martes, 24 de marzo de 2009

Gran Torino: Inconmensurable Clint


Clint Eastwood, todo un mito y leyenda viviente del cine, se ha superado de nuevo. Tras sorprendernos a finales del año pasado con la cuidada El Intercambio, nos trae en tiempo récord Gran Torino, que mantiene el nivel de calidad de sus anteriores trabajos y sin duda alguna no dejará indiferente a nadie.

La película nos sumerge en la vida de Walt Kowalski, último y anciano americano que vive en un barrio marginal habitado por inmigrantes, con los cuales deberá aprender a convivir para descubrir todo aquello que tienen en común. Una vez más, Eastwood demuestra su maestría a la hora de contar historias, centrando la atención donde es necesario, mezclando los profundos dramas que viven los personajes con reflexiones sobre la vejez o la soledad y con momentos verdaderamente desternillantes al mismo tiempo que mantiene los temas constantes de sus últimas obras como son la familia, la religión, la guerra, la violencia y la muerte. Mención aparte merece el original guión de Nick Schenk, repleto de frases contundentes y momentos memorables.

En cuanto al reparto, está compuesto por actores en su mayoría desconocidos que interpretan sus papeles de forma correcta, si bien todos quedan empequeñecidos por la inconmensurable interpretación de Eastwood, quien, en su última aparición al frente de la cámara, rinde un sentido homenaje a todos aquellos personajes que le han hecho famoso, de modo que este especial Walt Kowalski reúne rasgos de todos y cada uno de ellos: fuma y masca con el mismo estilo que cierto pistolero sin nombre, lanza frías miradas, blande su arma y le invade un racismo absoluto como al duro Harry Callahan, ayuda a una comunidad acosada cual pálido predicador, dice tantos tacos y rememora antiguas batallas como un conocido Sargento de Hierro e incluso conoce qué se siente al quitar una vida y se arrepiente de ello al igual que el atormentado William Muny. En definitiva, todo un complejo personaje lleno de detalles y preocupaciones que constituye el pilar fundamental sobre el que descansa el peso de la película.



Si a todo lo mencionado anteriormente le añadimos una adecuada banda sonora por parte de Kyle Eastwood, el hijo de Clint y colaborador habitual en estas tareas, y una asombrosa canción final que comparte nombre con el coche que da título a esta historia, obtenemos una gran película en todos los sentidos, que ha sabido conectar tanto con el público como con la crítica y mantenerse en un indiscutible primer puesto en taquilla durante un buen número de semanas. Pero aquí no acaban las buenas noticias, ya que Eastwood tiene cuerda para rato y prepara para finales de año The Human Factor, película sobre el mundial de rugby celebrado en Sudáfrica que cuenta con Matt Damon y Morgan Freeman, quien interpretará a Nelson Mandela.

Por último, citar el guiño final en el que, al igual que sucedía en El Intercambio, la cámara se queda fija mientras los personajes se pierden en la distancia para seguir con sus vidas, indicándonos que sus propias historias no han hecho más que comenzar.

1 comentario:

Oneyros dijo...

Pues es un peliculon, yo creo que lo mejor que ha hecho Clint desde Sin Perdon y si me apuras podria ser mejor pero es dificil.
Bueno excelente en todos los aspectos