido como Raoul Silva ha atacado su sede y ha puesto en jaque a M, ahora en el punto de mira de las autoridades británicas, en pleno debate acerca de la seguridad del país frente a este tipo de amenazas. Su única esperanza reside en James Bond, su agente de campo predilecto, quien precisamente no se encuentra en su mejor momento y se cuestiona su papel como espía y máquina de matar. Vuelven los fantasmas del pasado en una carrera contrarreloj que decidirá el futuro de 007 y de todo el MI 6.

Desde que el actor Daniel Craig heredó en 2006 el papel de James Bond, el espía británico creado por el novelista Ian Fleming, tenía ciertas dudas acerca del futuro del personaje en el panorama cinematográfico actual. El estreno de Casino Royale supuso un lavado de cara para la franquicia, pues se huía de la acción rocambolesca de las películas de Pierce Brosnan para presentarnos a un Bond primerizo, que acababa de ganarse el estatus de agente 00 y protagonizaba duras secuencias de acción. El alargado tramo final y ciertos parecidos con la saga de Jason Bourne hicieron que la película no terminara de convencerme, lo cual tampoco pasó con su secuela, Quantum of Solace, demasiado ruidosa y poco respetuosa con el personaje. Por ello, dudaba si el personaje lograría adaptarse a los cambios que el siglo XXI ha traído consigo y si volvería a las pantallas para conmemorar los cincuenta años desde que Sean Connery se metiera en su piel en Dr. No y se convirtiera en todo un icono cultural. Por suerte, Skyfall, la película número 23 de Bond, ha superado las expectativas con creces.


En Skyfall asistimos a una revisión y actualización del personaje de James Bond. Ya no se enfrenta a amenazas concretas y países enemigos, sino a terroristas sin escrúpulos que cuentan con grandes medios tecnológicos para lanzar ataques desde las sombras. En esta situación, incluso la patria de Bond es atacada, su condición de espía es cuestionada y debe volver a sus orígenes si quiere encontrar respuestas, buceando en los métodos de la vieja escuela para combatir a los nuevos. Todo esto y mucho más se desarrolla en el guión escrito por Robert Wade, Neal Purvis (presentes en la saga desde el reinicio de Casino Royale) y John Logan (Rango), quienes han conseguido profundizar en el personaje a la vez que combinan los elementos clásicos de la franquicia con sobrecogedoras escenas de acción y una elaborada trama de alto espionaje. 


El encargado de dirigir el regreso del agente al servicio de su Majestad a la gran pantalla ha sido Sam Mendes, reputado director teatral que se ha labrado una consistente carrera cinematográfica que comprende películas tan interesantes como Camino a la Perdición o Revolutionary Road. En un principio, la elección de Mendes parecía un tanto arriesgada, pero en Skyfall ha demostrado una habilidad asombrosa para combinar  el drama con la introspección de los personajes; secuencias de acción sobrias, rodadas con mucho pulso y sin efectismos; diálogos ingeniosos y hasta acertados puntos de humor. Gracias a su trabajo, las más de dos horas y media de metraje resultan muy equilibradas y no se hacen largas y mezclan una fabulosa puesta en escena (con sus correspondientes escenarios exóticos) con la emoción de los homenajes a los elementos clásicos de Bond que respetan su esencia. Si a esto le sumamos la soberbia fotografía de Roger Deakins (Valor de ley) y la trepidante banda sonora de Thomas Newman (colaborador habitual de Mendes) que recupera la mítica sintonía, no cabe duda de que estamos ante una de las películas de 2012.



En sus anteriores trabajos, Mendes ha demostrado ser un gran director de actores, y en este aspecto Skyfall no es ninguna excepción. Daniel Craig cumple con el estereotipo del Bond mujeriego, arrogante y dado a la bebida, sólo que le añade cierta vulnerabilidad que le hace más cercano. Judi Dench interpreta con maestría a una M cansada de las responsabilidades que le exige su puesto y que muestra mucha complicidad con Bond. Ben Winshaw da nueva vida al responsable de la sección Q (memorable cómo interactúa con 007 en la secuencia de Londres), mientras que Javier Bardem despliega su talento para interpretar villanos con su construcción de Silva, terrorista despiadado y excéntrico de oscuro pasado que sigue la línea del Joker de El caballero oscuro. También merecen especial atención las intervenciones de Naomie Harris y Ralph Fiennes, con dos papeles que guardan ciertas sorpresas, y por supuesto la participación del legendario Albert Finney (quien curiosamente también tuvo un rol de cierta importancia en la saga Bourne).



Además, para sorpresa de muchos Skyfall se ha convertido en uno de los grandes éxitos de taquilla de 2012, amasando una gran fortuna en el poco tiempo que lleva estrenada. Gracias a Sam Mendes y su equipo, la franquicia del espía más famoso del mundo ha sido revitalizada para enfrentarse a las amenazas del siglo XXI sin olvidar sus orígenes. Skyfall se alza como un triunfo cinematográfico, la perfecta mezcla entre acción, desarrollo de personajes, buenas interpretaciones, una trama con trasfondo y el homenaje que se merecía todo un icono cultural como es James Bond.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio

Dando un paseo por el mercado de su ciudad, Tintín descubre la maqueta de un misterioso velero conocido como El Unicornio. Tras hacerse con ella, el intrépido reportero belga y su fiel can, Milú, se ven envueltos en una espiral de intriga y aventuras vinculada a los secretos que esconde el barco y que les llevará a visitar parajes exóticos, enfrentarse al despiadado cazatesoros Sakharine, y a conocer a un aliado sin igual: El capitán Haddock.

Cuando el gran Steven Spielberg alcanzó un éxito rotundo con la mítica Indiana Jones: En busca del arca perdida, hubo quien comparó el carácter de las aventuras del arqueólogo con las narradas en los cómics de Tintín. Intrigados, el cineasta y sus productores se pusieron en contacto con el creador de este clásico personaje, Hergé, quien confió en Spielberg para trasladar a la gran pantalla el mundo y andanzas de Tintín. Mucho tiempo después, el responsable de Parque Jurásico unió fuerzas con otro genio del cine de entretenimiento, Peter Jackson, y juntos no sólo han logrado adaptar al cine con fidelidad la obra original, sino que han conseguido todo un triunfo cinematográfico.


Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio se basa en los álbumes El cangrejo de las pinzas de oro y el homónimo El secreto del Unicornio para presentarnos a los personajes y zambullirnos de lleno en el mundo que habitan. La película no da respiro a los espectadores, cuenta con un ritmo frenético y una trama que representa la aventura en estado puro, con pequeñas pistas que llevan a otras al estilo de Indiana Jones; al mismo tiempo que respeta el carácter del personaje, con guiños tanto a los cómics de Tintín como a emblemáticas películas de Spielberg (Tiburón) y Jackson (Braindead). Los responsables de una historia tan rica y cohesionda han sido tres reputados guionistas británicos: Steven Moffat (escritor de series como Dr. Who o Sherlock), Edgar Wright (director de las brillantes Shaun of the Dead y Scott Pilgrim vs. the World), y Joe Cornish (humorista amigo de Wright que acaba de debutar en la dirección con Attack the Block).


Con el propósito de conseguir un aspecto fiel a la estética de Hergé y realista al mismo tiempo, Peter Jackson y su prestigioso estudio Weta Digital (responsables de los efectos visuales de El Señor de los Anillos y Avatar) han dado un gran salto en el empleo de la técnica de captura de movimiento en animación, recurso empleado por Robert Zemeckis en películas como Polar Express y Cuento de Navidad. En el caso de Las aventuras de Tintín, la animación alcanza cotas de realismo pasmosas, con imágenes sobrecogedoras y un abrumador cuidado de los detalles más pequeños. Además, esta técnica da a Spielberg nuevas posibilidades a la hora de explorar los escenarios, con planos secuencia imposibles y escenas de acción vertiginosas.


Otro aspecto que tener en cuenta y que prácticamente es motivo de celebración es que el compositor John Williams se encarga de la banda sonora, aportando una nueva dimensión a las imágenes con sus desbordantes fanfarrias, las cuales incluyen tintes belgas para la ocasión. Aunque no sea tan sencillo reconocerlos como a las partituras del maestro Williams, célebres actores como Jamie Bell (Tintín), Andy Serkis (Haddock), Daniel "Bond" Craig (Sakharine), y el desternillante dúo cómico que forman Simon Pegg y Nick Frost (Hernández y Fernández) prestan su voz, movimientos y expresiones faciales para dar vida a los personajes. Milú es el único creado digitalmente por completo, e incluso así tiene el carisma necesario para "robar" unas cuantas escenas.


Dependiendo de su éxito en Estados Unidos, puede que en unos años El secreto del Unicornio cuente con un par de secuelas. Mientras tanto, público, crítica y aficionados al cómic se rinden ante el talento y trabajo duro de Spielberg y Jackson y quedan fascinados por el humor, el misterio y la aventura pura que pueblan cada rincón del mundo del intrépido Tintín. Sin duda, una de las películas del año.

domingo, 18 de enero de 2009

Resistencia, en la línea de sus predecesoras.


Es realmente difícil innovar en el terreno de las películas ambientadas en la Segunda Guerra Mundial, período histórico en el que se han basado auténticas obras maestras como La Lista de Schindler o Salvar al soldado Ryan y multitud más de filmes de lo más variados. Aún así, la cantidad de películas ambientadas en esta época no hace sino aumentar últimamente, con estrenos recientes como son Expiación o El niño con el pijama de rayas y otros próximos como El lector, Valkiria o los esperados Inglorious Basterds de Tarantino. A pesar de todo lo que este tipo de películas puedan tener en común, Resistencia comparte algunos de estos elementos a la vez que aporta otros nuevos.
El director Edward Zwick vuelve a la carga con una película de estilo similar a sus recomendables predecesoras Diamante de Sangre y El Último Samurái: las tres están ambientadas en períodos históricos conflictivos y nos presentan a personajes principales que luchan por la supervivencia de ellos y un grupo de personas en la guerra en cuestión. Así, en esta ocasión Zwick nos cuenta la historia de tres hermanos judíos que durante la invasión nazi organizan un grupo de resistencia en los bosques de Bielorrusia, con todas las dificultades que eso supone.
Tras contar con actores de la talla de Tom Cruise o Leonardo Dicaprio en los papeles protagonistas, ahora tenemos a Daniel Craig, Liev Schreiber y Jamie Bell (007, futuro Dientes de Sable y Billy Elliot para los amigos) como los hermanos Bielski, todos ellos muy correctos en sus papeles y hablando con acento ruso de forma más que convincente. La eficaz dirección cumple de sobra mezclando acción y drama con unos pocos toques de humor para dar lugar a algunos momentos más destacados que otros. A todo esto hay que sumarle una lograda ambientación y una buena banda sonora de James Newton Howard, como es costumbre con sus composiciones.
Frente a las numerosas películas ambientadas en esta época, en Resistencia hay que destacar, como curiosa aportación que la diferencia de las demás, la nueva sociedad que los personajes construyen a base de esfuerzo en mitad del bosque, con las adversidades a las que tienen que enfrentarse, la forma en que las superan y las relaciones y tensiones que surgen buscando la convivencia necesaria para la supervivencia del grupo.