martes, 19 de marzo de 2013

Adrenalina a 24 fps, de Aldo García

En nuestra sesión de firmas invitadas, hoy contamos con la colaboración de Aldo García, emprendedor audiovisual con quien he tenido la suerte de poder colaborar en la realización de cortometrajes y spots publicitarios. Como buen cinéfilo, Aldo se vio afectado por la pérdida del director Tony Scott el pasado 2012, así que en este tiempo ha estado repasando su filmografía y nos ha preparado un interesante artículo a modo de homenaje a este director que supo unir calidad y entretenimiento en sus películas. ¡Disfrutadlo!

“I wanna feel good with what I’ve done”
                                      Tony Scott


Tony Scott nos ha dejado. El mundo del cine se sumió en una profunda pena al conocer esta trágica e inesperada noticia. Personas como Jerry Bruckheimer, Denzel Washington, Tom Cruise, Susan Sarandon o Michael Bay lanzaron comunicados en los que compartían el pesar con la familia del célebre realizador inglés. Y si algo tenían en común las palabras de todos estos artistas, era que Tony Scott era un hombre cálido y que se hacía querer, en definitiva, era una gran persona. Así que vamos a celebrar su vida y su obra.

Nació en la localidad inglesa de Stockton-on-Tees, en 1944, un año antes del fin de la 2ª Guerra Mundial. Creció en un ambiente con gran sensibilidad artística, y poco a poco se fue interesando cada vez más en el mundo del arte. La primera incursión en el cine por la que le conocemos, es por su participación en la película Boy and Bycicle, dirigida por su hermano Ridley, que en aquél entonces tenía 23 años. Tony, máximo protagonista de la cinta, contaba con 16 años. Y cómo buena estrella de película, no sólo interpretó el personaje principal, sino que tal y cómo cuenta su hermano, era el tramoyista, encargado de atrezo y encargado de transportar la cámara entre toma y toma.

Sin embargo, Tony comenzó su carrera como estudiante de arte en la West Hartlepool College of Art con vistas a convertirse en pintor. Una faceta que jamás abandonó y que siguió poniendo en práctica en la producción de todas sus películas, aparte de en su vida privada.

Ridley conocía perfectamente la afición de su hermano por los coches, y en particular por los deportivos. Así que cuando puso en marcha Ridley Scott Associates (RSA), compañía especializada en producción de anuncios para televisión, se le ocurrió contar con su hermano, al que convenció apelando a su pasión por la velocidad: “Si vienes a trabajar conmigo, en un año podrás comprarte un Ferrari”.


Y así fue. Abandonó su prometedora carrera en el ámbito de la pintura, y entró de lleno en la realización y producción de spots televisivos. En la que se labró una gran reputación debido a su particular estilo visual, y a su variedad y velocidad a la hora de trabajar. Dirigió más de 2.000 anuncios antes de dirigir su primer gran éxito, Top Gun. Pero llegó un momento en el que quiso dar el salto a los largometrajes, y lo hizo con una pequeña película independiente de título  El Ansia (The Hunger), en la que contó con David Bowie, Susan Sarandon y Catherine Deneuve. La historia, de un vampiro moderno y con una estética experimental y quizás demasiado arriesgada para la época, hizo que la película tuviera una acogida fría entre público y crítica.

Mientras intentaba poner en pie otros proyectos de largo, volvió a realizar anuncios, hasta que dos jóvenes productores de Hollywood, Don Simpson y Jerry Bruckheimer, se fijaron en él.

Simpson y Bruckheimer vieron en El Ansia a un director interesante que tuvo el valor de arriesgarse, así que le propusieron para dirigir su mastodóntica cinta de pilotos de caza, Top Gun. “Pensamos en quién podría hacerse cargo de una superproducción que involucrara cazas de combate, y mientras barajábamos candidatos, nos fijamos en un anuncio de la marca de coches SAAB, en la que un coche echa una carrera a un 900 turbo”. Gracias a este anuncio, Scott consiguió la silla de director en la producción. Top Gun, protagonizada por la, en aquel entonces, estrella en alza Tom Cruise, no estuvo exenta de problemas durante su rodaje. Los más sonados fueron los despidos que Scott sufrió. Uno de ellos debido al miedo de algunos miembros del estudio ante lo arriesgadas y “extrañas” que veían las secuencias iniciales que Scott estaba rodando. Irónicamente, esas primeras imágenes de la cinta, con el ritual de preparación de los cazas, y rodadas con una belleza pictórica innovadora en el Hollywood de los 80, son de las más célebres e icónicas del film.


Pese a estos problemas, Top Gun, acabó su producción y resultó ser el gran hit de la Paramount en el año de su estreno, 1986. Y confirmó a su director como uno de los nombres a tener en cuenta en el panorama de finales de los 80. Colocándolo en numerosas listas de estudios para dirigir sus películas.

En los años siguientes, continuó haciendo películas con regularidad, y por todos es conocido que dio una oportunidad de oro a un joven de apellido Tarantino, al fijarse en su guión y llevarlo a la gran pantalla con el nombre de True Romance, (Amor a quemarropa). Que si bien es cierto que tiene todos los tics y lugares comunes del universo Tarantino (torturas, gángsters, mexican standoff, diálogos con referencias pop…), la película también dejó ver el personalísimo y cuidado estilo visual, artístico y narrativo de Scott. Un estilo que hace que con sólo ver una imagen o tres segundos de una de sus películas, inmediatamente se sepa a qué director pertenece.

Colaboradores suyos como Chris Pine han llamado a su cine: kinético. Y es un estupendo adjetivo para el cuerpo de trabajo del genial director inglés. Su dominio del ritmo y del equilibrio entre acción y relaciones entre los personajes, hace que sea endiabladamente difícil aburrirse en cualquiera de sus películas. Y a todo esto debemos sumarle su innovadora técnica de rodaje con la que experimentó en varios de sus filmes, siendo el más destacado en este sentido Man on Fire (El Fuego de la Venganza). Ésta es una de sus más célebres películas, en la que contó con su amigo Denzel Washington, quien nos regala una de las más intensas y matizadas interpretaciones de su carrera. En Man on Fire, Scott dio rienda suelta a su imaginario kinético y usó varios tipos de cámaras y métodos de filmación, desde el 35 mm hasta el 16 mm, pasando por la añeja técnica de la cámara manual, que mediante una manivela, hace que se obtengan en película momentos fragmentados y con una realista y descarnada apariencia de documental.  Este método sobre todo se usa para meternos en la turbia y conflictiva mente del protagonista, John Creasy.

Su último trabajo como director, Unsttopable (Imparable), es una ejemplar y ágil película de acción. En la que demostró que sólo con una premisa simple, unos personajes realistas y creíbles, y su adrenalítico ritmo, se puede hacer entretenimiento del grande, sin recurrir a ningún croma o CGI, o sin apoyarse sobre una saga asentada. Se puede decir que durante toda su carrera fue fiel a su modo de ver el mundo y a su manera de narrar historias, y eso, como cineasta, ya es sinónimo de dedicación y fortaleza.


La vida de Tony Scott estuvo marcada por la pasión y la admiración. Fue un apasionado de la vida, de su familia, de los coches, de la escalada, y de su trabajo. Y sus compañeros y amigos no le demostraron otra cosa sino una profunda admiración y amor. Un amor ganado por el tesón con el que se entregaba a la realización de sus películas, rodeándose de un mismo equipo con el que colaboró durante más de 20 años, y al que él llamaba “familia”. Siempre acompañado de su gastada gorra roja (su good luck charm) y de su chaleco de explorador como prenda multiusos e imprescindible en sus rodajes. Nos llevó a más de 1.000 metros de altura en cazas de combate, nos montó en un explosivo tren bala, nos destapó la vida y la fragilidad de los espías, nos agitó al borde de un conflicto nuclear en lo profundo del océano, y sobre todo, nos enseñó a que luchar por lo que quieres, ser fiel a tu estilo, y amar tu trabajo, son cosas por las que merece la pena luchar.

Te echamos de menos, Tony.

5 comentarios:

León dijo...

Gran texto sobre un director irregular pero con grandes películas en su haber.

Néstor Company dijo...

Fenomenal artículo! Felicidades al autor!

Mike Lee dijo...

Aunque el estilo de Tony Scott no sea siempre de mis favoritos ni siempre de mi agrado, creo que sí que hay que reconocerle su capacidad para reunir en sus proyectos acción trepidante y respeto hacia los espectadores en películas que siempre resultaban entretenidas, lo cual escasea bastante en las superproducciones actuales.

¡Gracias a los dos por comentar! ¡Saludos!

Meg dijo...

Esta es creo la colaboración que más me ha gustado. Merecido recuerdo. Un besote!

Aldo dijo...

¡Muchas gracias, León, Néstor, y Meg! Aprecio mucho vuestras palabras. Os animo a que veáis este video homenaje a Tony Scott. Es espectacular y muy emotivo. https://www.youtube.com/watch?v=0saeENd_8VQ&feature=youtube_gdata_player
¡Y pasaros por mi blog cuando queráis!

Un saludo

Aldo